Por lo que a mi respecta, el evento musical más esperado de este tardo-verano climatológicamente despiadado era el regreso de Wild Nothing. Su primer álbum, “Gemini” (Captured Tracks, 2010), que pasó sin hacer excesivo ruido en los medios patrios, resultó ser uno de los mejores discos para el abajo firmante aquel año (y, sin duda, la portada más preciosa que recuerdo en, no sé, lustros). Aquel compendio de guitarras cristalinas, espíritu lo-fi y unas voces tan frágiles que parecían al borde del colapso (recuerden esa coda de “Live in Dreams”, donde las últimas líneas parecen ahogarse enmarañadas entre sus propias sílabas) no pasaba fácilmente desapercibido para la gente de bien.

Stop. Paréntesis. Pongámonos en antecedentes. Wild Nothing es el proyecto, digamos que inicialmente unipersonal, del jovencísimo Jack Tatum, que pone en marcha en 2009 desde su apartamento de estudiante en la universidad de Virginia Tech. Ahí graba, justo antes de graduarse, todos los instrumentos y voces de su LP de debut, el ya mencionado “Gemini”. Tras el reconocimiento progresivo de su música en diferentes medios, acaba reuniendo a unos amigos para formar la banda que trasladaría sus canciones al directo. El resto, tirando de topicazos, es historia.

OK. Hasta aquí lo poco que saben es que me encantó “Gemini” (lo iré dejando caer algunas veces más, si me lo permiten). Pero por mucho que cueste aceptarlo, estamos en 2012. Entonces ¿qué nos trae este “Nocturne” (Captured Tracks, 2012)? Pues bastantes sorpresas; y la primera, en la frente. “Shadow”, el tema que adelantaron hace unos meses, abre el disco con una sección rítmica trotona, una francamente insospechada sección de cuerdas e influencias bastante notorias de The Pains of Being Pure at Heart; lo cual, amigos, SIEMPRE está bien. Y de ello extraemos que si hasta ahora “Summer Holiday” era seguramente lo más pop que habían entregado Wild Nothing, “Shadow” la desbanca con creces. Pero es que el resto del álbum sigue una senda parecida.

En “Midnight Song”, “Nocturne” (una de mis favoritas, melódicamente inmaculada, ¡gran temón!) y “Paradise” se mezclan guitarras que evocan a “Gemini” con ecos de synth pop al modo de, mismamente, Twin Shadow. De hecho, casi todo el disco está impregnado de una fuerte atmósfera 80s (a veces The Cure, otras Echo & The Bunnymen, incluso Fleetwood Mac), algo que no era TAN evidente en su primer LP pero que quizás nace de la propia idiosincrasia de Tatum. No en vano, es conocida la versión del “Cloudbusting” de Kate Bush que Wild Nothing publicó en los albores de su andadura artística.

This Chain Won’t Break” y “Only Heather”, junto con la mencionada “Shadow”, completan la faceta más resplandecientemente pop del disco. De hecho, “Only Heather” (que a ratos recuerda al “It’s Real” de Real Estate -con ese trote desenfadado y ese riff que marca el camino de todo el tema- pasado por un tamiz shoegaze) es una metáfora bastante apropiada de lo que supone este “Nocturne”. Así, donde ayer teníamos “We’ve got eyes in the back of our heads” (volvemos de nuevo a “Live in Dreams”) hoy Tatum nos repite “Only Heather / Can make me feel this way”. Esto es: un poco menos dream, un poco más pop.

Entonces, ¿se han vulgarizado Wild Nothing? No necesariamente, pero quizás “Nocturne” carece de la carga poética que encontrábamos en esa joya impresionista que era el inapelable “Gemini”. Y, aun así, para hacernos dudar hasta de esto, cuelan al final esa mayúscula epopeya pop que es “Rheya”, probablemente el mayor logro lírico del disco, un cierre apabullante a “Nocturne” que hasta el Robert Smith más inspirado se hubiera atrevido a firmar.

Se trata, en definitiva, de un disco disfrutabilísimo que quizás sirva para ganar adeptos y ampliar audiencias, pero que adolece una cierta pérdida del calado emocional que chorreaba “Gemini”. Aun así, desde esta bendita casa estamos bastante seguros que la hipsteria más melancólica, esa horda de bigotudos tristones que sueña con merendar cada tarde un batido de white russian en Momofuku Milk Bar, acabará gastando los surcos de “Nocturne”.

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