Resulta fácil perderse dentro de las canciones de John Maus pero muy complicado localizar en ellas a la verdadera persona que las escribe. Su aroma contradictorio, esa dualidad que desprenden y que las hace debatirse entre una inmediatez casi frívola y un brumoso aura de misterio, hacen que uno tienda a desconfiar del lenguaje del americano como se desconfía de un sarcasmo. Para colmo, sus conciertos en plan situacionista sólo ayudan a confundir más al personal. ¿La reacción habitual y más fácil? No darle demasiada importancia a todo esto y simplemente maravillarse viendo cómo Maus hibrida la serenidad de Kraftwerk con el after-punk, o a Bach con Tubeway Army. Sin embargo, aún disfrutando de su música desde esos enfoques, seguiremos preguntándonos por un tiempo quién es en realidad John Maus. ¿El teórico que no se cansa de citar a Adorno y Walter Benjamin como ejes de su arte, la voz en la sombra de la corriente hipnagógica o, simplemente, un vampiro más en esto del revival cold-wave?

A Collection of Rarities and Previously Unreleased Material” (Ribbon, 2012) no responde con respuestas categóricas a todo eso, pero sí que aporta jugosas pistas con las que bucear bien profundo en su corpus musical. Incluye temas fechados desde 1999, ¡siete años antes de que nuestro protagonista editara su primer título!, y es por ello mucho más concluyente que “Demos 2011”. Además, está mejor presentado -el artwork lo firma nada menos que Wolfgang Tillmans– y funciona como un álbum con pies y cabeza debido, sobre todo, a dos razones: los temas no están ordenados cronológicamente, sino que responden a una secuencia diseñada, y el tono atemporal de los mismos hace que estos pudieran haber sido escritos en cualquiera de los años indicados. Cabe decir que es esta última una virtud en forma de trampa, la misma que le ha hecho acudir recientemente a recursos de un rancio repulsivo mientras que en su debut de 2006 insertaba pistas de un futurismo asombroso. Él acostumbra a decir en entrevistas que cuando compone siempre piensa estar escribiendo canciones para alzarse a lo más alto del Top 40, pero tampoco le vamos a creer esa. Extrañamente fríos y siniestramente pegadizos, estos temas están bien lejos de ser carne de radiofórmula.

Un poco como ocurría con el refinado “We Must Become the Pitiless Censors of Our Lives” (Ribbon, 2011), y como ocurría en realidad con cualquiera de sus otros trabajos, “A Collection…” es un repertorio ecléctico y coherente al mismo tiempo. Un conjunto que, bien escuchado, nos ayudará a perfilar ese trazo empañado de fronteras inasibles que el propio Maus ha tenido a bien diseñarse. Para analizar mejor sus hallazgos, dividiremos las canciones en dos grandes bloques: las datados entre 1999 y 2005, y aquellas grabadas entre 2007 y 2010.

El primer grupo lo forman siete cortes. Son los más interesantes porque nos descubren quién era Maus cuando aún no había editado nada y sólo le conocían cuatro gatos como teclista de Ariel Pink y Panda Bear. Ninguno de estos temas había aparecido en el pirata “Demos 2011”, así que ganan también en capacidad de sorpresa. En el más antiguo, “Fish with Broken Dreams” (1999), le escuchamos cantar lejos de su sombrío tono de baritono y acercándose en aspiraciones a un desatado Klaus Nomi. “The Law” y “The Fear“, ambos de 2003, pertenecen al grupo de temas titulados con un artículo en plan “Seinfeld“, como es el caso de otros antiguos tipo “The Study” o “The River“. “Lost” aparece puntuada por una azorada guitarra y siniestras notas de piano que caen como lágrimas de cristal, mientras que “Mental Breakdown” son cinco minutazos a lomos de una tozuda batería programada. “Big Dumb Man” tiene el tono mostoso de cuando Ariel Pink quieren ser Judas Priest y “This is the Beat” (2005) anuncia ciertas directrices que se desarrollarán más adelante en cosas como “Quantum Leap“.

Aunque ya conocíamos seis de los nueve temas y estos aparecen sin muchas variaciones más allá del redux evidente de “My Hatred Is Magnificent, My Hatred Is Molecular” en, simplemente, “My Hatred Is Magnificent“, el segundo grupo tiene más chicha. “North Star“, con su teclado invasor, es perfecta para abrir y “Castles in the Grave“, con su gaita desfigurada y esos teclados como de casa encantada, también propulsa bastante el principio del disco. Junto a “Angel of the Night“, de tono más introspectivo, son las más recientes: 2010. La canción de amor “Bennington” (“Even though I’ve never seen her eyes, I love those fucking eyes”), es uno de esos hits de cementerio que Maus se marca cuando decide salir de su tumba, y la preciosa “(No Title) Molly” también parece una misiva a una chica que en este caso suponemos dirigida a Molly Nilsson, la autora del “Hey Moon” que incluía “Pitiless Censors”. “All Aboard” y “Rock the Bone“, más ensimismadas, aparecen poco antes de que la espectacular “I Don’t Eat Human Beings” cierre con su trasfondo digno de Enya una compilación imprescindible.

[Cristian Rodríguez]

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