¡Quién lo hubiera dicho! Aquel trío de jóvenes destartaladas, ajenas a la técnica, centradas simplemente en la intuición, deudoras de toda la ola shoegazer, noise y de los sonidos sucios más impuros se transformaron, en apenas tres años, en uno de los semilleros de promesas pop más interesantes del underground global. Hablo, claro, de Vivian Girls, grupo del que han salido proyectos como Frankie Rose & the Outs, músicos en acompañamiento de Best Coast y, como novedad (aunque ya no tanto), La Sera, el proyecto paralelo de Katy Goodman: batería y una de esas desafiladas voces que ahora se desgañitan a todo trapo en Vivian Girls como lo hacía antes en All Saints Day.

Kickball Katy (como se la conoce) se compra una guitarra, aprende un par de acordes y, en el descanso de la planetaria gira de su banda matriz, se dedica a componer canciones para un proyecto paralelo y personal. Dichas canciones se las muestra a Brady Hall, realizador audiovisual que ya había currado con las Vivian en algunos videoclips. Hall lo ve claro e invita a Katy a su casa en Seattle para, como mínimo, grabar estas canciones. Goodman, tan vergonzosa y patosa ella, se dedica a mirar cómo el bueno de Brady graba todos los instrumentos para, luego, ella sumarle la voz, el espíritu y las armonías angelinas que rodean el alma tanto de los singles de presentación, “Never Come Around” (Hardly Art, 2010) y “Devil Hearts Grow Gold” (Hardly Art, 2011), como de este álbum debut de título homónimo, “La Sera” (Hardly Art, 2011), que sale apenas un mes antes de que el “Share the Joy” (Polyvinyl, 2011) de su banda “original” vea la luz. El resultado es un reencuentro del pop lo-fi actual con la herencia del pop clásico de hace cincuenta o sesenta años: un cruce hipotético entre Camera Obscura, Pixies, The Drifters y Sam Cooke. Una batidora sensible de canciones breves, instantáneas y nostálgicas que procuran quitarse de antemano esa etiqueta de proto-punk feroz que acuñan Vivian Girls y combinados similares y que construye un puente entre el revival de Tennis, la suciedad espacial y el dream pop más inofensivamente virulento.

Allí se dan cita la melancolía más modélica que juega a simular una maquinaria de jangle pop espacial (“Beating Heart”), los hits instantáneos intemporales (“Never Come Around” o “Devil Hearts Grow Gold“, que parece un tributo o un plagio bien maquillado del “Where is My Mind?” de Pixies), el puñetazo híper armónico, plagado de capas y velozmente maniqueo (“Sleeptalking“), el lamento acústico (“You’re Going to Cry o “Left this World“), el soslayo heredado de la profundidad de la América más clásica e incorrecta (“Under the Trees“) o la furia pseudo-garagera que amenaza con simular a la PJ Harvey más macarra con el riot grrrl de Bikini Kill o Sleater-Keaney en cortes como “Been Here Before” o el automatismo críptico, cincuentón e híper-breve (apenas pasa del minuto) de “Lip It Off” (un homenaje a la vertiente más clásica del doo-wop y el pop de variedades). Una bonita forma de enmascarar con métodos inocentes, caritas de ángel y letras de eternos lamentos vitales y sentimentales un proyecto pseudo-improvisado que, de proponérselo, puede tener mucho futuro.

[Alan Queipo]

La Sera – Never Come Around from Brady Hall on Vimeo.

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