Aún tengo en mi cabeza el momento en que llegó a mis manos la primera maqueta de Triángulo De Amor Bizarro a través de un amiguete de la banda (todo un personaje) cuyo nombre ahora no recuerdo (que me perdone por el lapsus mental). La cuestión es que insistía en que tenía que poner mucha atención a las ocho canciones que conformaban el CD porque aquello iba a ser la bomba. Al principio me surgió la duda ante tal sentencia ya que, primero, él era muy colega del en aquella época trío y, segundo, eran las típicas palabras que escuchaba cada vez que me entregaban material autoeditado de algún grupo local. Por local me refiero a la zona de la provincia de A Coruña, donde se ubica Boiro, localidad natal de Triángulo De Amor Bizarro (a partir de ahora, TAB); sorprendía que no procediesen de alguna de las ciudades más importantes de la comunidad gallega. La verdad es que ese dato no significaba demasiado, y lo que había que hacer era revisar el contenido del disco, guardado en un estuche de cartón grapado a los lados, con una foto trasera pegada con cinta adhesiva y una hoja interior con las letras de los temas pero sin ningún rastro de nombres a los que adjudicar su autoría. El misterio crecía, y más tras comprobar que realmente los sonidos que salían del CD eran oro puro: hasta el más duro de oído se daría cuenta; qué razón tenía aquel cabroncete de gafas… Poco tiempo después llegaría su fichaje por Mushroom Pillow; y, a renglón seguido, la publicación de su debut, “Triángulo De Amor Bizarro” (Mushroom Pillow, 2007). La mecha del cartucho de dinamita ya estaba prendida.

Para hacerse una idea de cómo eran esas primeras grabaciones previas al álbum, no hay más que echar un vistazo a la compilación de demos e inéditos “El Hombre Del Siglo V” (Mushroom Pillow, 2007), complemento ideal de ese primer largo en el que ya se mostraba todo ese chorreo de ruido y distorsión que impactó de inmediato tras pasar por el filtro de una producción profesional y ver la luz oficialmente. Aunque ese trabajo en el estudio no suavizó la violencia de los trallazos sónicos de Rodrigo, Isa y Julián; es más, ellos siempre dejaron claro que lo suyo era rock agreste, asilvestrado y de monte (tal cual), reafirmándose en su intención de no olvidarse de sus raíces ni de su nombre inicial, Los Jíbaros, que luego cambiaron pero que explica en parte la actitud de TAB (bien sintetizada en su blog). Sólo faltaba recurrir a sus supuestas influencias para acotarlos musicalmente, así que rápidamente se nombraron (por otros, no por ellos mismos) el noise norteamericano, el shoegaze británico y los mitos indie nacionales de mitad de los noventa, como Surfin’ Bichos. El éxito fue casi automático y, a la vez, transcurridos tres años triunfales, también podría haber sido automático el monstruo que pudo haber engullido a TAB. Menos mal que sobrevivieron a sus dentelladas, a excepción de Julián, que abandonó la travesía, lo que propició la llegada de dos nuevos miembros (Óscar Vilariño, guitarra y teclados; y Rafa Mallo, batería) para conformar el actual cuarteto y ayudar en la preparación del siguiente objetivo de la ametralladora boirense.

Por el nombre de su nuevo álbum, “Año Santo” (Mushroom Pillow, 2010), su punto de mira podría estar dirigido a los fastos que acarrea la celebración del Xacobeo a lo largo de este año en Galicia. Argumentos tendrían de sobra para machacar ese experimento que eleva a categoría de fiesta la gran mentira urdida en torno a la llegada a Compostela del cadáver del apóstol Santiago (a ver si el mundo se entera de que debajo de la catedral podrían estar enterrados los huesos de cualquier ser menos del que se cree). Pero TAB decidieron recurrir a sus habituales composiciones crípticas para dar sentido a una música cada vez más atronadora gracias al refuerzo de Óscar y Rafa… o a que el núcleo duro del grupo, Isa y Rodrigo, por fin aprendió a tocar bien (eso seguro: la broma a la que siempre acudían para razonar su falta de pericia a los instrumentos ya no vale). En todo caso, “De La Monarquía A La Criptocracia” aglutinaría en su mismo título los códigos manejados por TAB: por un lado, el nombre de cada corte encierra en sí mismo una pequeña historia que ilustra perfectamente lo cantado después (si es que se puede entender lo que dicen, porque por momentos las voces se diluyen en medio del tsunami de ruido que arrasa el álbum); y por otro, el salto sonoro con respecto a “Triángulo De Amor Bizarro”. Quizá en un intento de que a nadie se le ocurriese meterlos en el cajón pop, TAB aparcaron temporalmente sus referencias para tirar de punk y rock espídico, aplicando así mayor tensión a su discurso. A propósito o no, del cambio sólo se salvan “Super Castlevania IV” (o la mejor canción de amor que podía haber salido de unas mentes tan retorcidas), “Año Santo”, “Muchos Blancos En Todos Los Mapas” y “El Baile De Los Caídos” (estas dos últimas son sendas muestras de cómo el bajo hace trizas lo que se conoce por post-punk).

Pero si de lo que se trata es de ser unas marionetas más de la pantomima xacobea (que es lo que nos quieren vender por activa y por pasiva), yo propondría para la gran noche del 24 al 25 de julio, en la que se encienden los fuegos de artificio de la fachada de la catedral compostelana, que TAB tocasen ante ella, de una tacada, “Amigos Del Género Humano”, “La Malicia De Las Especies Protegidas” y “El Radar Al Servicio De Los Magos”: así ya no haría falta gastarse una buena pasta en pirotecnia; con estas tres canciones ya ardería toda la plaza del Obradoiro. Para el final de ese recital imaginado quedaría “El Culto Al Cargo O Cómo Hacer Llegar El Objeto Maravilloso”, con la que más de un politiquillo que por allí anduviese acabaría con los pantalones bajados y sodomizado.

Una pena que la escena no se haga realidad, porque pocos más tendrían el material explosivo necesario y los cojones para realizarla. Tampoco verán nuestros ojos que TAB se presenten a las próximas elecciones autonómicas, aunque sería asombroso ver la cantidad de gente que saldría a la calle al grito de ¡Isa y Rodrigo for presidents! Me temo que la pareja no se meterá en esos berenjenales: seguirá viviendo plácidamente en su casa de Boiro, sin que sus vecinos sepan jamás el par de salvajes (musicales) que tienen al lado.

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