Aunque en el mundo del lujo su máxima expresión sea la Alta Costura, esto no significa que las marcas vivan de ella. De hecho, en todo el mundo tan solo existen unas 3.000 personas que sean consumidoras de Alta Costura frente a los 6.000.000.000 de personas que lo pueblan. Esto conlleva que, para que las empresas puedan continuar con su negocio, deban extender sus líneas creando objetos más asequibles a los que pueda acceder una mayor proporción de la población. Y es aquí donde entran los perfumes, foulards, gafas y accesorios que, a pesar de tener un precio superior a un objeto de sus mismas características, no es tan exagerado para que todos nos los podamos permitir… ya sea ahorrando o apretándonos un poco más el cinturón durante el mes de la compra. La extensión de las líneas hasta este punto se trata de una práctica necesaria a la par que peligrosa, porque las marcas deben tener muy claro hasta dónde pueden llegar sin caer en la mediocridad (como en su día hizo Pierre Cardin a base de vender licencias sin ton ni son ni estrategia alguna).

Con la crisis, parece que esta necesidad se ha acentuado y vemos cómo, cada vez más, aparecen en el mercado objetos de lujo mucho más asequibles para “la plebe”. Las marcas empiezan a hacer concesiones en auténticos mitos… De entre estos mitos, el más controvertido sin duda es el del famoso bolso Birkin de Hermès (bolso que debe su nombre a la cantante y actriz inglesa Jane Birkin). Y es que durante temporadas ha sido uno de los más codiciados con listas de espera de más de 3 años y un precio que va desde los 6.000 € en su versión más barata hasta los 30.000 € para las pieles más exclusivas. Jamás se ha visto en tienda y ha provocado que las clientas más desesperadas lleguen incluso al soborno para conseguir uno de ellos. Pero con la crisis, parece ser que ésta lista de espera ha disminuido, incluso hasta llegar a ser inexistente. ¿La respuesta? Fuerte bajada en la demanda y su consecuente estabilización con la producción. Aunque también hay quien dice que jamás existió tal desequilibrio entre las dos variables económicas, sino que siempre fue una estrategia para mantener al público sediento del producto. Y, ahora que toda fuente de ingresos es buena, se han visto la necesidad de cesar tal práctica.

Entonces, ¿es cierto que el lujo está sufriendo los efectos de la crisis igual que lo hemos sentido todos nosotros? Particularmente son tres las firmas que me han llamado la atención en este aspecto. La primera, cómo no, la citada en el párrafo superior: Hermès y el ya no tan codiciado bolso Birkin. Pero también lo han hecho Chanel y Dior.

Por un lado Chanel saca a la venta y por tiempo limitado una colección de tatuajes temporales (que, personalmente, me parecen lo más, aunque lo admito… podrían haber sido mucho mejores) por un asequible precio de 75 $ y que puedes comprar online en su propia web.  Hace unos años, nos habría parecido impensable que una marca como Chanel pudiera comercializar un producto de tales características. Evidentemente, no está enfocado al target tradicional de la firma, sino que apunta a un público mucho más joven, atrevido, rebelde y con un poder adquisitivo muchísimo menor. De hecho, si tuviera 15 años y quisiera ser la más de la más entre mis amigas, no dudaría ni un segundo en gastarme estos 75 $. Y si no, vuelve a tu juventud y recuerda las barbaridades de dinero que te gastaste y sigues gastando en chorradas y que estas no vienen ni firmadas y ni mucho menos por Chanel. Ha nacido el día en que todos podemos llevar un Chanel, aunque sea una calcomanía que desaparece con unos cuantos lavados.

Por otro lado, tenemos a Christian Dior con una propuesta totalmente innovadora: unas lentes de contacto doradas con logo incluido. Tengo el corazón divido y realmente no sé si me encantan o me horrorizan. La verdad es que siento las dos cosas a la vez. ¿Hasta dónde llega el poder del logo? ¿Quién querrá lucir unas lentes de contacto en dorado chispeante con las iniciales del diseñador en ellas? Sólo se me ocurren dos tipos de personas, bueno tres: las Anas Obregones del Mundo, las travestis en sus performances y una petarda como yo, sí, yo misma. Me fascinan, me tienen cautivada, esa “lluvia dorada” en tus ojos, ¡cuánta luminosidad! El diseño viene a cargo del propio John Galliano, quien ha querido enfatizar y dramatizar la mirada a través de este “sutil” toque. Si como yo, estas ansiosa por conocer el precio, aún deberemos esperar un poquito. La verdad es que no creo que sean excesivamente caras, sino que el precio se asemejará al de las gafas de sol de la marca o de su maquillaje. Vamos, uno de esos caprichitos que, de vez en cuando, todos nos podemos pegar.

Así como la anécdota del bolso Birkin sigue perteneciendo a las esferas de la alta sociedad por mucho que las listas de espera hayan desaparecido (o bien se haya destapado que jamás existió alguna), la introducción de estos dos últimos artículos da una vuelta de tuerca muy interesante en el campo de las marcas de lujo. La verdad es que muero de impaciencia para evaluar el impacto que van a causar tan curiosos complementos y de ver con qué contraatacan el resto marcas. Sinceramente, me aterroriza pensar en una legión de logos invadiendo las calles, llegando a vulgarizar y hundir en el lodo más profundo lo que un día copó las esferas más selectas de la moda.

[M. Àngels Jover]

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