¿Creías que las antiutopías clásicas se reducían al triunvirato formado por “1984“, “Fahrenheit 451” y “Un Mundo Perfecto“? Ni hablar. De forma oculta (o menos), muchas son las narraciones que han sobrevivido al paso del tiempo y se han ido revelando como imprescindibles a la hora de ponderar la visión de futuro menos optimista surgida en las décadas centrales del siglo XX. Un ejemplo clarísimo sería “Kallokaína“, de Karin Boye: una novela en la que la invención de un suero de la verdad (la kallokaína del título) acaba provocando unos efectos devastadores e irrevocables en el seno de una sociedad constituida como estado policial sin derecho a la intimidad personal. La edición que acaban de publicar los chicos de Gallo Nero no sólo recupera esta novela perdida, sino que también sirve para reivindicar a una autora imprescindible de las letras suecas: esta Karin Boye que se labró una voz inconfundible en la escena de poesía sueca de los años 30 para, además, compaginar su labor literaria con un movimiento pacifista que le conduciría al suicidio el 23 de abril de 1941, día en el que los nazis invadieron Grecia. Si echas de menos aquellos escalofríos que te recorrían el cuerpo con los libros mencionados al principio de este post, ya lo sabes: “Kallokaína” va a ser tu libro de las próximas semanas.

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