Resulta devastador pensar en “Furia de Titanes” como el colofón de una idea mucho más que inquietante que pone sobre la mesa la alarmante falta de tradición de la cultura americana. Cierto es que muchas de las aproximaciones europeistas a la mitología griega se han considerado tradicionalmente aberrantes (por poner un ejemplo: de “aberración” precisamente se tildó al “Troilo y Crésida” de Shakespeare, que se basaba en una ampliación medieval del mito griego), pero mucho más cierto que eso es que en la Europa clásica siempre ha existido una reverencia absoluta hacia la cultura greco-romana que cultivaba las mentes intelectuales generación tras generación. Entonces, ¿a qué conclusión nos hace llegar “Furia de Titanes“, una película a la que no le importa pasarse por el forro cualquier tipo de respeto por la tradición a la hora de fagocitar el mito de Perseo y vomitarlo en forma de remake inconfeso de “300” meets “Hercules” (la versión de Disney, sí)? Nos obliga a claudicar ante la certeza de que la tendencia es esta: la falta de tradición (y no nos engañemos, esto ya no es algo que sólo afecte a los yankis: los niños cada vez crecen más al amparo de la mitología del “hazte con todos” de “Pokemon” y menos bajo la luz de los clásicos tradicionalmente considerados “cultos”) provoca monstruos aberrantes y deformes a los que es imposible mirar de frente. Sólo son posibles, en este caso, dos miradas: la irónica o la erótica.

En la primera visión, la irónica, pasaremos por alto las burradas cometidas contra el mito original de Perseo (del que queda bien poco: la presencia de Medusa y Andrómeda, aunque todo esté cambiado y puesto al servicio de una trama simplista y palomitera a más no poder) para troncharnos a gusto cada vez que los clichés hollywoodienses se filtran en un mundo que parecía impermeable a esta industria: la inclusión de unos seres de madera (que se hacen llamar Djinn, como en “Prince of Persia“, el videojuego… y esto nos dice del film mucho más de lo que podríamos intuir a primer vistazo), las frases chulescas (“let’s cut this bitch’s head” refiriéndose a Medusa), las escenas de acción patilleras (si los escoropiones gigantes eran un homenaje a Harryhausen, que venga Dios y lo vea), las proclamas heróicas… O te obligas a reir con todo ello, o ya puedes abandonar la sala a los 10 minutos de metraje. Por otra parte, de la segunda mirada, la erótica, poco se puede añadir: está claro que uno de los incentivos de la cinta es el festín de muslamen proporcionado por el casting masculino (especial mención para la falda voladora de Sam Worhtington). Aun así, dudo mucho que esto justifique el precio de una entrada. Ni en el día del espectador.

Y es que la película lo tiene todo para convertirse en un monumental vórtice que absorve los peores vicios del cine palomitero de última generación: el argumento brilla por su ausencia (y, la verdad, para fabular toda una chabacana trama en torno a la lucha de los hombres contra los Dioses, casi que mejor se podrían haber quedado con el mito original de Perseo, que bastante chicha tiene); las escenas de acción están rodadas con la cámara en tanto movimiento que a veces es imposible discernir qué está ocurriendo en la pantalla; el diseño de producción es impecable pero queda deslucido por la ausencia total de cualquier atisbo de autoría (o, como mínimo, de artesanía) en la planificacíon del realizador (Louis Leterrier); las actuaciones brillan por su ausencia, tiene su obligada cuota de personajes infográficos (los mencionados Djinn que, evidentemente, nunca existieron ni por asomo en la mitología original) y, sobre todo, está pensada como si de un videojuego se tratara tanto visual como narrativamente (la lucha de Perseo contra el Kraken (¡el Kraken! ¿¡De dónde sale!?) es una cuenta atrás que culmina en un espectacular (juas) eclipse)… Es por esto por lo que la mención de “Prince of Persia” no resultaba casual: “Furia de Titanes” es sólo el síntoma final de un tipo de cine que se hace pensando en la PS3. Y, sinceramente, tengo más ganas de jugar al videojuego que de volver a ver la película.

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