Habría que preguntarle a Hans-Peter Lindstrøm qué acepción del adjetivo ‘rebelde’ era la que pretendía transmitir cuando encontró el título para su segundo disco, “Six Cups Of Rebel” (Smalltown Supersound, 2012): 1) Que se rebela contra algo o alguien; o 2) Difícil de dirigir o doblegar. Una de dos… Aunque puede que al productor noruego se le pasaran ambas definiciones por la cabeza, ya que en sus casi diez años de carrera nunca flaqueó su adoración por el space-disco mutante ni sucumbió a los cantos de sirena que le sugerían que variara su estilo ante los cambios observados dentro del infinito universo de la electrónica. Una fe en sus propias ideas que fraguó mucho antes de que facturara su debut en largo (“Where You Go I Go Too”; Smalltown Supersound, 2008) y durante el hiato cerrado con la salida de su sucesor gracias a sus propias referencias planchadas en 10’’ y 12’’ (incluidas sus brillantes remezclas para diversos artistas) y otras muchas compartidas con sus compatriotas Prins Thomas (su gran compañero de correrías) y la cantante Christabelle. A través de estas fructíferas conexiones (convertidas en el motor de un fecundo laboratorio sonoro que añadía más motivos para rendirse a la escuela sintética noruega: Bjørn Torske, Todd Terje…), Lindstrøm dejaba claro que huía de la procrastinación como los gatos lo hacen del agua a la vez que experimentaba con sonidos y estructuras sobre las que cimentar sus obras personales.

Conocida su habilidad para sacar provecho de sus colaboraciones, a Lindstrøm le faltaba dar el siguiente paso en su trayectoria en solitario y certificar que era capaz de mantener en todo lo alto su aura de alquimista del beat cósmico progresivo, de arquitecto del loop repetitivo y de autoestopista de la galaxia del krautrock digital. “Where You Go I Go Too” había sido una excelente primera piedra de toque y “Six Cups Of Rebel” se presentaba como su necesaria ¿continuación? No del todo, puesto que su núcleo muestra una nueva versión del productor de Oslo, que permite sumar a los dos significados iniciales de ‘rebelde’ su sentido de ‘osado’ y, yendo más allá, de ‘intrépido’. Porque el noruego da un giro de 180 grados a su perspectiva y concepción de la música de baile de última generación, como si desease escapar de las fronteras de la trillada y volátil etiqueta space-disco.

Con todo, esta pirueta creativa no quiere decir que Lindstrøm haya bajado los pies a la Tierra… Todo lo contrario: se aleja cada vez más de ella en busca de estrellas y planetas desconocidos, pero lo consigue quebrando sus propios moldes (aquellos que lo hicieron conocido y reconocible), guiado por la estela luminosa de Pink Floyd y la Electric Light Orchestra, del funk negroide de finales de los 70 y principios de los 80, del funk blanquísimo del sello DFA y de Flying Lotus y sus locuras electro-jazzísticas. Condensar toda esa mezcolanza de sonidos sin llegar al desvarío parece una tarea complicada, pero “Six Cups Of Rebel” funciona como clara muestra de que es factible, a pesar de que Lindstrøm podía haber tirado por la vía fácil y caer otra vez en la tentación de fabricar extensísimos e inabarcables temas de entre quince y treinta minutos. Para evitarlo, decidió concretar su propuesta en dos caras.

Como en los LPs clásicos, en la A se concentraría el meollo del álbum. “No Release”, entrada solemne (casi eclesiástica) sostenida en un ágil movimiento de sintetizador rodeado por una atmósfera épica in crescendo, prepara la pista de despegue de una larga pero absorbente suite sideral sin solución de continuidad que comienza en “De Javu”, enorme pieza por la que morirían James Murphy (para introducirla en su catálogo) y Nic Offer (para meterla en el repertorio de !!!) y sobre la que orbita esta parte del largo; se prolonga con la chamánica “Magik”, de percusión y teclados exaltados; y desemboca en “Quiet Place To Live”, que se apoya en una intro de prog-rock eléctrico y una base bañada en ácido prácticamente derivada del “Thriller” de Michael Jackson (hagan la prueba) para estallar finalmente entre teclados estelares y la voz vocoderizada de algún ser venido de un astro ignoto. Rematada esta mitad, se hace el silencio, a modo de preludio de la sinfonía esquizofrénica de sintetizadores y pads percusivos con la que arranca la cara B. En ella, Lindstrøm enlaza de nuevo sin descanso en un único grupo tres cortes que conservan el aspecto espacial ascendente de los cuatro anteriores (sobre todo “Call Me Anytime”), aunque rompen su estructura para aproximarse a la psicodelia libérrima de Parliament / Funkadelic (“Six Cups Of Rebel”, la canción) o retornar al origen kosmische de raigambre germánica (“Hina”).

Debido a las múltiples formas que adoptan los espejos en los que se refleja y su aparente ambición desmedida, resulta sencillo sacar conclusiones de “Six Cups Of Rebel” centradas en sus extremos: magnífica reconversión o abigarrada y compleja remodelación del estilo más practicado por Hans-Peter Lindstrøm, el space-disco. En ambos casos se produciría la típica reacción ante la actitud del rebelde: o lo amas o lo odias. Aunque, quieras caldo o no, toma seis tazas…

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