El rótulo de hype está mal encaminado. No debería denominarse, según servidor, hype a un grupo que edita un primer disco brillante. Sí, sigue siendo promesa, pero ha sacado a relucir su lado más natural, primigenio, impulsivo y por el que, probablemente, se lo recuerde por los siglos de los siglos. Hype debería llamarse a esa burbuja que acaba convirtiéndose en fiasco con un segundo disco que apesta o, como mínimo, decepciona (algo que ha pasado mucho en el Reino Unido la pasada década, excepto contadas excepciones). Cults, le guste a quien le guste, es una de las bandas que, al menos durante este 2011, mejor ha deslumbrado (o alumbrado) al personal con una colección de canciones sencillas, retro, poperas, melódicas, accesibles y que crean lazos de conexión entre el neo-soul revival, el twee-pop, el rock nasal y el lo-fi bien producido.

Chico y chica vuelven a enseñar palmito. Sí, como hicieran Best Coast, Tennis, The Ting Tings o The Dø pero con algunas particularidades que los hace, si cabe, más especiales. Provenientes de Nueva York y encabezados por los jóvenes Brian Oblivion y Madeline Follin (él, una especie de versión indie-hortera de Russell Brand; ella, una suerte de crecimiento de la niña de “The Ring” pero en versión gritona), Cults encaraman una movida que parecía caduca y rechazada por el territorio indie, colocándose, a la vez, a los pies de la radiofórmula, de la nueva-vieja hornada de indie de corte british y de la renovación del pop bailable cortado por un patrón neo-soul, lo-fi y hasta de shoegaze épico. No es que inventen nada: sus canciones no pasan de los tres minutos cortos, sus estructuras se repiten hasta el hartazgo, juegan mucho con los ritmos que simulan una armazón tecnológica pero desde el corazón de la analogía y los arreglos de guitarra son más bien precarios. La solución salina que aplican al material es, básicamente, el de las melodías cañón, el anacronismo de su concepción sonora, la urgencia y esos toques tan cachondos de niñez y madurez retroactiva. Y funciona, oye. Y de qué manera.

Sí, Follin recuerda tanto a Katie White (vocalista de The Ting Tings) y a Maja Ivarsson (vocalista de The Sounds) como a Debbie Harry (líder de Blondie), a la Duffy más aniñada o, atención, la novísima de Justin Bieber, Selena Gómez. Pero… ¿y qué? “Cults” (Sony, 2011) es un pepinazo en toda regla que se sostiene por sí solo gracias a algo que últimamente se nos había olvidado: la colección de perfectas y variopintas canciones pop. Tanto “Abducted” y “Go Outside” como “Oh My God” entran al instante por el oído y allí se quedan, felices de formar parte de los nuevos hits indies del año. Los bajos graves, las bases más centradas en el teclado que en las guitarras, esa voz aguda y esos mariconeos de pop tan desgarrado como superfluo engañan tanto que convencen. Sus cameos con el glockenspiel (la mencionada “Go Outside” o “Never Saw the Point“, que amenaza con convertirse una alternativa evolucionada de aquella “Tony the Tiger“, de The Sounds), su aparente nueva versión del muro de sonido spectoriano centrado en las teclas y su engañosa actitud revival en canciones como “Bumper” (a dos voces y con ese eco vocal tan particular y cíclico), “Most Wanted” (parece robada de alguna sesión perdida de la Motown, a la vez que se acerca a la sunny generation californiana) o la enorme “You Know What I Mean” (de haberla compuesto Tennis, la habrían elegido como single) descolocan al personal a la hora de reubicar el sonido de Cults. Incluso esos acercamientos a un sonido de lo-fi casi paródico (por el buen sonido en sí) en canciones como “Bad Things” (ese bajo del principio es muy digno de los Jackson 5 hasta que, claro, esa voz de niña cachonda rompe con el monocorde sonido y entra en un bucle de “run aways” adictivos) o la mencionada “Most Wanted” se entiende como una curiosa seña de identidad en un trabajo que rinde tributo, en general, a todo el revival actual de los 70 y los 90 pero en un envase casi mainstream de la elevación del pop independiente a la categoría de papelera de reciclaje de cómo afrontar, de ahora en más, la canción de pop urgente. ¿Hype? Pura realidad, al menos hoy, a pesar de que su actual estado excesivamente verde en directo no respete el repertorio (o al menos eso demostraron con su reciente actuación en el Primavera Sound). Tiempo al tiempo.

[Alan Queipo]


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