La originalidad es un concepto confuso e injustamente sobrevalorado en el mundo de la música, donde en muchas ocasiones aparecen lumbreras que se encargan de descalificar a tal o cual grupo porque no ofrecen nada nuevo y aupando al Olimpo de las nuevas bandas, eso sí, a las que tienen un sonido novedoso, como ya se ocurriera en su momento con The XX (algo que, dicho sea de paso y sin que sirva de precedente, fue totalmente merecido). Sin embargo, no acabo de entender qué tiene de malo disfrutar con un disco tan bueno como el que nos ocupa. De acuerdo, su sonido no es nuevo, no son excesivamente originales, pero estos chicos tienen personalidad, y eso se nota. Magic Kids son un grupo de cinco jóvenes estadounidenses que han decidido dedicar el título su álbum de debut a su ciudad de origen, la siempre activa musicalmente Memphis, para ofrecernos (dicho de manera rápida y sencilla) una ración de puro pop, inocencia adolescente con el único propósito de bailar y disfrutar. Vamos, una píldora que nos puede ser de ayuda para afrontar el temido síndrome post-vacacional con una dosis renovada de positivismo.

Hartos estamos de las comparaciones con The Beach Boys, pero es que esta vez sí que están más que merecidas, porque el sonido de la banda de Brian Wilson es de lo primero que se nos viene a la cabeza al escuchar por primera vez una canción tan redonda como esa “Hey Boy” que lleva ya haciéndonos salivar unas cuantas semanas: un tema corto en el que los coros de chicas del colegio introducen un single completamente triunfal, un serio candidato a una de las canciones del año, lo que la felicidad podría ser a la música. Tras la tensa espera, ya hemos tenido la oportunidad de escuchar este “Memphis” (True Panther / PopStock!, 2010) al completo y las sensaciones no podían ser más satisfactorias. El disco, para el que han contado con la ayuda de Shane Stoneback (puede que os suene, ya que ha trabajado con Vampire Weekend y Sleigh Bells) es sólido, limpio, completo y, lo mejor de todo, resulta que “Hey Boy” no es el único argumento que estos chicos tienen para convencernos. “Phone”, que es la primera canción del disco, es toda una declaración de intenciones: composición corta, juguetona, adornada por esos toques psicodélicos que la hacen tan pegadiza y ese estribillo de manual (“I’ll be waiting here… ‘till you come home”)… Beatles total. Después viene la nostálgica “Candy”, que gracias a esos angelicales voces infantiles nos transporta a una atmósfera hipnotizante con la que nos adentramos en otro de los puntos álgidos del trabajo: “Superball”. A estas alturas, ya nos hemos percatado de que la visión que esta gente tiene del pop es bastante más amplia de lo que parecía de primeras y, si no, que alguien trate de explicar esas progresiones y arreglos más complejos que asoman en “Summer” o “Sailin”.

Foster Bennett y los suyos arrastran una obsesión insana por la música de los años 60, plataforma que utilizan para mostrar esa realidad pop en la que viven: la de los diversos coros, la de las florituras orquestales y las melodías pegadizas. De acuerdo que se trata de una época musical más que explorada, pero es que Magic Kids tocan sus temas con una convicción inusitada para ser este su álbum de debut, hecho que juega claramente a su favor, al igual que la pericia que demuestran para caminar con éxito en esa fina y delgada línea de obtener un sonido propio a las primeras de cambio sin ofrecernos once canciones iguales… Cosa que, visto lo visto, no es tan fácil como parece.

Bien, hemos llegado a la conclusión de que estamos ante un primer disco más que recomendable, un trabajo que agradará a todos aquellos en busca de canciones alegres y despreocupadas, a todos que quieran rememorar durante unos minutos la música de los 60 combinada con lo mejor de grupos como Belle & Sebastian y algo del britpop de los 80. Sin embargo, el principal problema para Magic Kids no es otro que la dura competencia con la que tendrán que luchar por el título de “grupo pop del momento”, porque la cantidad de novatos que tenemos esta temporada en esta categoría es digna de estudio: Best Coast, Summer Camp, Candy Claws o Wild Nothing son sólo algunos de ellos. Notable álbum de estos chicos de Tenessee que no podía llegar en momento más oportuno a nuestros oídos, para amenizar con una gran dosis de optimismo y melodías irresistibles el final del verano. “Memphis” es algo más que un buen comienzo para la prometedora carrera de estos jóvenes.

[Javier Serrano]


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