Atención: el material que se van a encontrar en “Tara Motor Hembra” (Everlasting / Pop Stock!, 2011) es altamente inflamable, incandescente, cegador e impactante como una explosión nuclear. Y lo peor de todo: puede atravesar sin que se enteren, cual partícula radiactiva, su delicado tejido cutáneo e invadir todos sus órganos; especialmente corazón, cerebro y pulmones. Porque el tercer álbum de Nudozurdo contiene auténticas bombas invisibles diseñadas para romper el ritmo cardíaco, destrozar neuronas y causar fatiga aguda. La última consecuencia, la más peligrosa, sería una alteración en la memoria que provoca que todo aquel que se acerque a sus diez canciones permanezca anclado en los episodios más tortuosos de su pasado. Es decir: los pasajes que se fueron enviando al averno y se guardaron en cofres teóricamente indestructibles… hasta que el cuarteto madrileño, liderado por Leo Mateos, los hace añicos con este disco. El acceso a él no es fácil, ya que hay que estar preparado para traspasar su umbral y recibir sus descargas emocionales. Por ello, absténganse de intentarlo aquellos que se hayan conformado con satisfacer sus necesidades materiales y físicas y que consideren que sus vidas han sido (y son) simples, superficiales y carentes de ambiciones: sólo los que se contemplen a sí mismos inmersos en complejos laberintos interiores (pertenecientes tanto a su ayer como a su hoy), los que vean más allá de lo que tienen delante de sus narices y los que pretendan deshacerse de sus fantasmas personales combatiendo a brazo partido, serán los que se apoderen de la llave para cruzar la pasarela hacia “Tara Motor Hembra” y poder cerrar para siempre esas cajas fuertes donde, en lo más profundo, se conserva lo más hiriente.

Entre las llamas de este infierno, Leo Mateos afinó su acostumbrada lírica críptica para describir los procesos propios del dolor y el resentimiento según cánones más o menos reconocibles y universales. Sus retratos grotescos describen los efectos extremos de esa doble angustia, aborda sus causas y plasma las complicadas etapas de su silencioso desarrollo e inevitable expansión. Porque, una vez que la amargura y la rabia se instalan en nosotros, no queda más remedio que caminar con ellas… Unas veces, parecerá que se disuelven por arte de magia; otras, volverán del mismo modo como queriendo decirnos que ni siquiera el paso del tiempo permitirá que se vayan. Estos vaivenes, entre perturbadores y agresivos, se mueven igual que los vagones de una montaña rusa: ascienden lentamente para luego bajar a toda velocidad, creando una desagradable impresión de vértigo. Así, se podría dividir “Tara Motor Hembra” en diez niveles de diferentes alturas, en consonancia con la intensidad de unas palabras interpretadas, por un lado, desde la resignación ante la soledad y el abandono, y por otro, desde la culpabilidad por haber provocado una situación aparentemente grave.

Sólo el creador de los textos que dan forma a este LP sabe exactamente qué le condujo a contar lo que cuenta, pero la forma en que lo transmite obliga al oyente, por lo civil y por lo criminal, a introducirse en su espiral de violencia psicológica. Ese bucle perturbador lo representa miméticamente “Golden Gotelé”, primer golpe en el pecho cuya estructura mínima (loop rítmico repetitivo y ausencia de estribillo) destaca su mensaje retorcido relacionado, cómo no, con la permanente lucha contra el eterno femenino: el elemento de la mujer sin el cual la vida humana está entera (Goethe dixit). Esta no es más que una metáfora sobre los efectos devastadores de la desaparición radical del amor; vista, claro, desde la perspectiva masculina: en este caso, la de Leo Mateos. De ahí que no haya compasión con el enemigo (siempre entrecomillado) y se llegue a… ¿desear el mal ajeno? La descarnada, dura y directa “Prometo Hacerte Daño” lo plantea como una posibilidad susceptible de hacerse realidad (a más de uno se le pasó por su perversa cabeza una reflexión similar en esta clase de tesitura).

No existe la relajación en el discurrir de “Tara Motor Hembra”, repleto de minas de (post)rock tóxico, que bien hacen saltar por los aires el orgullo propio (“No Me Toquéis”: desde ya, nuevo gran himno de Nudozurdo equiparable al magnánimo “Negativo”) o intentan herir el del “otro” (“Prueba/Error”: bofetada eléctrica en toda regla que se mueve a través de finas brumas shoegaze). Entre medias, aparece el síndrome del automasoquismo; o la capacidad humana de saber convivir (y a veces disfrutar) con el sufrimiento, la frustración y el fracaso (“Conocí El Amor”). Tampoco hay espacio en este trabajo para la falsedad: Mateos culmina “Mensajes Muertos” preguntándose si está hecho para amar a alguien que le va a controlar, y se abre en canal en “Láser Love” (extenso devaneo kraut en el que se van sumando diferentes capas de guitarra).

Si hubiera que mencionar alguna referencia definitoria del sonido actual de Nudozurdo (más elaborado, dada la estabilidad del grupo desde hace tres años, y un tanto alejado de la rotundidad que se apreciaba en “Sintética”; Everlasting, 2008), además de las etiquetas estilísticas ya reflejadas habría que acercarse casi por inercia al legado de Ian Curtis (del cual bebe la lírica apesadumbrada de “Dosis Modernas”) y de sus Joy Division, a los que remite (sobre un magma de guitarra usurpado a My Bloody Valentine) la percusión tribal, el teclado solemne y la sombría ambientación de fondo de “Sueño Demo”. Este corte, pequeño resumen de la esencia del aquelarre sensitivo que es “Tara Motor Hembra”, da paso a un sorprendente epílogo, “El Diablo Fue Bueno Conmigo” (único momento redentor de todo el minutaje en el que se respira cierto alivio), que da por concluida esta particular pelea contra, no lo olvidemos, el eterno femenino (representado en esta canción, curiosamente, por las voces de las hermanas del propio Leo Mateos) y cierra este subyugante círculo de miedo, dudas, desencanto, perfección inalcanzable, hemorragias internas, autodestrucción y pérdida de autoestima.

Adjetiven como deseen este álbum: sincero, mareante, abrupto, opresivo, escabroso o, sencillamente, brutal… Sea como sea, utilícenlo de la manera correcta (incluso con fruición) y adminístrenlo en las cantidades justas, puesto que su veneno puede invadir todo su cuerpo y aniquilarlos al instante. En resumen: esta monumental radiografía del tormento promete hacerles daño.

Nudozurdo – No me toquéis by Gafapaster than Pitchfork

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