Una de las maneras más rápidas y sencillas de encontrar el nombre para una banda consiste en desplegar un mapamundi, cerrar los ojos y poner un dedo sobre él: el nombre del continente, país o ciudad que salga señalado será el elegido. No es necesario que el resultado final de un acto tan aleatorio tenga conexión con el estilo musical que practique el grupo, aunque hay que procurar que la decisión tomada sea la adecuada para no arrepentirse con el paso de los años. Podríamos citar algunos ejemplos históricos y variopintos: Asia, Europe, Japan o Boston. Lo importante de la cuestión no es comprobar que estos cuatro casos coinciden en el tiempo (años 80, aunque más adelante se mantuvo la tradición: ahí están para confirmarlo Saint Etienne) ni relacionar su mínimo esfuerzo a la hora de bautizarse con su creatividad artística, sino certificar cómo sobrevivieron en la memoria colectiva. En ese sentido, que cada uno valore en su justa medida la trayectoria de cada uno de los citados y su legado posterior, y reflexione sobre lo que le sugieren esos nombres actualmente… Esta teoría retorcida a la par que simplista resurge gracias a Jamaica, dúo formado por los franceses Antoine Hilaire (voz y guitarra) y Flo Lyonnet (coros y bajo), que decidieron tirar por esa misma vía facilona para cambiar su anterior denominación, Poney Poney (cómo se ve, tampoco se habían devanado demasiado los sesos…) Sin embargo, la pareja poco tiene en común con la cultura de la tierra de Bob Marley, ya que se mueve en unas coordenadas musicales totalmente alejadas del país caribeño: dance-pop aderezado por sonidos electrónicos ultra-dinámicos, cocinados, precisamente, a la francesa.

Los chefs encargados de combinar esos ingredientes tras los fogones podrían acaparar cientos de estrellas Michelín: por un lado, Xavier de Rosnay (50% de Justice) en la producción; y por otro, Peter Franco (famoso por su trabajo con Daft Punk) como ingeniero de audio. Si a ese par de genios le sumamos el apoyo en la sombra de los sellos Ed Banger Records y Kitsuné, ya sabemos qué aroma desprenden los platos que conforman el menú de “No Problem” (V2 / Nuevos Medios, 2010), estreno en largo de Jamaica. Aunque hace unas cuantas temporadas ya se intuía cuál sería el contenido del libro de recetas de Hilaire y Lyonnet, ya que, todavía como Poney Poney, publicaron en 2006 el split-single “Junior” (junto a sus compatriotas Arcade Mode) y los EPs “Cross The Fader” (Perspex, 2008) y “When Do You Wanna Stop Working?” (Institubes, 2009), cuyos temas titulares rescataron para este disco: tres bombones repletos de guitarras entre saturadas y filtradas (según los cánones de los propios Justice) y rellenos de buen licor francés destinado (como en la época dorada del French Touch) a provocar auténticas borracheras de baile en discotecas de medio mundo.

Justamente por ahí, por los postres, comienza el banquete de “No Problem”. A la mencionada “Cross The Fader” se une el hitazo “I Think I Like U 2”, una de las canciones más tarareadas y danzadas en lo que va de 2010 y que acerca a Jamaica a sus ilustres paisanos Phoenix (otros con nomenclatura de urbe), por la melodía guitarrera y la forma en que Hilaire modula su voz. Lo mismo sucede con “Short And Entertaining”, prima hermana de la anterior, aunque de desarrollo más arriesgado, basado en calculados quiebros rítmicos. El último dulce de esta primera tanda de viandas, “Secrets”, aumenta la ingesta de calorías a base de guitarras cercanas al hard rock (al más tradicional y al más moderno), provocando que, mientras se digiere, se piense en una mezcla edulcorada de AC/DC y Sleigh Bells. Aunque para azúcar de verdad, el siguiente tramo del álbum, en el que se alivia la gula como si hubiese que hacer sitio en la panza a la espera de manjares más pesados. Aquí es donde cojea el largo y donde se demuestra que a Jamaica se les nota con más soltura en los trallazos acelerados y vitaminados que en los medios tiempos sosos e insulsos. Por eso retoman la dinámica glotona (sin empacharse) con “By The Numbers” y las recuperadas del pasado “Junior” y “When Do You Wanna Stop Working?” (en esta última las seis cuerdas se estiran como un chicle bien masticado hasta dar la sensación de romperse en cualquier momento). Entre medias, y antes de ese brindis final, “She’s Gonna” muestra el lado más clásico del dúo, al tirar de una estructura pop convencional acompañada de felices y optimistas coros, ideales para animar toda clase de fiestas multitudinarias, desde aniversarios etílicos hasta bodas alternativas.

En eso deberían centrarse los esfuerzos de Jamaica: en ser recordados, sin mayores pretensiones, como habilidosos fabricantes de golosinas (indie)dance de fácil digestión y sabrosas para el paladar, preparadas para conquistar (indie)dancefloors de diverso pelaje. Así, el nombre de Jamaica desprenderá un regusto agradable y refrescante cada vez que venga a la cabeza (y golpee en el estómago) en años venideros.

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