Tres años es un lapso de tiempo suficiente para casi cualquier cosa. En tres años puedes haber cambiado de pareja, de signo político, de peluquero; puedes haber tenido críos, y también puede que no y entonces te hayas reído de esos padres modernos que abarrotan las mesas de los bares hipsters en Sant Antoni durante las tardes de otoño. Sí, en ese tiempo puedes haber desarrollado algún tipo de alergia, y cosas peores. Puedes haber olvidado a aquella chica, aquella noche, aquel terrible quebradero de cabeza. Pero tres años no bastan para haber olvidado “Veckatimest” (Warp, 2009). El álbum que encumbró a Grizzly Bear al pináculo de lo que llaman (disculpen el tópico anacrónico) la música de nuestro tiempo es una de esas obras que transcienden lo epidérmico, que echa amarras lentamente pero sin desfallecer en el oyente y lo acompaña gozoso durante un rato largo.

Un rato largo como puedan ser, así es, tres años. Sin embargo, aquí y ahora es el momento de mirar cara a cara al ahora y aquí. Toca pues desprecintar “Shields” (Warp / PIAS Spain, 2012). En esta obra, el cuarteto de Brooklyn suena algo más crudo, más orgánico, y quizás no entregan un tema tan redondo, tan notoriamente mágico -y lo lamentamos- como era “Two Weeks”. Supongo que, en realidad, tampoco lo han buscado. “Shields” parece mostrar en esencia la intención de abrirse camino por si solo, sin zambullirse en los juegos vocales más barrocos que adornaban puntualmente “Veckatimest”, pero sin perder la complejidad en sus composiciones. Así, abren con “Sleeping Ute”, que arranca con formidables ramalazos rockeros pero guarda su mejor momento en esa coda rebosante de lírica (“and those countless empty days made me dizzy when I woke…”; llama la atención cómo recuerda a Antony). “Speak in Rounds” suena primitiva y memorable dentro de su aparente encorsetamiento, y “Yet Again”, tras el interludio instrumental “Adelma” (que, de hecho, sirve de perfecta introducción), satisface los anhelos de reencontrarse con esas armonías vocales perfectamente empastadas; una pieza melódicamente infranqueable y rotunda, que acaso retrotrae a los Arcade Fire más íntimos o a unos Fleet Foxes hiperproteicos e hipervitaminados. Sin mucha duda, se trata de una de las piezas claves de este disco. La oscura y casi claustrofóbica “The Hunt” cierra la primera mitad del disco. Ahora, respira.

A Simple Answer”, la canción que abre la cara B, nace como un tema aparentemente sencillo y hasta por momentos catchy, que en principio recuerda por igual a M. Ward y, porqué no, a George Harrison, y adquiere progresivamente un tono melancólico (“let’s face that all you trust is a simple phrase”), casi como un extraño mantra que va redecorando finalmente todo el tema. “What’s Wrong” y la intensa “Half Gate” sí parecen querer seguir un hilo de continuidad con el reverso más oscuro de “Veckatimest” (algo hay de “Ready, Able” en “What’s Wrong”, por ejemplo). “Gun-shy” es otro de los momentos que realmente destaca por encima de la media en “Shields” (y cuán difícil parece esto en un disco al que pocos se atreverán a ponerle peros): el esqueleto de la canción queda vertebrado en un desarrollo vocal donde el recitado principal de Ed Droste es apuntalado por los versos a modo de eco de Daniel Rossen, todo frugalmente acompañado por una base rítmica casi groovy, un tímido sintetizador y los discretos arpegios del segundo. Y, justo al final, amigos míos, Grizzly Bear nos ofrecen una de las mejores canciones de este año: “Sun in Your Eyes”. Aquí sí, rienda suelta al folk barroco y a la psicodelia multicapa, a la conciliación milimétrica de lírica y épica, pastoral y catarsis. Nada sobra y poco falta en esta pieza de más de siete minutos que encuentra el silencio sólo cuando se pronuncia un verso curiosamente revelador: “So bright, so long, I’m never coming back”.

Ramón Trecet solía decir algo muy cursi y muy inteligente: buscar la belleza es la única protesta que merece la pena en este asqueroso mundo. Pues la belleza bien podría ser esto. Pero tú escucha atentamente: ni un millón de infartos podrían pararte el corazón.

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