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Como en cada edición, el 080 Barcelona Fashion volviá a clausurarse con los tres desfiles de nuevos valores del MODAFAD: Pedro Covelo, Yoseline Martinez y Martín Maldonado.

 

Siguiendo la tónica de las ediciones más recientes, la decimoquinta edición del salón 080 Barcelona Fashion también se clausuró ayer con el desfile organizado por MODAFAD, la plataforma dedicada a promover y tutelar los talentos emergentes del mundo de la moda. Lejos de los diseñadores de más renombre que participan en la semana de la moda barcelonesa, MODAFAD representa una pasarela donde el talento aún no consolidado y la innovación tienen realmente un espacio donde afirmarse, donde arriesgados diseños pueden salir de los bocetos y materializarse merecidamente frente al público.

En consecuencia, este año se han mostrado los diseños de los ganadores de la pasada edición de los MODAFAD Fashion Awards, en los que Pedro Covelo de la escuela FDModa y Martín Maldonado de IED Barcelona ganaron los premios al Mejor Diseñador y a la Mejor Colección, respectivamente. Además de estos dos jóvenes, también participaron en el desfile los diseños de la mexicana Yoseline Martínez de la Universidad de Aguascaliente, cuya presencia forma parte de InterCity MODAFAD, un programa que promueve la movilidad en el mundo de la moda gracias a una serie de intercambios entre pasarelas y diseñadores.

Los diseños de la colección “Romeo’s” de Pedro Covelo fueron los primeros en desfilar entre las estructuras de cartón con las que estaba decorada la pasarela, que acompañaron las tres colecciones haciéndolas destacables a nivel escenográfico respeto a los desfiles de otros diseñadores. Tejidos sintéticos y punto se fundían en una delicada vaporosidad, e incluso los diseños menos ligeros y de corte más recto -como abrigos o pantalones slack– seguían conservando un aura poética. Como su nombre mismo indica, la colección está claramente inspirada en el universo shakespeariano. “La rosa no dejaría de ser rosa, y de esparcir su aroma, aunque se llamase de otro modo” clamaba Julieta en el la tragedia del dramaturgo, y aunque la colección de prendas puramente masculinas no dejara espacio para doncellas, su frescura y pasión estaba presente en todo momento en más que en las rosas que todos los modelos llevaban en la mano.

De hecho, las aplicaciones de pedrería presentes en la gran mayoría de las prendas (ya fueran sistemáticamente colocadas para resaltar mangas y cuellos o – en apariencia – arbitrariamente puestas para dotar de vida y color las prendas de blanco puro ), en las coronas que adornaban las cabezas de los modelos y que teñían sus párpados proporcionaban gran teatralidad y dramatismo  barroco a la colección. De este modo, Pucks y Oberones iban desfilando entre las columnas de las Drassanes y nos sumergían en una versión invernal “Sueño de una Noche de Verano“. El drama teatral presentado por Covelo terminó, sin embargo, menos trágicamente que las obras de Shakespeare, llevándose un nutrido y feliz aplauso por parte de todos los asistentes.

A continuación, la pasarela fue ocupada por las coloridas prendas de Yoseline Martínez: colores, volúmenes y formas geométricas sintetizaban a la perfección tradición y actualidad. Tomando inspiración de su historia y cultura, la mexicana dotó a sus tejidos llenos de modernidad de aplicaciones y detalles de reminiscencia azteca. Así, pasado y presente desfilaban de la mano bajo forma de bañadores y vestidos en los que dureza geométrica y voluminosidad se fundían con las formas femeninas de las modelos.

Finalmente,  la atrevida “The Landscaper’s” de Martín Maldonado fue la encargada de cerrar la pasarela de MODAFAD. Atrevida en cuanto a que todas las prendas respondían a una arriesgada -pero mayoritariamente conseguida- combinación de geometría, movimiento, volumen y estatismo. Inspirada en su último viaje por los Andes y algunas montañas rocosas del Ecuador, la colección trasladó a la pasarela elementos como rocas y fósiles, que se materializaron principalmente en las plataformas y los sombreros. La prendas estaban dotadas de una geometría oximoronamente danzante, en la que las rocas y los sedimentos poseían una sorprendente movilidad. Los volúmenes y su combinación con formas rectas y tajantes pudo haber sido un fracaso completo, pero Maldonado fue capaz de domar el caprichoso espíritu del anhelo de originalidad con un equilibrio que sus compañeros quizás aún no han conseguido alcanzar del todo.

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