Por asociación casual o premeditada, el envoltorio del tercer disco de No Age, “Everything In Between” (Sub Pop / Pop Stock!, 2010), conduce a establecer ciertas similitudes con el último trabajo de Wavves (“King Of The Beach” ; Fat Possum / Nuevos Medios, 2010) y, a la vez, paralelismos entre los pasos dados por ambos grupos recientemente: sus respectivos segundos álbumes – “Nouns” (Sub Pop, 2008) y “Wavvves” (Fat Possum, 2009) – pusieron patas arriba la escena rock ruidista contemporánea, ayudaron a que unos y otros se convirtieran en jóvenes gurús del género y facilitaron que la irrupción del nuevo rock californiano (junto a HEALTH) fuese un hecho. Igualmente, su arrojo los llevó a transformar su primitiva energía avasalladora en zarpazos de idéntica intensidad pero bajo sorprendentes e inesperadas nuevas formas. En ese proceso de cambio, combinaron los mejores elementos de su cancionero, los agitaron con rapidez y practicaron con ellos unos cuantos ejercicios de malabares con un resultado final apabullante e impactante; también se demostró su habilidad a la hora de profundizar en su fórmula sin caer en la redundancia y el hastío. De este modo, podríamos recurrir a una expresión bastante repetida a propósito de algunos nombres que se consolidaron definitivamente a lo largo de este año (véase, Deerhunter): dulcificación de sonido y discurso. En el caso de No Age, esa frase se relacionaría con su afán por reconducir su electricidad de alto voltaje a través de derroteros que apuntan hacia melodías más intrincadas que las exhibidas antaño.

No es que Randy Randall y Dean Spunt se hubieran ablandado, olvidándose de sus orígenes hardcore, pero los ramalazos pop que aprovechaban en “Nouns” para relajar su tensión muscular adquieren en “Everything In Between” mayor calado y relevancia. Durante el pasado verano, el dúo publicaba “Glitter”, el single de presentación que sirvió para anticipar con sabia prudencia el presumible giro copernicano que daría el contenido del largo. Esa canción mantenía los afilados rasgueos de guitarra y el telón de fondo saturado marca No Age, aunque la voz de Spunt aparecía mejor enfocada y más matizada. Algunos, seguramente, la escucharían lánguida, como derrotada. Un buen motivo para darles la razón podría ser el arranque de este LP, “Life Prowler” (en la que la pareja parece querer decir que sus vidas también son corrientes y eso influye en su música), o en la semi-acústica (¡quién lo diría hace dos años!) “Common Heat”.

Entonces, ¿se acabó la fiesta? ¿Ya no podremos saltar con sus arrebatos eléctricos haciendo el pogo? Nada de eso: “Fever Dreaming” recupera a No Age para la causa tirando del legado de Dinosaur Jr., al que se le realiza un gran homenaje gracias al estridente riff guitarrero que aúna las sensaciones de rascar un tenedor contra un plato o deslizar las uñas de los dedos sobre la superficie de una pizarra con las de un orgasmo mañanero. La sombra de J Mascis y compañía se alarga hasta cubrir por completo la urgente “Depletion”, cuyo halo victimista alcanza a “Valley Hump Crash”. En este punto es donde se podría introducir esa palabreja que de tan usada ya casi perdió su verdadero significado: madurez. A los que se le llenan la boca cada vez que la pronuncian porque se supone que el flamante “Everything In Between” es el disco adulto de No Age, a ver qué les parece el ritmo destartalado de “Skinned” (cercana a Pixies) y el trallazo desatado en “Shred And Transcend”, pepinazo escupido a todo volumen que viene a refrendar el acierto de Sub Pop al fichar a Male Bonding para prolongar y perpetuar las bondades del noise-pop-rock del siglo XXI bajo su paraguas.

Si este LP finalizase aquí, ya se tendrían los argumentos necesarios para situarlo en la cumbre de la (breve) trayectoria de los angelinos. Sin embargo, aún quedan por destapar dos de sus vetas más productivas y sugerentes: una lleva directamente a un juego vocal desconocido hasta ahora en No Age y representado en “Chem Trails”, en la que se establece una interesante dialéctica entre Spunt y Randall que bien podría repetirse en posteriores grabaciones; y la otra recorre los paisajes instrumentales que habían empezado a dibujar en “Nouns” y que acercan al dúo al shoegaze más atmosférico y etéreo (“Katerpillar”, “Dusted”, “Positive Amputation”). Esta riqueza sonora y estética es la que coloca a “Everything In Between” como la gran obra que No Age acabarían por confeccionar, algo que era fácil de imaginar a medida que se acercaba el momento de su salida. Aunque su auténtico valor añadido se intuye si se piensa en el futuro: además de que la pareja mantendrá el acelerador apretado hasta el fondo (así se les conoció y así se les conocerá siempre), tienen la posibilidad de explorar esas vías sonoras no tan habituales en ellos que pueden distanciarlos del pelotón neo-noise. Esto no quiere decir que se vayan a convertir en los nuevos Sonic Youth de la noche a la mañana, pero no andarían muy lejos… ¿Exageración? Tiempo al tiempo.

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