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Lo peor de tener que volar desde Galicia a determinados puntos de la costa mediterránea española es la pérdida de tiempo que conllevan los obligatorios transbordos de avión a avión, con sus correspondientes esperas y retrasos. No quedaba más remedio que asumirlo si queríamos llegar a Ibiza para introducirnos en el Bootcamp de la Burn Studios Residency 2013, en el que sus alumnos, ganadores de sus respectivas competiciones nacionales (entre ellos nuestro representante, Kika Rodríguez, vencedor de la final patria que se celebró unas semanas atrás en Barcelona) aspiran a dar el salto en su carrera de djs y productores de música electrónica bajo la magistral mirada de varios profesores de relumbrón. Pero, antes de llegar a la que llaman isla mágica, quedaba por soportar un breve pero caluroso vuelo desde la Ciudad Condal. Realmente no importaba porque, en el trayecto, un servidor pudo cumplir un pequeño deseo: percibir desde la altura, con el cielo absolutamente despejado, la confluencia entre el brillante sol, el cristalino mar Mediterráneo y el perfil recortado de las tierras ibicencas al ritmo del “Subiza” de Delorean en el reproductor musical. Quizá muchos crean que hay sonidos mejores y más acordes con la estampa, pero la conjunción entre lo visto y oído fue totalmente armoniosa; ya habría tiempo para dejarse llevar por otra clase de tonadas puramente baleáricas…

Las carreteras de Ibiza destacan por un gran detalle: las vallas publicitarias que campan a lo largo de su recorrido no anuncian polémicas campañas contra el aborto, eslóganes de tiendas en las que te aseguran que no eres tonto o muebles suecos con denominaciones sacadas del “Señor de Los Anillos”, sino una representación paroxista de djs de fama mundial en la que no se echa de menos ningún nombre. Ese es el nivel. Incluso la luna (casi) llena, poco después, parecía estar diciéndonos a medida que se iba elevando y reflejando sobre las aguas mediterráneas: “Claro que tiene que ser así. Esto es Ibiza. ¿No me véis?” Mientras respondíamos a la luna sin desviar la mirada de ella, recordábamos que ese mismo día, el viernes 24 de mayo, se había celebrado una de las masterclass del Bootcamp Burn Studios Residency 2013, dirigida por Solomun. Desgraciadamente, no habíamos podido asistir a ella por los rigores espacio-temporales y la falta del don de la ubicuidad, pero tendríamos la oportunidad de resarcirnos acudiendo a la llamada nocturna del bosnio, tras los platos, en la segunda opening party del Sankeys Club.

Ambiente oscuro, aroma underground, pasillos estrechos, traicioneras escaleras y una terraza iluminada cual verbena al aire libre desde la que se rozaban con los dedos los aviones que, de madrugada, seguían depositando en la isla a cientos de clubbers ávidos de éxtasis dancero. En el espacio principal, Solomun apelaba a los golpes directos de un tech-house absorbente que hacía alguna que otra concesión vía remix a la electrónica para las masas de The Chemical Brothers o Snap!, momentos en los que las manos se elevaban para refrendar la celebración colectiva o para proyectarse en forma de corazón contra las iluminadas paredes. Un gesto simple y manido que reflejaba que, entre colores fluorescentes, torsos masculinos desnudos, pecaminosos escotes femeninos, triángulos mamellescos bizarros, unas teces blancas y otras bronceadas, minifaldas y prominentes tacones, lo que allí sobraba era amor.

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Pero, lógicamente, lo más importante y jugoso de nuestro trip llegaría al día siguiente, el sábado 25 de mayo, con la aparición de Joe Goddard (mitad del núcleo duro de Hot Chip y de The 2 Bears, además de caminar artísticamente por su cuenta) en la coqueta sede del Bootcamp Burn Stuidos Residency 2013 para impartir su particular, intransferible y reveladora masterclass. La calificamos así porque el británico no dudó en plantearla como una disección personal de su forma de trabajar en diferentes lugares para sus diversos proyectos. Ya en la entrevista introductoria, ofreció detalles sobre sus gustos personales en su juventud (sobre todo el hip-hop de los 90, con Wu-Tang Clan a la cabeza, además de grupos rock alternativos como Spacemen 3 o Pavement) y cómo se enamoró del house gracias al “Around The World” de Daft Punk: para él significó un antes y un después en todos los sentidos. Continuando con el tono confesional de la conversación, Goddard incluso reconoció que nunca se ha considerado músico como tal (nunca aprendió a tocar un instrumento académicamente hablando); lo que no impidió, por otra parte, que Hot Chip un día naciera y llegara a ser lo que es actualmente.

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De ese modo, pesar de las dificultades que entraña la tarea, animó a sus atentos alumnos a que progresaran con sus carreras de productores y djs, enfatizando la satisfacción personal que obtendrían y la cantidad de gente interesante con la que se cruzarían. Esos fueron los dos primeros consejos que daría Goddard, que entroncaría con los estrictamente técnicos: hizo que todo los presentes abandonaran sus asientos para que se arremolinasen a su alrededor y viesen cómo mostraba a través de su Mac las pistas digitales en Cubase de algunas de sus composiciones. La primera de ellas fue “Flutes”, séptimo corte del último álbum de Hot Chip, “In Our Heads”, de la que desgranó por orden los pasos que siguieron en su construcción y la inclusión de varios de sus elementos (loops vocales, líneas de bajo, samples o la voz de Alexis Taylor). La segunda, “How Do You Do?” (también perteneciente a “In Our Heads”), cuyos acordes, reconoció Goddard, estaban inspirados en los de “Pretty Baby”, de Sister Sledge. De ella analizó su secuencia de bajo, su percusión (sacada de una clásica caja de ritmos y de batería real para imitar la de la disco music primigenia), los teclados y el uso de su propia voz.

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