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Como decía determinado personaje catódico ochentero puro en mano, “me encanta que los planes salgan bien”. Frase que quizá haya pronunciado Ana Fernández-Villaverde, La Bien Querida, tras publicarse Alevosía, EP que completa la travesía en forma de tríptico iniciada el pasado 6 de octubre y planeada para que desembocara en su cuarto disco, Premeditación, Nocturnidad y Alevosía (Elefant, 2015). Al principio, tal estrategia destacaba por presentarse como una especie de rebelión contra la velocidad supersónica de los tiempos musicales actuales; pero, una vez consumada, se observa como una acertada táctica de edición discográfica que no sólo ha mantenido en vilo y con los oídos bien abiertos a los seguidores del proyecto de la bilbaína de origen, sino que también ha servido para exprimir sus posibilidades multimedia al desdoblarse en un triple cuadro pictórico (cuádruple si se incluye la portada del LP) rubricado por la propia Ana y en una tríada audiovisual realizada por Juanma Carrillo y que ha culminado en el clip para “Muero de Amor”, avance de “Alevosía”.

Esta era la pieza, por tanto, que faltaba por desvelar para atisbar en el horizonte la puerta de acceso a “Premeditación, Nocturnidad y Alevosía”. Y, atravesada esta, se descubre que, si su primera parte sugería el planteamiento de una historia sentimental llena de contrastes y su segunda una inmersión en el lado más oscuro del relato, esta tercera difumina todo lo anterior a base de luminosidad sonora y lírica y ofrece un desenlace sorprendente si tenemos en cuenta la teoría de partida: siguiendo las pautas de la denominación de cada maxi-single, se suponía que el último de ellos debería relacionarse de alguna manera con la ‘alevosía’, ese concepto sinónimo de traición y perfidia y vinculado a toda aquella persona que pone todos los medios para cometer una fechoría y no verse salpicado por sus consecuencias.

En “Alevosía”, la única canción en la que se establece cierta conexión con el significado del título es “Vueltas”, sencilla a la par que pegadiza gracias a una letra que gira en espiral (el verso “tu punto de vista retorcido, me tiene dando vueltas como un niño” se repite como un mantra) y se clava en el cerebro sin compasión. El resto de temas borra de un plumazo electro-pop toda gota de veneno, odio y rabia que pudiera supurar el EP, empezando por la inicial y ambigua “Música Contemporánea”, que da lustre a las raíces neworderianas de La Bien Querida mediante un ritmo brioso y un piano que otorga un intenso color al estribillo. Más adelante, “Geometría Existencial” va un paso más allá y explota entre una maraña de noise sintético de la que emerge brillante una melodía marca de la casa que ayuda a resaltar el carácter redentor del texto (la línea “a pesar de mí, te quiero aquí” lo resume a la perfección).

Aunque el corte que mejor expresa la sensación de positivo estallido emocional que acaba definiendo a “Alevosía” es el más arriba mencionado “Muero de Amor”, que pone el broche de oro absorbiendo ecos del “Maid Of Orleans” de OMD a este EP y, por ende, a “Premeditación, Nocturnidad y Alevosía”. Un álbum que, por su especial desarrollo a lo largo de los últimos meses, plasma la bien entendida ambición de La Bien Querida por convertir este experimento en un reflejo de su afán por arriesgar y huir de los esquemas convencionales, por mucho que por el camino no haya dejado de ser y sonar a ella misma. Ahí reside el gran mérito de Ana Fernández-Villaverde, pese a que todavía en ocasiones pueda encontrarse en medio del fuego cruzado entre aquellos que prefieren su vertiente más tradicionalista o más puramente pop y entre los que se inclinan por su cara más vengativa o la más sensible sin ambages. Con todo, sea cual sea la discusión en torno a sus creaciones, La Bien Querida siempre sale ganadora.

 

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