Tres definiciones académicas de la palabra amor: 1) sentimiento intenso del ser humano que, partiendo de su propia insuficiencia, necesita y busca el encuentro y conexión con otro ser; 2) sentimiento hacia otra persona que naturalmente nos atrae y que, procurando reciprocidad en el deseo de unión, nos completa, alegra y da energía para convivir, comunicarnos y crear; 3) sentimiento de afecto, inclinación y entrega a alguien o algo. Efectivamente, tres sentimientos que se pueden resumir en uno solo y a los que se pueden añadir cientos de matices diferentes, desde el más sexual hasta el más materialista. Señoras y señores, ¿con cuál se quedan ustedes? ¿En cuál encajan su propia visión del amor? Y lo más importante, ¿cuál de ellos disfrutan o disfrutaron (o sufren o sufrieron) con mayor intensidad? Porque es fácil divagar sobre qué es el amor, sus causas y sus consecuencias. Pero, amigos, si no se vive en carne propia no hay manera de entenderlo totalmente: aquí sí que la teoría sirve de bien poco. Sin embargo, esta cuestión es tan inmensa e inabarcable, que para relacionarla con el tratado emocional que es “Crazy For You” (Mexican Summer / Nuevos Medios, 2010), el debut de Bethany Cosentino y sus Best Coast, hay que centrarse en el momento único e irrepetible que supone la irrupción del amor en la vida (y la probable pérdida posterior, va incluido en el paquete). Llámenme ñoño o empalagoso, pero nadie negará lo que digo, aunque se haga el esfuerzo de llevarlo en silencio… o en la intimidad de la habitación escuchando las canciones que nos recuerdan una vez tras otra lo mucho que nos gusta una persona o por qué nos hizo lo que hizo para después desaparecer de nuestra vida. A falta de agallas para realizar una confesión abierta, lo recomendable es seguir la estela de Bethany: a base de canciones, modo ideal de expresar aquello que se debería explicar frente al otro sujeto, pero que por diversas razones no se logra. Y no importa que esas mismas canciones no nos pertenezcan, porque nos identificamos de tal manera con lo que nos cuentan que su sinceridad y universalidad provocarán que las tomemos como propias. Eso es lo que sucede con “Crazy For You”, fiel retrato de la montaña rusa amorosa de Bethany, de fácil traslación al resto de los mortales.

¡Cómo nos cuesta a los seres humanos (o lo hacemos tarde y mal) demostrar lo que sentimos hacia la persona que tenemos al lado o que queremos que esté cerca! Sería toda una experiencia didáctica repasar las meteduras de pata cometidas a lo largo de la vida para ser consciente de las depresiones sentimentales provocadas o de deseos que nunca se hicieron realidad y pudieron serlo perfectamente. Una pena que a Bethany no se le ocurriera sacarse de la chistera este disco tiempo atrás… Centrándonos en ella (que es de quien hay que hablar), lo de esta chica y las relaciones es digno de estudio: enamoramientos, deseos, obsesiones, dudas e idas y venidas. Este álbum viene a ser una especie de rescate de su diario de adolescencia, lo que no impide que mantenga su vigencia hasta este mismo instante aunque ella tenga ya 23 años o cualquiera de nosotros más edad. Nos incluyo a todos nosotros porque, a pesar de que es ella la que le canta a él, el mensaje se podría ajustar a todas nuestras experiencias amorosas vividas y por vivir, ya sean como en su caso, de él a ella, de él a él, o de ella a ella: sólo hay que ir cambiando los pronombres en función de cada historia particular. Una de ellas podría empezar, siguiendo las pautas de “Crazy For You”, por el principio básico, aquel que parece que tiene que prolongarse en el tiempo para que adquiera sentido pero que al final, como todas las cosas importantes, se materializan en un segundo: el arrebato pasional, el chispazo definitivo, el big-bang… El fuego que alumbra la grandiosa “Boyfriend”, en la que Bethany arranca su corazón de cuajo para enseñarnos por qué (y por quién) no es capaz de contener sus descontroladas palpitaciones: por aquel que es su amigo y, por ello, él nunca atravesará esa frontera. Ni le hará caso en ese sentido (“When The Sun Don’t Shine”), a pesar de los esfuerzos titánicos y las promesas de ella de amor constante y eterno (“Each & Everyday”). Con todo, siempre existe un resquicio para enderezar la situación, aunque la inercia humana se empeñe en complicar las cosas de la forma más absurda (“The End”). La vida sería mucho más fácil si nos lo propusiésemos, así no habría que esperar a situaciones determinadas, como por ejemplo durante el verano, en el que ciertas fuerzas mágicas nos proporcionan la sensación liberadora de que una quimera puede dejar de serlo (“Summer Mood”). Precisamente, los efluvios estivales le sientan como anillo al dedo a las composiciones de Bethany, deudoras del surf rock garagero, del indie-pop femenino noventero y del lo-fi playero grabado en cinta de cassette.

Y en esto que nuestra pobre protagonista atisba una leve luz de esperanza, cuando por fin tiene a su chico en casa y sucede lo (in)esperado. Una, dos, tres… varias veces. Hasta que deben decidir qué demonios hay entre ellos (“Our Deal”). Ella lo tiene claro, era lo que tanto anhelaba, día y noche (“Honey”), y lo demuestra abiertamente (“Happy” y “When I’m With You”, cuyo videoclip merece especial atención), aunque no tanto delante de él, porque ya se sabe que la forma de ver una relación no tiene porque ser igual entre sus dos miembros. De ahí nacen la frustración (te quiero pero te odio) y la desesperación, a veces, inevitables (“Crazy For You”). Otra de las influencias de Bethany se deriva de los girl groups de los 60 y parte de su discurso, que avisaba de que en el amor no hace falta correr, para bien o… para mal: basta con que el día a día transcurra para comprobar cómo la breve ausencia del otro va matando suavemente sin motivo, cuando todavía no existen razones para pensar que esa persona se irá y se acabará todo (“Goodbye”, “I Want To”, “Bratty B”). Claro que no se terminará, porque justamente es el comienzo.

Crazy For You” reúne todos los elementos de ese punto de partida que no es más que un papel en blanco sobre el que plasmar todas las emociones que darán forma a algo supremo: el amor. Por eso, de sus tres acepciones primordiales, me quedo con la segunda: porque ya lo creía antes y más ahora tras descubrir (y conquistarme) un disco como este. Yo ya adapté “Crazy For You” a mi manera, para poder gritar a los cuatro vientos: “I wish she was my girlfriend”. Y no me refiero a Bethany Cosentino

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