LCD Soundsystem han vuelto: están ultimando nuevo disco y harán gira mundial… Pero hay que preguntarse: ¿era necesario? ¿No es esto una (jodida) traición?

 

A estas horas, ya debes saberlo: LCD Soundsystem están de vuelta, lanzarán nuevo disco a lo largo de este año 2016, son cabezas de cartel del Coachella 2016 y a ese concierto le seguirá una gira propiamente dicha… Y, evidentemente, como era previsible, las aguas se separaron en torno a la figura de James Murphy, de tal manera que a un lado tenemos a los que ven este regreso como una alegría y los que lo ven como una tristeza. O como una traición. O como la cagada última a sumar a la larga lista de cagadas de un Murphy que siempre ha tenido una tendencia bastante marcada a los momentos bocachancla.

Porque los hechos están ahí: LCD Soundsystem montaron un chocho mayúsculo para decir adiós al mundo. Todo giró en torno a James Murphy porque, evidentemente, LCD Soundsystem es James Murphy (una cosa es la banda de directo y otra muy diferente la grabación de los discos, en los que él se lo guisa y él se lo come en las compañías que le vienen en gana). El hombre decía que estaba cansado, que estaba mayor, que cada nueva gira le envejecía una década y que no era normal que tuviera el pelo blanco a su edad. También decía que todo el pescado estaba vendido y que LCD Soundsystem había agotado su música, su fórmula y sus posibilidades.

También hay que reconocer que gran parte de ese chocho mayúsculo que se montó en torno al adiós de LCD Soundsystem fue culpa de los fans y no de Murphy. La traca final en Madison Square Garden se convirtió en un evento bigger than life porque, de pronto, las entradas se agotaron y gente de todo el mundo hizo comandita hacia Nueva York para ver por última vez a su banda favorita. Y la gira que precedió a aquella traca, de hecho, se ha convertido en trending topic en los últimos días precisamente porque nadie recuerda exactamente si fue una “gira de despedida” o no. Así funciona la memoria… Yo recuerdo perfectamente que, cuando los vi en el Razzmatazz barcelonés, solté lagrimones como puños porque sabía (o más bien creía) que sería la última vez que vería en directo a James y compañía. Pero por ahí hay quien dice que no, que nadie sabía que era una gira de despedida y que le hemos añadido este rollo drama queen a nuestros recuerdos porque, al fin y al cabo, ¿a quién no le pone palote un buen momento drama queen?

Sea como sea, el cierre de LCD Soundsystem era algo pluscuamperfecto que, además, venía a engrandecer a James Murphy como gurú hipster que había sido capaz de hacer lo que casi nadie tiene los cojones de hacer: irse en la cima, dejar el mejor de los recuerdos. Sabíamos que lloraríamos sobre el féretro… un rato. Pero que, a continuación, su fantasma nos acompañaría el resto de nuestras vidas como ese recuerdo hijo de puta que hace palidecer muchas de las vivencias del presente. Para los periodistas, además, era un caramelo dulce y fantástico: una sombra larguísima de la que les costaría escapar a todos los que vinieran detrás y que sería usada hasta la saciedad para comparaciones bien jodidas y malintencionadas.

Ni los lovers loquers ni los haters ciegos: los fans con el corazón roto son lo más triste que puede ocurrirte como artista.

Y, sin embargo, aquí estamos, comiéndonos con patatas que James Murphy haya decidido reanimar al muerto y totalmente ambivalentes ante la noticia. ¿Cómo nos lo tomamos? ¿Nos alegramos por lo que está por venir (que seguro que será bueno)? ¿Fustigamos a Murphy por cagarse en sus propias palabras y practicar un muy poco honroso “donde dije digo digo Diego” y, sobre todo, por hacerlo tan poco tiempo después de haber dicho bye bye? Porque reconozcámoslo: hay bandas cuyos álbumes están espaciados por un lapso de tiempo mayor que el que le ha tomado a James enterrar y desenterrar el cadáver de LCD Soundsystem.

La cuestión es que el mismo Murphy es consciente de dos cosas: de que es un bocazas y de que, de alguna forma u otra, la ha cagado. Así lo afirma en este comunicado publicado en al web de la banda… Un comunicado en el que, por encima de todo, sorprende leer a James confesando que había algo que no había previsto: vio venir el haterismo generalizado, pero en lo que no pensó ni un momento es que habría fans que no odiarían el regreso, pero que sí que verían cómo sus recuerdos eran abaratados de una forma bastante paupérrima y que, por lo tanto, tampoco es que puedan permitirse estar del todo felices. Y es que, al fin y al cabo, este tipo de fans heridos son los que estarán en posición de la realidad más coherente. Ni los lovers loquers ni los haters ciegos: los fans con el corazón roto son lo más triste que puede ocurrirte como artista.

Y, aun así, como respuesta a todo esto, el hombre sólo vislumbra una solución: perseverar en su decisión. Si es una decisión honrosa o no, no me corresponde a mi sentenciarlo. ¿Quién soy yo (o tú) para hablar de honor? La única necesidad que siento es apostillar aquí y ahora que, al fin y al cabo, todo este tinglado del regreso de LCD Soundsystem supone un bache más que considerable en la credibilidad de James Murphy como artista. El carpetazo al proyecto era una manera perfectísima de blindar un ego artístico grandioso que, sin embargo, se mostraba totalmente congruente con la imagen proyectada desde el principio de su carrera: una manera fardona y sublime de amurallar ese talante bocachancla mencionado al principio que, de esta forma, cerraba la definición de una personalidad auténtica y genuina.

Ahora vemos que aquella personalidad no era tan auténtica y genuina. Ahora vemos que la muralla tenía fisuras y que las fisuras han acabado por convertirse en gigantescas grietas a través de las que se escapan un ego menos justificable de lo que creíamos. ¿Significa esto que nadie tiene derecho a equivocarse y rectificar? ¿Que ningún artista puede permitirse volver sobre sus pasos para volver a andarlos de otra forma? Puede que sí. Puede que no. La gente siempre se ha mostrado muy intransigente con sus mitos y no es plato del agrado de nadie ver que una figura idolatrada se convierte de la noche a la mañana en un ídolo de barro.

Pero no nos pongamos apocalípticos: el cuarto disco de LCD Soundsystem nos flipará y, cuando actúen en el Primavera Sound 2016 (nadie lo duda, ¿verdad?), desparramaremos bien a gusto por mucho que pensemos que, a lo mejor, el Sónar hubiera sido un lugar mucho más acogedor por aquello de la regresión hacia su histórica actuación en la edición del festival barcelonés del año 2010. Pero, bueno, a esas alturas, ya nos habremos acostumbrado a negociar entre la pasión y la decepción cuando de James Murphy se trata. Es una emoción nueva. Pero repito: nos acostumbraremos.

 

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