Una cosa está clara: esta edición del 080 Barcelona Fashion no ha visto una colección más bonita que “El Diario de una Niña Lobo” de Manuel Bolaño.

 

Hay una cosa que hace tiempo que pienso sobre las colecciones de Manuel Bolaño y que he decidido poner sobre la mesa, aquí y ahora, en voz alta: en mi opinión, el diseñador barcelonés no se rige por las estaciones (es decir: primavera / verano y otoño / invierno), sino por una pulsión muy íntima que le hace bascular como un péndulo desde la luz a la oscuridad, de la oscuridad a la luz, de la luz a la oscuridad… y así por siempre jamás. Cuando está en la luz, es fácil ver que Bolaño cree que podrá ser feliz y comer perdiz, pero cuando está en la oscuridad es evidente que la realidad le gana la partida al optimismo sin que por eso pierda en hermosura.

El problema (o no) es que este movimiento pendular de Bolaño está totalmente sincronizado con las estaciones: siempre nos baña con su luz en primavera / verano, mientras que la oscuridad campa a sus anchas en otoño / invierno. ¿O a lo mejor me estoy haciendo una paja mental innecesaria y realmente esto no tiene nada que ver con un biorritmo del diseñador, sino con su capacidad magistral para adaptarse a los estados anímicos predominantes en cada estación? Sea como sea, dejadme habitar mi propia ilusión. Sobre todo porque nos encontramos en primavera / verano y es el momento en el que Manuel Bolaño deja caer sobre nosotros su lluvia de luz.

“El Diario de una Niña Lobo” es una especie de fábula maravillosa en la que las niñas lobo también pueden ser princesas Disney (dicho esto como algo absolutamente positivo).

Una luz repleta de colores que puede que hayan sorprendido a muchos. Antes de que los modelos sacaran a pasear la colección “El Diario de una Niña Lobo” a la pasarela del 080 Barcelona Fashion, cualquiera habría pensado que nos encontraríamos ante un cuento popular oscuro repleto de hombres lobo en noches de luna llena… Lo que nos encontramos, sin embargo, fue más bien una especie de fábula maravillosa en la que las niñas lobo también pueden ser princesas Disney (dicho esto como algo absolutamente positivo). Con una supremacía absoluta de colores rosados y anaranjados, de materiales de ensueño como redecillas, blondas, transparencias, sedas o punto fino, de estampados que iban de lo más delicado a un subyugante mimetizado en rosa, “El Diario de una Niña Lobo” sorprendía sobre la pasarela por su vivacidad contagiosa, por su capacidad para contagiar un concepto amoroso amplio y eufórico.

Y una cosa hay que admitir: el 080 Barcelona Fashion no ha visto en esta edición ningún desfile tan bonito como el de Manuel Bolaño. A la mierda con los que piensan que la palabra “bonito” no debería utilizarse bajo ningún concepto. “El Diario de una Niña Lobo” ha sido un puro goce estético, alimento para el alma y el corazón, hedonismo para los que a veces olvidamos que la ropa puede cambiarte el estado de ánimo. Como corresponde al eterno pendular del diseñador, esta colección habita la luz y nos obliga a habitar la luz. Mientras la mayor parte de diseñadores siguen empeñados en encontrar la silueta del futuro, Manuel Bolaño más bien se esfuerza en dibujar la silueta del corazón. Y una cosa os digo: esa silueta es infinitamente más complicada y hermosa que la forma de corazón que los modelos llevaban pintadas en sus caras.

 

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