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El último día del mes de abril vio cómo The National la liaban parda en el LAPSO Music Experience de Santiago junto a The Gift y Best Boy… Aquí nuestra crónica.

 

En el último día de abril, Santiago de Compostela -que todavía busca un evento estable que la coloque definitivamente en la agenda anual de directos al aire libre- vivió un doble gran estreno: por un lado, la puesta de largo del festival LAPSO Music Experience, que ha nacido con la intención de promover la mejor música internacional en el noroeste peninsular; y, por otro, el deseado debut de su grupo estrella, The National, en los escenarios gallegos. Durante las jornadas previas a su celebración, las malas previsiones meteorológicas -posteriormente cumplidas, algo que no debería extrañar a estas alturas en Galicia…- obligaron a sus organizadores a trasladar su inmejorable ubicación inicial en la plaza de la Quintana -en pleno casco viejo, tras la catedral compostelana- al recinto ferial de Amio. Pero el cambio, pese a la pérdida de belleza y encanto, no provocó que se difuminaran el espíritu ni el ánimo del LAPSO. Al contrario: se creó un ambiente más acogedor de lo esperado y, de paso, se esquivó el gafe atmosférico que afectó a parte de los festivales gallegos realizados en 2014. Así que, confirmado el tino de la decisión tomada, sólo faltaba degustar el ecléctico programa musical, que reunía a tres propuestas tan sugerentes como sustancialmente diferentes entre sí.

A Best Boy les correspondió la difícil tarea de alzar el telón del festival aún con el gentío llegando con cuentagotas debido a la intensa lluvia y el viento reinantes en el exterior. Con todo, el grupo más norteamericano de Tui (Pontevedra) desplegó toda la luminosidad y la fidelidad a sus tradicionales influencias de su rock-folk (por ese orden) con vigor y energía, sin escatimar en melodías regadas con coros y electricidad radiantes. El buen sabor de boca dejado sobre las tablas santiaguesas seguro que invitó a muchos de los presentes a indagar en el, por el momento, breve catálogo de la banda comandada por Ángel Sánchez y Lucas Fernández.

Más conocidos por los lares galaicos gracias a su habitual presencia en ellos a lo largo de las últimas temporadas son The Gift, hecho que se refrendaba en el número de seguidores que acompañaban las canciones que el grupo liderado por Sónia Tavares y Nuno Gonçalves habían elegido para repasar sus veinte años de carrera. Un aniversario que los portugueses aprovecharon para destapar su baúl de los recuerdos, de ahí que su actuación se desarrollase como una montaña rusa con simas de ritmo pausado y cimas eufóricas, combinándose unos tramos aletargados que algunos aprovechaban para aclimatarse al recinto y satisfacer sus necesidades vitales con otros más agitados en los que se incitaba al baile y al palmeo acompasado. No faltaron clásicos de la numerosa banda como “Race Is Long”, “RGB”, “Music”, la pegadiza “Driving You Slow” o la extensa “The Singles”, la cual, eso sí, corrió el peligro de impacientar a todos aquellos que esperaban el plato fuerte sonoro de la noche. Pero el chorro de voz y el permanente empeño por conectar con el público de una aeróbica y dinámica Tavares ayudaron a que The Gift mantuviesen erguida su colorida bandera pop y se quitasen de encima el sambenito de mera comparsa del cabeza de cartel del LAPSO.

Naturalmente, todos los oídos estaban preparados para recibir las descargas rock épico-emocionales de The National; y todas las miradas, dispuestas a dirigirse hacia la magnética y carismática figura de un Matt Berninger que lucía melena y un aspecto que lo mostraba como una mezcla de profesor universitario de historia, Jürgen Klopp (entrenador del Borussia de Dortmund) y crooner de vuelta de todo. Al principio, mientras la banda -guiada impecablemente por los hermanos Aaron y Bryce Dessner a las guitarras y al piano eléctrico cuando era menester y reforzada por un teclista / trompetista que introducía adecuados arreglos que enriquecían el directo- arrancaba el espectáculo como un bulldozer abriendo camino, Berninger se mantenía comedido, sobrio, bien sujeto al micrófono y concentrado en proyectar a la audiencia su profunda y grave voz de barítono. Pese a que el grupo de Ohio tiene planeado publicar nuevo álbum durante 2015, el setlist -salvo algún puntual salto más atrás en su discografía- se basó en sus dos trabajos más recientes, High Violet (4AD, 2010) y Trouble Will Find Me (4AD, 2013), desde su fase inicial presidida por “Don’t Swalow The Cap”, “I Should Live In Salt” y “Bloodbuzz Ohio” hasta su núcleo, en el que The National exhibieron con transparencia y pasión sus diversas caras rítmicas y reconocibles matices sonoros: potente en “Sea Of Love”, sensible a la par que vibrante en “This Is The Last Time”, agitada en “Graceless”, hechizante en “I Need My Girl” y solemne en “Afraid Of Everyone”.

Cuando el concierto estaba alcanzando su primer clímax, Berninger entró en estado de ebullición para romper cualquier corsé escénico, deambular sobre las tablas como un amante atribulado (o un loco de atar afectado por el amor y sus secuelas), cantar postrado sobre la tarima, sacudir uno de los monitores o, directamente, arrojar el micro al suelo. Una explosión de movimientos y gestos nada impostados, muy sinceros y que, conjugados con las doce cuerdas de los Dessner, hacían que aumentara la temperatura melodramática del concierto. Dejaron constancia de ello “England”, con Berninger desbocado vocalmente; y “Fake Empire”, que finalizó por todo lo alto con los mástiles de las guitarras de Aaron y Bryce apuntando al cielo y el viento de la trompeta soplando con energía.

Después llegaría el segundo y catártico punto culminante de la velada. O lo que es lo mismo: el show de Matt. Quizá la fórmula de The National en directo resulte previsible, y quien la conociera con anterioridad ya se imaginaba la que podría armar Berninger; pero una cosa es leer o ver en una pantalla su performance, y otra muy distinta presenciarla en vivo. Aprovechando la furia de los temas extra ofrecidos en el bis por la banda, nuestro hombre se zambulló entre el público para interpretar a trompicones y con la voz quebrada “Terrible Love” y “Mr. November” antes de que, sudoroso y descamisado, se uniese a sus compañeros colocados en el frontal del escenario para poner el broche de oro con una versión acústica de “Vandelyle Crybaby Geeks”, muy sentida y cantada en modo karaoke colectivo. Perfecto desenlace para una apoteósica actuación que dejó a cientos de corazones en un puño y a la mayoría de las 3000 almas que poblaron el festival LAPSO absolutamente satisfechas. [FOTOS: LAPSO 2015. Edición Rusa]

 

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