Daphni, Four Tet y Floating Points hicieron historia en la inauguración del 15 Aniversario de Razzmatazz por más motivos que por el musicón que pincharon.

 

No me avergüenza reconocerlo: me estoy haciendo mayor. Antes, salir era una práctica común más importante en sí misma como ritual (beber, bailar, estar con colegas, zorrear) que como medio para disfrutar de la sesión de un dj en particular. Ahora, si algún club de la ciudad no ha programado a alguien que quiera disfrutar en persona, ni me muevo de mi sofá. Así es. Y, de hecho, aunque finalmente haya algún dj que consiga sacarme de casa, si su sesión dura más de dos horas puedo llegar a vivir preocupantes escapadas mentales hacia mi cama, mi casa, mi comodidad.

Por eso mismo, todo el tinglado con el que la Sala Razzmatazz daba el pistoletazo de salida a su 15 Aniversario parecía, a priori, un verdadero suicidio para alguien como yo: seis horas de sesión protagonizada por Daphni, Four Tet y Floating Points el día 25 de octubre, domingo (el día del Señor y el día de perrear delante de la televisión), de siete de la tarde a una de la mañana. Por mucho que la suma de los tres implicados sea un subidón incontestable, la fecha y el horario no parecían muy amigos de gente como yo… Y, aun así, os prometo que, cuando el trío echó el cierre a la una y media de la madrugada (sí, nos regalaron media horita de Paraíso), me encontré con ganas de más, de seguir desparramando, de que nos dieran las primeras luces del lunes en compañía de Dan Snaith, Kieran Hebden y Sam Shepherd.

No fue así. Pero tampoco hizo falta. La primera sorpresa de la jornada fue que, cuando los tres djs salieron al escenario a las siete de la tarde, no pasaron ni cinco minutos hasta que la sala se vio ostensiblemente llena. La pregunta era inevitable: ¿pero no se supone que en la ciudad de Barcelona no suelen ocurrir cosas de este tipo (es decir: una fiesta de club en un horario de domingo tarde) porque simple y llanamente no funcionan? Entonces, ¿qué hacía toda esa gente allá? Más todavía: ¿no molaba lo más grande encontrarte de repente bailando a las ocho de la tarde un musicón de mil demonios rodeado de gente que no estaba ni tres cuartas partes de lo perjudicada que suele estar cuando bailas este mismo musicón a las cuatro de la madrugada?

Seis horas de baile non-stop que acabaron convirtiéndose en una experiencia visceral y primigenia, casi primitiva, de comunidad y mente compartida.

El ambiente fue inmejorable: seis horas de baile non-stop que, de forma similar a como ocurre cada vez más en los conciertos de Caribou, acaban convirtiéndose en una experiencia visceral y primigenia, casi primitiva, de comunidad y mente compartida en subidones en los que no te hace falta tener los ojos abiertos para notar cómo la energía de absolutamente todo el mundo a tu alrededor vibra con la misma frecuencia e intensidad que la tuya. Algunos lo llamarán magia, pero yo digo aquí y ahora que magia una mierda: a esto se le llama más bien oficio y artesanía, el de Daphni, Four Tet y Floating Points.

Cierto es que, como ocurre siempre que el concepto b2b se infiltra en una sesión, la velada adoleció de algunos altibajos si no en la calidad, sí que en la intensidad. Las filias y las fobias de cada dj se notaban en momentos extraños como cascar “Night of the Jaguar” de DJ Rolando y, a continuación, echar sobre el público un jarro de agua fría en forma de disco tropicalista maravilloso y sutil, pero estableciendo una supurante fractura mental con la evolución de la noche. Aun así, este tipo de momentos de extrañeza fueron los mínimos, y Snaith, Hebden y Shepherd supieron trenzar sus sensibilidades musicales para que la sesión se convirtiera en un stream fluido que te arrastraba dulcemente en una coctelera en la que cabía absolutamente todo y que no mostró ningún tipo de adherencia a género alguno: cayeron hits de house, de teknazo y, sólo al final, el trío se permitió un continuum cuesta abajo para hacernos salir de la sesión con una hora de disco embriagador.

Soy consciente que, desde este lado del periodismo, solemos abusar de grandilocuencias del tipo “esta noche hizo historia”. Pero, ojo, porque si me he permitido la licencia de utilizar un lugar común tan trillado incluso en el titular de este artículo es precisamente porque esta velada no sólo debería ser recordada sólo por su calidad (algo que, de hecho, es totalmente subjetivo), sino sobre todo por el hecho de que, por un momento, Daphni, Four Tet y Floating Points demostraron que otros mundos son posibles… incluso en una ciudad tan anquilosada y tendente hacia la petrificación como Barcelona. ¿Que la mejor fiesta del año ocurrió en domingo por la tarde? Sí. Y espero que esto se convierta en una práctica común por mucho que signifique emplear menos domingos tirado en mi sofá.

 

#razzlive15 🎉Inauguración 15 aniversario! 🎉

Una foto publicada por Razzmatazz Clubs (@razzmatazzclubs) el

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