Sobre la dificultad de escribir al respecto de lo ocurrido en el Mad Cool 2017 sin levantar ampollas (y que te caigan palos)

En Fantastic Mag intentamos dar nuestra opinión sobre la trágica muerte de Pedro Aunión en el Mad Cool 2017 aunque levante ampollas (y nos lluevan palos).

 

En Fantastic Mag hace varios días que le damos vueltas a una cuestión que en verdad son muchas cuestiones: ¿preparamos un artículo sobre lo ocurrido en el madrileño Mad Cool 2017 el pasado viernes 7 de julio o no? ¿Deberíamos hacer un artículo meramente informativo que recogiera lo ocurrido? ¿Deberíamos ampliar ese artículo con las reacciones que llegaron (y siguen llegando) detrás? ¿Deberíamos añadir nuestra opinión al respecto? Al fin y al cabo, ¿a quién le interesa nuestra opinión?

Aun así, y como ya ocurrió en el caso del atentado terrorista en el concierto de Ariana Grande en Manchester, algo hay que hacer. Y es que, en ocasiones como esta, no hacer nada significa sumarse a la práctica moderna de mirar hacia otro lado para ver si la avalancha de memes y gifs animados y vídeos de gatos nos exoneran de tener que tomar consciencia de la realidad y, sobre todo, de tener que tomar partido. Así que, tras mucho debatirlo, los colaboradores de Fantastic decidimos que sí: que todos opinamos lo mismo y que, por lo tanto, lo mejor sería escribir un texto coral en el que esta opinión quede reflejada.

Primero, sin embargo, abordemos los hechos puros y duros (por si se da el caso de que todavía existe alguien que los desconoce). El pasado viernes 7 de julio, Pedro Aunión se encontraba realizando acrobacias sobre el escenario del Mad Cool 2017 en el que acababan de actuar Alt-j y al que a continuación debían salir Green Day. El artista, sin embargo, todavía por causas no esclarecidas, cayó desde una altura de 30 metros hacia el público del festival. Algunos de los asistentes grabaron dicha caída con sus teléfonos móviles y, por lo tanto, en escasos minutos todo estaba ya en las redes sociales por mucho que nadie sabía qué había ocurrido e incluso había quien pensaba que era parte del espectáculo.

No lo era. Llegó la Policía y la UVI Móvil, se estableció un cordón de seguridad… Y el Mad Cool 2017 decidió que Green Day salieran al escenario en el horario previsto (sin informar a la banda de lo ocurrido). La investigación dentro del cordón policial se realizó mientras el concierto transcurría con total normalidad. Si la reacción ya era caldeada en redes sociales, esta decisión levantó directamente la furia popular tanto entre parte de los asistentes como entre muchos de los que empezaron a seguir los acontecimientos desde fuera. El Mad Cool 2017, sin embargo, tardó más de cuatro horas en confirmar la defunción de Pedro Aunión a través de un comunicado tan parco en palabras como en humanidad a la hora de abordar lo ocurrido.

A partir de ahí, todo se complica. La organización del Mad Cool prometió un homenaje a Pedro Aunión de forma difusa que acabó realizándose a la jornada siguiente de forma más difusa todavía. Y, sobre todo, en esa larga tradición que tenemos en España de lanzarnos sobre los cadáveres mientras están calientes, hubieron ciertos medios que decidieron hacer primar el sensacionalismo (como el bochornoso artículo de Víctor Lenore para El Confidencial que no vamos a linkar aquí y ahora porque nos negamos a dar visitas a este tipo de bazofia periodística). También hubieron reacciones en redes sociales que han sido magnificadas sin ser corroboradas propiamente: supuestamente hay múltiples voces de situaciones irregulares dentro del trato del Mad Cool hacia sus trabajadores, pero todo está suspendido en el aire hasta que alguien ponga hechos verdaderos sobre la mesa y se dejen de firmar declaraciones como “los trabajadores del Mad Cool” (porque, al fin y al cabo, los trabajadores del Mad Cool son muchos y jugar al anonimato no resulta operante en situaciones como esta).

Lo que sí que está claro es que redes sociales como Twitter o Facebook están incubando un debate en torno a la seguridad en festivales… Un debate en el que, como ocurre últimamente, resulta prácticamente imposible dar ningún tipo de opinión sin ofender a alguien. Algo más complicado todavía si eres un periodista e intentas escribir algo sin parecer que te estás aprovechando de una tragedia para obtener visitas. ¿Cómo puede ser tan difícil para un medio de comunicación escribir sobre algo como lo ocurrido en el Mad Cool 2017 sin levantar ampollas y, sobre todo, sin recibir palos que vengan de múltiples direcciones?

Nuestro colaborador Miguel Róman tiene claro que, en esta ocasión, ni las buenas intenciones bastan: “Yo lo veo un tema un tanto peliagudo. Aunque la intención puede ser buena, es fácil que se de la vuelta. La gente es muy susceptible a todos estos temas“. Y David Martínez de la Haza va incluso un poco más allá: “Entre amigos, estas cosas pues se puede decir todo así con más libertad y sin herir sensibilidades. Pero en Twitter comprobé que hay gente que tiene la piel de papel de fumar. Yo puse este tuit recopilando la reacción de esta youtuber / influencer y, a pesar de la adhesión mayoritaria que tuvo, aisladamente se me acusó de demonizar a la muchacha, de ser un mongolo de Twitter y de ser policía de la moral“. Aquí el tuit en cuestión:

 

 

Aun así, repito: vamos a intentar dar nuestra opinión coral. Una opinión coral que apunta en primer término a lo innecesario de añadir peligros innecesarios y adicionales a un evento potencialmente peligroso como es un festival musical que congrega a un público tan elevado. David Martínez de la Haza arranca hacia esa dirección: “¿Por qué ese provincianismo de que mejor cuanto más se parezca un evento al Cirque du Soleil? O sea, dejemos a los festivales de música ser solo festivales de música… Esto parece que sería criticar al Sónar, pero no: el Sónar desde el minuto uno ha apostado por esa sinergia de conceptos que además está muy bien traídos. Al Sónar no se le ocurriría montar una carpa con leones y domadores. O sea, desgracias son desgracias y pueden ocurrir siempre. Pero ¿por qué no minimizar el riesgo de que ocurran?“.

Y Jose A. Martínez acaba por matizar esta apreciación de forma elocuente: “¿Por qué añadir más riesgos a un evento que, por su magnitud, tiene unos cuantos inherentes? Aquí se juntan varias cosas, además de lo dicho: 1) La tardía reacción de la comunicación del festival, 2) Las palabras demasiado escuetas al respecto, 3) Puedes aceptar los motivos de su decisión, aunque se supone que tienen los protocolos claros para situaciones inesperadas, 4) Las reacciones encontradas del público (madre mía, algunas perlas de Twitter…), 5) La reacción de los grupos (¿sólo decidieron cancelar Slowdive?) y 6) Las consecuencias económicas ante una posible cancelación. Vamos, que lo sucedido ha evidenciado un montón de cosas que pocas veces se nos pasan por la cabeza en los festivales“.

Esto lleva a sopesar aquello que ha afirmado casi todo el mundo: ¿por qué no cancelar la jornada de Mad Cool 2017? David Martínez de la Haza vuelve a abrir interrogantes: “El festival aduce que no dio información esa noche para no crear una situación de posible estampida o desalojo. Pero, entonces, ¿es que no estaba preparado para una situación de estampida o desalojo ante, imaginemos, una amenaza de bomba, un ataque terrorista, etc?“. Miriam Arcera sigue por esa línea: “No me parece bien que Mad Cool emitiera un comunicado cuatro horas después y se queden tan anchos. También entiendo que no van a cancelar el festival porque hay muchísimo trabajo detrás pero, joder, ni informar a los propios Green Day y dejar que la cosa siga sin más, no sé, no me parece correcto“. Y Jose A. Martínez cierra la reflexión recordando un caso paralelo (aunque no tan trágico): “Todo esto me hizo recordar la cancelación de la jornada más fuerte del festival PortAmérica hace tres años. Fue por razones meteorológicas: el peligro de tormenta eléctrica podía armar un jaleo del bueno. Llegaron a actuar los dos primeros grupos de la jornada, pero luego era una temeridad. Y tuvieron el arrojo de cancelar, nos les quedaba otra. El golpe fue tremendo, hasta se dudó de la continuidad del festival… Pero fue una buena decisión. Y el festival se recuperó“.

¿A qué conclusión nos conduce todo lo comentado? A ninguna. No hay conclusión posible ante una situación en la que todavía quedan muchos interrogantes por esclarecer. Ante los interrogantes, lo mejor siempre es dar un paso atrás y esperar a recopilar toda la información (y, sobre todo, toda la información verificada) antes de lanzar una opinión a la palestra. Aun así, y con todo lo que sabemos hasta ahora, yo me permito una única opinión que he ido contrastando en estos últimos días con muchos profesionales de dentro de la industria de la música y, sobre todo, de los festivales musicales. Seamos realistas: cancelar toda una jornada de un festival tan masivo puede que no fuera la reacción más plausible, sino que se debería haber optado por una opción más realista y, sobre todo, más humana. Creo sinceramente que la reacción desmesurada de la gente ha ido en consonancia a la falta de humanidad del festival: si el protocolo aplicado hubiera sido más humano, la gente seguro que no estaría demonizando a la organización.

En resumidas cuentas, lo que quiero decir es que no tengo ni idea de qué es lo que debería haber hecho el Mad Cool, pero lo que sí que tengo clarísimo es que todo lo que ha hecho el festival es precisamente lo que no debería haber hecho.

 

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