Peores Cosas Pasan en el Mar” (Gran Derby, 2011) se descorcha con “Suanzes: Volver a Empezar“, un tema certero y directo en el que la voz de Pepo Márquez, empequeñecida por un eco que hace pensar en una grabación improvisada en su cuarto de estar, sobrevuela la base de “Lose Yourself“, el híper reconocible tema que Eminem escribió para la película “8 Mile“. La música suena, también, como si llegara desde un radiocassette en la vertical de una noche solitaria en la que un post-adolescente rapea sus penas a solas en su habitación… No es una fardada hipertextual ni una revisión con vocación masiva como el “Every Teardrop is a Waterfall” de Coldplay: el sonido del tema es destartalado y la fuerza recae, como es habitual en The Secret Society, en unas frases que Márquez desliza sobre quien escucha con una violencia que nada tiene que ver con las salvas de metralla de los habituales hip-hoperos, sino con los dulces movimientos coreografiados propios de un carnicero delicado que pasa un cuchillo limpísimo con elegancia sobre la carne sangrante. Lo dicho: “Suanzes: Volver a Empezar” no es una fardada ni una revisión mainstream. Es, simple y llanamente, una declaración de intenciones (situada, como deberían estar situadas todas las declaraciones de intenciones, al principio de todo) con la que The Secret Society dejan claro que, a veces, la mejor forma de llegar a la gente no es haciendo lo que esa gente quiere y espera, sino dejando al descubierto tus entrañas y permitiendo que vean que, al fin y al cabo, no son tan diferentes de las suyas. Una declaración de intenciones con la que Márquez y los suyos ponen a la vista que sólo hacen lo que les apetece… y que eso va a ser así durante todo el disco.

Esta vocación, que algunos tildarán de “carpichosa” pero que aquí más bien brilla como puramente “sincera”, puede que sea la culpable directa de la heterogeneidad que supone la escucha del nuevo álbum de The Secret Society. En plan resúmen rápido: se abre con el hip-hop de dormitorio (muy a lo Casiotone For The Painfully Alone en versión figuradamente hardcore) de la ya mencionada “Suanzes: Volver a Empezar” y se cierra con un baladón como “En la Sala del Guernica (Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofia, Madrid)“, una de esas canciones capaz de cambiar la carrera de cualquier banda y que, en este caso, arranca como la marcha militar de un ejército derrotado y acaba con un punto de fuga por el que se escurren unas guitarras escarpadas y un sinte esquelítico pero con huesos que cortan. Por el camino, en “Peores Cosas Pasan en el Mar” pueden econtrarse un melancólico vals desgarrado por las fuerzas contrarias que ejercen un piano desnudo por un lado y por el otro la eléctrica de unas guitarras que se envalentonan poco a poco (“El Día que Empezamos a Querernos fue el Día que Empezamos a Olvidarnos“); un paisaje pastoral de hierba ocre y rítmica a lo Lambchop con la cálida aportación vocal de Alondra Bentley jugando a Nancy & Lee con Márquez (“Cuídate, Cowboy!“); e incluso un calambrazo de un minuto de punk endiablado que, mediante una única y magistral frase que se corresponde con el título del corte (“El Amor es una Puerta que Sólo se Abre Desde Dentro“… escalofrío), sirve de desengrasante antes de enfilar el tema final del álbum.

Cualquier neófito en el universo Pepo Márquez podría pensar que semejante variedad estilística es un síntoma de dispersión o desenfoque… Una escucha más atenta que, además, ponga en perspectiva lo que significa “Peores Cosas Pasan en el Mar” en su discografía (e incluso en su carrera artística), traerá a la superficie la verdadera valía de esta heterogeneidad: ¿no es de celebrar que, ya sea en un vals o un pildorazo punk, The Secret Society sigan sonando a The Secret Society? ¿Cuántas bandas actuales pueden presumir de una identidad tan sólida como para aguantar sin resquebrajarse la presión de los diferentes corsés estilísticos? En este disco, Márquez no sólo abandona el inglés y abraza el castellano como lengua idónea para su poesía, sino que realiza una asunción mucho más importante: la de su propio alma lírica, que ya no necesita mirarse en otros espejos (en otras bandas, en otros idiomas) para conseguir que todas sus composicones se vean impregnadas por un imaginario capaz de trascender la superficie de las letras. Hay aquí un mundo creativo capaz de sublimar el envoltorio melódico para que, sea cual sea la coyuntura, el corazón siga latiendo con un ritmo reconocible. Será por eso que las composiciones más identificables con el sonido de The Secret Society no son “otra canción de The Secret Society“, sino que, de alguna forma u otra, llevan hasta un extremo emocionante aquello que ya conocíamos: “Parte de Guerra” coge los momentos más nocturnos de “I Am Becoming What I Hate The Most” (Acuarela, 2008) y les inyecta la luz de un pluscuamperfecto y coherente nuevo sonido de banda que incluso se permite el lujo de dejar en tercer plano un órgano que siempre está a punto de transformar la canción en algo diferente; “Las Pistas Falsas Conducen al Desamor” es como si The Secret Society hubieran hayado las claves del sonido que les abriría las puertas de la masividad (su letra debería ser coreada a voz en grito en todos los conciertos a partir de ya) y te regalaran un única y dulce píldora con la prerrogativa de que va a ser la única de su carrera; “La Casa Junto Al Mar” suena a fanfarria de ataque y derribo tal y como sonarían The Last Shadow Puppets si se cortaran esos flequillos que intentan emular a Scott Walker

Hay que añadir aquí, además, que por mucho que se haya hablado en esta crítica de la música, lo más probable será que, al escuchar “Peores Cosas Pasan en el Mar“, lo que primero te alcance como un rayo que te fulmina en medio del campo será alguna de sus letras: Pepo Márquez se revela (sí, se revela: en sus anteriores trabajos el inglés podía dejar en segundo plano esta faceta suya) como uno de esos letristas capaces de dejarte inmóvil en medio de la calle mientras una frase que se ha colado por tus auriculares paraliza por completo el mundo a tu alrededor. ¿Te resulta familiar la sensación? Es algo similar a lo que, por la vía de la sublimación del yo intrínseco y personal capaz de dar sentido y coherencia al intercambio protéico de vestidos y disfraces, han conseguido otros artistas como Sam Beam o Bill Callahan. Porque esto es lo que pasa cuando, huyendo en dirección contraria al gusto por el escapismo de la postmodernidad musical, decides ser un artista del salto el vacío, de la exposicón, de la sinceridad. Y eso es precisamente lo que es Pepo Márquez a día de hoy.

The Secret Society – Las pistas falsas conducen al desamor by Fantastic Plastic Mag

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