Una discusión muy habitual en mesas camilla y reuniones de té con pastas es la que versa a favor o en contra de las imitaciones: pagar mil euros por un Alexa auténtico sí, pagar setenta por un Chanel importado de China igualico igualico, que si no te lo dicen no te enteras, no. He aquí la cuestión. Las defensoras y defensores de la copia alegan, cómo no, economía e incomprensión por el hecho de pagar un pastizal por un trozo de piel de cocodrilo que al fabricante le sale por cinco duros (eso es lo que dicen, aunque la realidad es otra) y que no vale lo que cuesta. Los defensores de lo auténtico proclaman que un ítem de marca no es solo el ítem en sí, es algo que proporciona estatus (que también lo define), que tiene un valor en sí mismo más allá del vulgar dinero y que sí, diferencia a la gente que puede permitírselo de la que no. Factores que a una señora que compra en el mercadillo de Tiana nunca le harás entender, ni a una camarera que cobra setecientos euros (por más que no le importe dejarse cincuenta en una manicura horrible). Dos posiciones antagónicas que hoy, en un momento inédito en la historia de la frivolidad, podrían coincidir. Y todo gracias a una pequeña marca de complementos sita en Los Ángeles que en pocos meses ha llamado la atención de los medios y que con su última novedad han conseguido nada menos, que poner un bolso de su catálogo en la lista de it-bags de esta temporada.

Se trata del Together Bag de Thursday Friday, un tote que desafía todas las leyes de la mercadotecnia y del lujo. Se inspira en el muy deseado Birkin de Hermès, pero siendo como es Thursday Friday una marca low cost y muy a pie de calle, lo reinventa de una forma que todavía no hemos podido definir si es irónica o simplemente divertida. De ambas formas, el triunfo es total. Sus creadores, Roni Brunn y Olena Sholomytska, buscaban un bolso que pudiera utilizarse en cualquier momento (práctico) del día, incluido para ir al súper, pero sin perder ni un poco de dignidad o clase callejera. No se les ocurrió mejor manera que adaptar el sufrido tote (qué sería de nuestras vidas sin él) aplicándole un diseño impensable, jugando con la figura del mítico bolso de Hermès y convirtiendo una pieza de lujo en un símbolo de todo lo contrario. De entrada, uno puede pensar: “genial, seguro que es la típica chorrada hortera como los chalecos dibujados encima de las camisas”. Pero no, con la tontería, el bolsito de marras ya cuenta con una lista de espera como el original que lo inspira: por 35 dolares te lo llevas a casa pero tienes que esperar tres mesecitos de nada.

En la marca están alucinando. Obviamente, cuando una firma hace un movimiento así, nunca espera que el divertimento pase de lo anecdótico, pero lo cierto es que el Together se ha convertido en una auténtica pieza deseada por blogueros, sartorialistas y frikis de lo último: por su sencillez y por su atrevimiento, poniendo a pie de calle y al alcance de cualquiera (que tenga cierta paciencia) uno de los símbolos más inquebrantables del lujo pero en versión pop. Andy Warhol estaría orgulloso.

[Estela Cebrián]

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