Esta es la cuestión: querías irte este fin de semana a Cannes, a empaparte de todo el rollo cinematográfico y tal, que siempre queda bien, a lucir palmito y a coger los primeros rayos de sol en vacaciones… Pero te has quedado sin habitaciones. La Côte d´Azur está hasta los topes. Megde. El único consuelo que te queda ahora mismo es contemplar con ojos de lechuza la Colección Resort de Chanel para el próximo 2012 y pensar con calma los modelazos que escogerás para tus futuras vacaciones en la Polinesia francesa. Cómo no, Mr. Lagerfeld consiguió hacer de la presentación de su colección interestacional un evento mundial, megalómano y que eclipsó todo lo que ocurrió durante todo el día de ayer.

Previamente, el Kaiser y la prensa ya se habían encargado de calentar el ambiente a base de bien. El primero dejando caer un alucinante teaser de su último capricho fílmico, un corto de treinta minutos que, bajo el título “The Tale of a Fairy“, se proyectaría durante el esperadísimo desfile. El corto, en elegantísimo blanco y negro y color, y en palabras del propio Karl, “es una película sobre los excesos que provoca el dinero que empieza con violencia y acaba con sentimiento”. Y por él se pasearían Kristen McMenamy -eterna Musa del cambiante modisto-, Baptiste Giacobi, Freja Beha Erichson -que sale en tetas y que hace del hada del título-, Anna Mouglalis -con la que el hada en topless se da un buen filetazo-, Amanda Harlech y Mark Vanderloo (¿dónde estabas, cari?). Todos ellos parte del entourage que siempre rodea al Kaiser, con el que vive y del que se alimenta.

Los segundos, porque la prensa no tardó en publicar que el diseñador había reservado para la presentación de esta colección el carísisimo Hotel Du Cap-Eden Roc en Antibes, en la Riviera francesa, por los días que hicieran falta para llevar a cabo el desfile. Mr. Lagerfeld no es hombre de gustos sencillos y tampoco tiene ningún interés en ocultarlo, así que este viraje hacia el lado más lujoso de la ya de por sí lujosa costa de Francia (la anterior colección se presentó en Saint Tropez) es una demostración bastante clara. En un entorno idílico, bucólico, campestre y medido hasta el infinito, Chanel ponía en escena la última ensoñación de su creativo líder. La cosa se suponía que iba de hadas y de la Riviera francesa y de Rita Hayworth y de Aly Khan, que en su día fueron asiduas clientas de este excesivo e imponente hotel. Según palabras del propio creador, esta colección sería sensual y ensoñadora y se hacía en ese preciso lugar porque allí es donde la gente tiene que vestir a juego con los yates, donde a una hora determinada de la tarde puedes distinguir un diamante verdadero de uno falso. Un lugar en el que la gente quiere gastar dinero. Su colección hará que lo gasten con estilo.

El resultado ha sido, como era de esperar, uno de los eventos del año. Luminoso, excesivo y prácticamente perfecto. Las líneas maestras siguen siendo las mismas. Aunque Lagerfeld quiera apostar por una nueva sensualidad (y que me perdone el Kaiser, pero escoger a Blake Lively como imagen de la marca en América NO es el camino), su habilidad creativa es más cerebral que impulsiva. El crear desde el estómago y con el corazón es algo que nunca se le ha dado bien (y es algo que siempre envidió de Yves Saint Laurent), por ello sus creaciones son tan equilibradas, fascinantemente calculadas, irreprochablemente efectivas: perfectas. Apostando por el amarillo y los lilas (aunque con la siempre presencia del blanco y negro), en lo que parece una bofetada a los tiempos de austeridad y gris ceniza que vivimos los mortales comunes, la colección vacacional de Chanel no pierde de vista el tipo de clientas que la compra: adineradas y sin necesidad de hacer statement ninguno. Prendas súper ponibles, sencillas, que se adaptan a la perfección a la silueta femenina a base de chaquetas, tejidos vaporosos, alargando sus faldas por debajo de la rodilla y aderezando los looks con incrustaciones de joyas, plumas y motivos geométricos y arábigos.

Prendas ideales que recuerdan mucho a los gloriosos años 20, época dorada del Hotel Du Cap- Eden, y con la incisiva pluma de F. Scott Fitzgerald en la cabeza. Otro gesto de rebelión contra la actualidad económica con el que Karl Lagerfeld de nuevo ha dibujado una llamativa línea que lo separan a él y a su obra del resto del mundo. El es El Lujo. El contexto, en su caso, acaba siendo lo de menos.

[Estela Cebrián] [Foto 1 tomada de www.pleasemagazine.com / Foto 2 tomada de www.chanel.com / Fotos 3 y 4 tomadas de www.style.com]

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