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“Los Vengadores: La Era de Ultrón” es un gran espectáculo, para que negarlo… Pero las telarañas de lo rancio empiezan a asomar. ¿Hora de reflexionar?

 

La Viuda Negra acariciando la mano de Hulk o el plano secuencia en la Avengers Towers son dos ejemplos, entre otros tantos, de las perlas que Joss Whedon esconde entre el estruendo de “Los Vengadores: La Era de Ultrón“. Pequeñas píldoras sabiamente dosificadas e inseridas delicadamente que nos hablan bien a las claras de la potencia fílmica del director americano. Sin embargo, y por descontado, esto no es precisamente cine de autor, sino que el film juega en otra liga… Y es en ella donde debería ser valorada.

Dejémoslo claro cuanto antes mejor: algo suena desafinado en esta orquestra coral, algo no fluye como debería. Una sensación en todo el metraje de que se necesita aire fresco con urgencia (un reboot no, válgame el señor) a riesgo de que el tinglado montado por Kevin Feige se acartone y se caiga por su propio peso. Los sintómas en esta nueva entrega de “Los Vengadores” están ya ahí: demasiados personajes, demasiados egos necesitados de momentos de gloria en la película y, lógicamente, al faltar espacio para ello, demasiada sensación de acotamiento, e incluso de desgana en algunos de los interpretes.

No obstante, no todo es achacable a este posible sofocamiento claustrofóbico en el metraje. Hay algo que chirría poderosamente en la película, su falta de lógica, de ritmo, incluso su (un tanto descolocante) incio “ asaco”, abrupto, dando por sentadas cosas escasa o nulamente explicadas en el desarrollo de la Fase 2. La sensación general es que se ha pasado generosamente la tijera en la sala de montaje, creando auténticos momentos de incoherencia e incluso absurdidad argumental. Aunque lo peor, en el fondo, no es eso, sino que lo que resta es un bucle pausa-acción que resta profundidad a un argumento ya de por sí bastante poco elaborado.

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No obstante “Los Vengadores: La Era de Ultrón” sigue siendo un entretenimiento más que digno, que no decae nunca en un ritmo vertiginoso en sus dos horas y media de metraje y que ofrece momentos auténticamente espectáculares, especialmente en su tramo central. Quizás precisamente sea el presunto climax final, el tercer acto, el que deja peor sabor de boca debido a su sensación de déjà vu en cuanto a su construcción comparada al primer film de “Los Vengadores“. Una vez más la idea del bigger is better, pero en este caso saliendo el tiro por la culata. Cuando más íntimos son los momentos, mejor funciona la cinta; y no por la trascendencia del momento en sí, sino porque son los únicos instantes en que el producto respira, en que deja margen tanto a los personajes como a la audiencia a digerir la trama, a asimilar lo que está pasando.

Nos quedamos pues con una extraña sensación, con la idea de que “Los Vengadores: La Era de Ultrón” es como un traje a medida mal hecho: por un lado constriñe hasta romper costuras, por otro queda demasiado grande para lo que contiene. Aunque, en el fondo, no deja de ser un colofón a una segunda fase de Marvel donde ya de por sí nada ha fluido de la mejor manera posible, siendo “El Capitán América: El Soldado de Invierno” el tope climático y dejando a estos Vengadores como una suerte de clímax de luxe de dicha fase. Un producto que casi se nos antoja como de transición en espera de lo que viene a ser la traca final. Mientras tanto, y con algo de ello flotando en desenlace final de la película, quizás es momento de que algunos de los personajes den un paso atrás buscando savia nueva, no sólo en el cambio de cromos de personajes, sino en los modos, en los planteamientos a desarrollar. Agridulce el sabor en la boca nos dejan estos Vengadores: un fail un tanto inesperado pero, paradójicamente, nada sorprendente. Demasiado hype, demasiado marketing para tan escaso bagaje cinematográfico.

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