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La cuarta temporada de “¿Quién Quiere Casarse Con Mi Hijo?” ya está entre nosotros… Y lo primero que hay que hacer es llevar a los hijos tróspidos a juicio.

 

Justo antes de que ayer 14 de enero se emitiera el primer capítulo de la cuarta temporada de “¿Quién Quiere Casarse Con Mi Hijo?“, alguien me comentaba que ya estaba cansado de esta nueva manga de la serie cuando todavía ni había arrancado. Lo admito: me hizo dudar. Puso en tela de juicio lo que yo creía que era una fe ciega. Llevaba varios días con este acontecimiento marcado en mi calendario como uno de mis momentos de despiporre más esperados de todos los tiempos… Y, sin embargo, tuve que planteármelo: ¿estaba con un empalme (figurado) de cojones (nada figurados) por lo que el programa ha acabado significando para muchos de nosotros o porque el programa siga mereciendo la pena?

No tardé en dar con la respuesta: a ver, señores, señoras, tróspidos y engendros de diverso pelaje, ¿no se acuerdan ustedes de aquel poltergeist de nombre Leti (vi-vi-vi-vi-¡vivalafiesta!)? ¿Ya nos hemos olvidado del tormentoso affair entre Andrea y Víctor? ¿Has dejado de utilizar todos los neologismos que introdujo en nuestra lengua Mari Carmen? ¿El complejo de Edipo de Alexis y su padre Armando no significó nada para ti? ¡Pues eso! Justo ahora hace un año que estábamos en pleno fragor de la batalla en la tercera temporada de “¿Quién Quiere Casarse Con Mi Hijo?“, lo que viene a significar que hemos estado huérfanos de Luján y sus cachorros durante demasiado tiempo. Así que sí, el palotismo estaba justificado y, de hecho, lo que se pudo ver ayer en Cuatro lo volvió a dejar bien clarito.

¿Que tanto este programa como su versión femenina “Un Príncipe Para Una-mamarracha-random” están más guionizados que una película de Pudovkin (para los menos versados en historia del cine: director ruso creador del concepto “guión de hierro”, que es tan jodido y cuadriculado y ruso como suena)? ¿Que, dependiendo de cómo te sople el siroco, el montaje de sonido puede cargarte más que una comida familiar con esa tía tuya que tiene una risa más penetrante que la de Loreto Valverde (aquí acabo de perder a todos los lectores de menos de 30 años)? Puede ser. Pero, hijo mío, si fuiste capaz de ver el primer capítulo de la cuarta temporada de “¿Quién Quiere Casarse Con Mi Hijo?” y no vibrar un poquillo como una zorrupia en celo, es que no tienes alma.

Yo lo ví. Yo lo vibré. Y sé que no tiene mérito porque soy un poco 24 Hour Zorrupia People, pero precisamente por eso no he podido evitar la tentación de dejar por escrito aquí y ahora mis impresiones iniciales de los cinco candidatos de este nuevo “¿Quién Quiere Casarse Con Mi Hijo?“. ¿Serán válidas mis percepciones cuando lleguemos al final de la temporada? ¿Habrá alguien que me obligará a tragarme todas estas palabras una por una? ¿Saldrá Leti para enseñarle a las candidatas cómo conseguir que sus melenas nazcan cuanto más lejos de sus cejas mejor? ¿Saldrá Alexis como candidato sorpresa para el hijo gay? Todo es posible. Pero centrémenos en lo que tenemos sobre la mesa, que no es poco.

 

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RAFA: EL QUE TE VA A DAR ASCO. Rafa fue el primer hijo que nos presentaron y, más que seguramente, el que más vamos a odiar durante todo el programa. Pero que conste que no es rabia tipo “yo soy más pobre que la cerillera de Dickens y ver a este papanatas con tres Ferraris me toca las pelotas“, no. Es más bien una rabia del tipo “tu cara me da asco, tu labio inferior me da asco, tu bronceado me da asco, tu pelo de mierda me da asco, tu mirada de pasaba-por-aquí me da asco, tu ropa me da asco y, por si fuera poco, tu madre me da asco en concreto y en abstracto“. Vamos, que es menos odio de clase y mucho más odio directo, concreto, teledirigido contra un espécimen que no debería existir entre la raza humana si no fuera porque la naturaleza es así y provoca mutaciones: a uno le salen tres brazos, y otro le sale un Rafa.

Lo más jodido de todo es que, más allá de la rabia íntima y personal que este chaval pueda levantar, es que tiene algo que debería ser ilegal en “¿Quién Quiere Casarse Con Mi Hijo?“: es aburrido hasta decir basta. En comparación con el resto de hijos, Rafa palidece por saltless. Aun así, vamos a por sus highlights, que no fueron pocos:

  • Rafa afirma que, no sé, a lo mejor es superdotado. Que no se ha hecho nunca la prueba. Pero que se lo han dicho muchas veces, y si se lo han dicho tantas veces por algo será, ¿no?
  • El chaval tiene tres secretarias… y su madre. Esto podría parecer una chorrada si no fuera porque la mujer le pide cita para hacerse un peeling cuando están en el hotel y selecciona los modelos para que elija qué vestir ese mismo día. Nene, esto no es una secretaria: es una concubina.
  • Rafa dice que lo de su peinado es único: tupé, pinza del pelo y coletilla samurai. A ver, cari, esto es como lo de ser superdotado: si nadie más en Marbella lleva tu pelo, por algo será, ¿no?
  • La madre de Rafa comenta como quien no quiere la cosa que Marbella es un lugar sin problemas porque, jo, qué poco guay que es eso de que te sientes en un restaurante y el de la mesa de al lado esté llorando porque no tiene dinero. Qué queréis que os diga… A mi me jodería más que se sentara a mi lado esta señora con esa piel grasienta que tiene (¡que se pague un tratamiento anti-sebo o algo!) y con ese acento que todavía no sé si es de prostituta rumana, de analfabeta francesa o, simple y llanamente, de monga irreversible.
  • Christopher es el hermano pequeño de Rafa. Él le llama “mini-yo”, pero nosotros preferiremos llamarle “Julián Muñoz en versión Benjamin Button“.
  • ¡Qué bien escogido ese “Gangsta’s Paradise” como banda sonora para esta familia!
  • Dely, la candidata preferida del pueblo, se presenta diciendo que tiene 24 años, 12 por cada teta. Dely dice que bebe muy poco alcohol, tan sólo una copita al día. Dely está muy loca. Dely está como una puta cabra. Dely es de las que sacan un machete en medio del programa y se carga hasta al encargado de raccord.
  • Sara, la candidata preferida de la clase pudiente, se presenta diciendo que le gusta Cartier y que le pirra Aristocrazy. Sara dice que le tiene fobia a la pobreza. Sara afirma que sabe francés y se le queda cara de mema cuando le preguntan algo en ese idioma. Sara es algo así como si M.I.A. tuviera dinero y no vistiera como Saruman El Multicolor. Sara dice que los lujos se los paga su papi y que, si no, se lo paga ella con lo que gana de modelo. Sara piensa que somos gilipollas y que nos creemos que puede ser modelo.
  • Pili, la candidata preferida de tu abuela, dice que hace milagros. Pili afirma que Rafa le recuerda a Elvis. Pili dice que es la reencarnación de Marilyn Monroe. Pili obvia que más bien es la reencarnación de Mayra Gómez Kemp en sus 50.
  • Fatal que Rafa eliminara a Gabriela (la que parecía la hija perdida de los Kardashian) y a la niña de las nieves (de la que ni recuerdo el nombre pero que ustedes ubicarán como “la puta friki que iba con alas y plumas”).

VEREDICTO. A no ser que algo totalmente inesperado ocurra (que Dely tenga un brote psicótico, que Sara cante “Y.A.L.A.” o que Pili se muera por vieja durante la grabación), los fragmentos de Rafa van a ser los que decidas pasar en esta edición de “¿Quién Quiere Casarse Con Mi Hijo?“. Boring to the max.

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