En un idílico marco rural de Catskills, en el estado de Nueva York, un grupo de jóvenes, chicos y chicas, viven en comunidad en una destartalada granja. Las imágenes de inicio muestran composiciones elaboradas, como si se tratase de tableaux vivants. Imágenes del grupo bañadas de una mortecina luz de tarde y mostrando la cotidianidad de esta curiosa familia; una secta misógina liderada por un carismático personaje. Las mujeres, después de dedicarse a sus labores, esperan pacientemente en la penumbra a que los hombres de la comuna terminen su cena para poder comer ellas a continuación…

Martha (Elizabeth Olsen), rebautizada como Marcy May por Patrick (John Hawkes), líder de la secta y un auténtico encantador de serpientes, se levanta un día al alba y escapa de la casa, adentrándose en el bosque como Alicia en la madriguera del conejo: confusa y sin rumbo. Martha opta a la desesperada, no sin dudas, por llamar a su hermana Lucy (Sarah Paulson) tras dos años de ausencia. Ésta irá a su búsqueda y la protegerá en su país de las maravillas, en su perfecto chalet en frente de un perfecto lago con su perfecto marido, de algo que todavía no sabemos que es, pero que vamos descubriendo poco a poco mediante flashbacks. Martha está más afectada de lo que ella cree tras dos años de convivencia en la comuna, donde ha sido violada como rito de iniciación, donde le han hecho creer que tiene una función en la vida, un rol determinado, pero que a su vez debe someterse a la voluntad de los hombres; y donde le han inculcado que la muerte no es más que un pasatiempo, un acto de amor, tal y como le instruye Patrick, el sociópata folk. Sus acciones y prácticas en su nueva y provisional casa son bizarras (como entrar de hurtadillas en la habitación del matrimonio y acurrucarse en la cama mientras Lucy y Max hacen el amor) y su relación con su hermana y su cuñado es tensa y ortopédica. Su noción de lo real e inventado, lo recordado y lo soñado es cada vez más confusa. La paranoia de Martha crece a medida que van aflorando sus recuerdos o sueños, exponencialmente más violentos. Finalmente, la insostenible situación requerirá de una solución para Martha de mano de ayuda profesional.

El merito capital del joven Sean Durkin es la factura claramente independiente y muy elaborada de este su primer filme; pero, sobre todo, radica en haber descubierto en el seno de la familia Olsen, de los Olsen de siempre, un diamante en bruto, alejado de la grimilla anoréxica de sus hermanas mayores, las archiconocidas Gemelas Olsen, reinas de la front row. Elizabeth es un Maggie Gyllenhaal meets Scarlett Johansson, sin llegar a ser tan feapa como la primera. Pero, además de sus ojos de gatete persa, su trabajo es más que consistente en una interpretación que bascula entre el esfuerzo para recuperarse de algo que no sabe muy bien si ha sido bueno o malo, la paranoia de creerse perseguida, la seguridad del nuevo hogar y a la vez el rechazo que este le causa. No obstante, a pesar de las habilidades artísticas de Durkin con regusto a típica cinta independiente americana y las habilidades interpretativas de la benjamina de los Olsen, “Martha Marcy May Marlene” no pasa de ser un ejercicio repetitivo, con una aproximación muy superficial y predecible a los problemas de la protagonista por parte de Lucy. Carece de consistencia en general, quizás por no saber abordar la estructura fundamentalmente elíptica del film, haciendo de los flashbacks meros giros reiterativos. La tensión va en aumento a medida que discurre el filme, pero hacia mitad es inevitable perder el interés. No obstante, el final recupera esa tensión y eleva la narración para brillantemente dejarla en suspenso…. Como ejercicio y solamente por descubrirnos a la Olsen, se hace con el aprobado justito.

No Hay Más Artículos

Send this to a friend