A comienzos de los 80 se constituyó un invisible eje del bien en cuyo seno se gestó lo que luego se dio en denominar indie-pop. Sus miembros eran tres discográficas que igualmente se podrían considerar como parte de un gigantesco y magnético Triángulo de las Bermudas que abarcaba de cabo a rabo todo el planeta atrayendo hacia su núcleo a cientos de miles de almas perdidas: la norteamericana K Records, la escocesa Postcard y la neozelandesa Flying Nun. Más tarde llegaría Sarah Records para dar el impulso final a aquel pop amateur primigenio, basado en el DIY, que todavía gateaba en pañales. Pero en el caso que nos ocupa, el de los norirlandeses Girls Names, debemos alejarnos unos cuantos pasos (aunque suene a sacrilegio) de la sagrada historia del sello de Bristol y centrarnos en dicho tridente. Porque el sonido de este trío de Belfast (Cathal Cully, voz y guitarra; Claire Miskimmin, bajo y coros; y Neil Brogan, batería) se acerca más bien -con sigilo y gran acierto- a los tiempos en los que el post-punk no sólo consistía en escupir ritmos secos a base de bajos rotundos y percusiones sincopadas, sino que también se desplegaba majestuoso sobre acordes de guitarras jangle cristalinos y penetrantes como la mirada de Amanda Seyfried.

Ese estilo, entre afligido y melancólico, unas veces estridente y espídico y otras más reposado y reflexivo, era la principal seña de identidad de la Santísima Trinidad antes citada en su época de mayor esplendor. Y es en ese terreno donde se manejan con soltura y valentía Girls Names, resguardados, curiosamente, por el paraguas de una casa que está poniendo toda la carne en el asador (junto a Captured Tracks) a la hora de recuperar y dar lustre al legado del pop alternativo / underground ochentero: Slumberland, hogar de, no lo olvidemos, The Pains Of Being Pure At Heart. Sin embargo, la fácil comparación entre Girls Names y los neoyorquinos cae automáticamente en saco roto: a pesar de que ambos grupos comparten evidentes conexiones e influencias, los de Belfast se distancian a través de anchos caminos hacia espacios en los que el post-punk recubierto de brillantina colisiona con el pop diáfano (y por momentos, surfero) de los 60, la suciedad del lo-fi de los 90 y la corrosión del garage más reciente. O lo que es lo mismo: en su debut en largo, “Dead To Me” (Slumberland / Tough Love, 2011), podemos encontrar un breviario de los sonidos más frescos que están acaparando buena parte de la atención mediática en lo que llevamos de año (desde Tennis hasta Cloud Nothings pasando por La Sera).

Algunas pistas de ello ya se vislumbraban en el single que el trío presentó en los estertores del 2010 y que, como no podía ser de otro modo, se incluye en este álbum: “I Lose”, fantástico himno pop de nervio garagero y tez grasienta que transcurre entre ecos spectorianos y un soleado fuzz guitarrero ascendente mientras Cathal Cully canta a todos aquellos perdedores que consiguieron resurgir de sus cenizas. Esta se podría tomar como la gran baza de “Dead To Me”, pero el LP esconde otras cartas ganadoras en la manga. Siempre bajo un prisma de cierta postura derrotista (hecho que se materializa en los sinuosos claroscuros de sus melodías y en el halo que desprenden sus letras), aparecen cortes que retoman con enjundia la fundamental etiqueta C81 (precursora de la más difundida C86) como “Lawrence”, “I Could Die” y “When You Cry”, estas dos últimas con unos arpegios acelerados que miran de reojo a The Wedding Present. Por el contrario, cuando Girls Names profundizan todavía más en su discurso melodramático recurren a una especie de dark-pop que, sin abandonar su falsa luminosidad, transmite a partes iguales rabia y pesar: primero se intuye en “No More Words” y luego se materializa en la fotocopia en color de Joy Division que es “Nothing More To Say”. Con todo, si del algo peca el breve repertorio (poco menos de intensos treinta minutos) de “Dead To Me” es de una leve homogeneidad en cuanto a tempo y sonido, que vuelven una y otra vez sobre los pasos del garage playero (linealidad rota por “Kiss Goodbye” -añade un puntito de azúcar al aspecto retro del LP- y “Séance On A Wet Afternoon” -entronca directamente con la tradición noise imperante en la actualidad-) y que provoca que, a su vez, surja la recurrente pregunta sobre cómo unos chavales de la grisácea y lluviosa Belfast son capaces de transportar al oyente a cualquier punto de la costa californiana con fina puntería.

Sin interpretarlo como un elemento despectivo, no hay duda de que el flamante estreno de Girls Names se encuadra perfectamente en la nueva ola guitarrera revivalista, aunque lo hace de una manera muy peculiar puesto que su árbol genealógico proviene de una familia cuya herencia dejó para la posteridad la certeza de que en los primeros años 80 hasta el loser de la clase tenía un lugar reservado en el mundo. Y “Dead To Me” nos sigue recordando, entre saludables pildorazos de electrificado pop urgente, que siempre hay que mantener la cabeza erguida ante la adversidad, mientras vemos que alguien más avispado que nosotros nos toma la delantera o que unos inocentes y bellos ojos castaños no paran de comernos la moral día tras día y noche tras noche.

Girls Names – I Lose by Slumberland Records

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