Atractivo dúo escandinavo formado por chico y chica se vale de sus filias anglosajonas para facturar un sugerente pop que no rehúye de sus, en apariencia, frías raíces. Este retrato resulta más que conocido en el universo alternativo; si se le añade el coyuntural efecto del hype, se obtendrá el esquema que siguieron otros casos semejantes procedentes de la Europa septentrional a lo largo de los últimos años (piensen en The Raveonettes o Club 8). Sin embargo, la pareja que nos ocupa, Fredrik Balck y Maria Lindén, componentes de I Break Horses, conserva intacto cierto halo de misterio que los preserva (por ahora) de las consecuencias perjudiciales del encumbramiento rápido y efímero tan del gusto de parte de la crítica especializada y del público que se autodenomina moderno. Muchas líneas se han escrito sobre ellos durante 2011 (algunas relacionadas más con anécdotas de su historia personal -se conocieron en un foro médico virtual a raíz de su feroz hipocondría- que con su bagaje musical), pero el impacto causado por sus dos primeros singles, “Hearts” (Bella Union, 2011) y “Winter Beats” (Bella Union, 2011), hizo olvidar las peculiaridades de estos dos ciudadanos de Estocolmo y obligó a centrarse en las características básicas de su sonido: brumoso, ensoñador, magnético, extraterrenal y con alma electrónica shoegazer.

Estas dos composiciones se pueden considerar la base sobre la que se cimenta la identidad de I Break Horses y, por extensión, la de su álbum de debut, “Hearts” (Bella Union / Music as Usual, 2011). Por ello no es casual que ambas piezas encabecen el inicio de su tracklist, que parece emerger de la nada para, poco a poco, ir desplegándose con parsimonia y delicadeza ruidosa hasta alcanzar los mismos espacios en los que levitaban Cocteau Twins, se retuercen los Spiritualized más extáticos y otean bosques urbanos imaginarios Beach House. Referencias de sobra utilizadas y mencionadas a propósito de grupos de nuevo cuño que mantienen determinados paralelismos con el dúo sueco, aunque el hecho de tomarlas como faros guía no asegura el éxito si no se manejan adecuadamente.

Afortunadamente para Balck y Lindén, su atrevimiento a la hora de escalar su árbol genealógico musical no les provocó vértigo… Todo lo contrario: les ayudó a levantar la cabeza entre sus coetáneos veteranos para mirarlos cara a cara sin temor. Así, si deciden acelerar su pulso demuestran que son capaces de situarse a la misma altura de School Of Seven Bells (“Wired”, “Pulse”); por otro lado, si entran en fase comatosa aguda no esconden su proximidad al minimalismo glacial de Trespassers Williams (“I Kill Your Love, Baby!”). En ese tránsito estilístico destaca la vaporosa voz de Lindén, recia y ágil para sortear las suntuosas estalactitas sintéticas de “Cancer” pero, a la vez, fina como un hilo de oro cuando se trata de transmitir esa melancolía nórdica, tan propia de los lares del norte europeo, que mezcla tristeza y optimismo a partes iguales: “Load Your Eyes” y “Empty Bottles” encierran en su interior esa esencia especial y se convierten en las muestras más singulares de I Break Horses por ser las que no necesitan ningún ascendente externo para ser valoradas en su justa medida.

De un modo similar habría que evaluar “Hearts” en su conjunto, aunque sus continuos puntos de fuga hacia evidentes modelos estilísticos de ayer y hoy producen un relativo escepticismo sobre las verdaderas virtudes de este disco… y su factor diferencial, el cual, por momentos, es posible que resulte escaso. De ahí que, toda vez que la maquinaria del hype ya introdujo en su cinta transportadora el primer LP I Break Horses, sólo quede esperar que Balck y Lindén se olviden de sus hipocondrías varias y sobrevivan a los voraces caprichos de las tendencias actuales para demostrar en el futuro que son algo más que aventajados alumnos de sus maestros.

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