Aprovechando su actuación en Barcelona, hablamos con Molly Nilsson de su nuevo disco “Zenith”, pero también de la libertad y de hacerse adulto.

Todos somos seres únicos. Y especiales para ciertas personas.Y, luego, además, está la gente extraordinaria. Hombres y mujeres que ven el mundo con poesía, con una sensibilidad fuera de lo común y que logran conectar con un montón de individuos que, aunque sean desconocidos, se identifican con lo que esa persona cuenta a través de su arte. Molly Nilsson es una persona así. Al verla, lo primero en lo que piensas es en la serenidad que transmite. Y en esa mirada azul glaciar que cuenta mucho más de lo que dice.

La propuesta de Molly Nilsson es sencilla, pero no por ello menos interesante. No va acompañada de músicos, ni siquiera toca ningún teclado o sintetizador, pero su voz grave y el magnetismo que transmite hacen de su directo algo especial. Y todo a pesar del constante murmullo que sufrimos a lo largo de su concierto el pasado 12 de diciembre en la sala Almo2bar. Concierto que colgaba el cartel de “sold out” desde varios días antes y que había sido organizado por el colectivo Cønjuntø Vacíø, gracias a quien ya pudimos ver a Molly en el 2014.

Aprovechando la ocasión hablamos con ella, entre otras cosas, de la libertad y lo que significa ser adulto.

Seguramente, mucha gente conoció a Molly Nilsson a través de John Maus. Ella es la autora de la canción “Hey moon!” que aparece en el disco de Maus, “We Must Become The Pitiless Censors Of Ourselves” (Ribbon, 2011), una de las canciones más bonitas del mundo (bajo mi humilde opinión). Al hablar con ella, es inevitable preguntarle por ello: “No fue una colaboración. En la época en la que creé la canción salíamos bastante juntos y estábamos mucho en contacto. Creé la canción y se la envíe. Él hizo una versión y no lo supe hasta años más tarde en 2011, cuando me preguntó si me parecía bien que la lanzara y le dije que sí. Fue algo estupendo porque mucha gente me descubrió a través de esta canción”.

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Molly Nilsson es una artista 360º. Compone, escribe y produce sus canciones, además de realizar videoclips para ellas y diseñar las portadas de sus discos. También tiene su propio sello discográfico, llamado Dark Skies Association, dónde edita su propio material: “Me encanta hacerlo todo porque es muy divertido y no puedo parar de hacerlo de esta manera. Disfruto muchísimo. Cuando hago una canción, ya tengo la idea del vídeo. Cuando acabo un álbum, tengo la idea de la portada en mi cabeza. Vengo del mundo audiovisual, así que para mí la parte de la imagen es de las más excitantes. Mucha gente me ha pedido colaborar con el artwork, pero para mí sería como cenar y dejar a alguien el postre: es lo más divertido.”

Escuchando algunas de sus letras y viendo su estética, se podría pensar que Molly es una persona algo tímida y oscura, que disfruta mucho de la soledad. Le preguntamos si en la soledad se encuentra la libertad, a lo que ella contesta: “No creo que sea el único lugar en el que puedas encontrar la libertad, pero la verdad es que me siento muy libre en ese estado. Especialmente cuando viajo, tengo momentos espirituales conmigo misma, de felicidad. También disfruto compartiendo momentos con otras personas, pero creo que es algo distinto. Es como un profundo eco que siempre disfruto yo misma.

Su música puede recordar algo a los 80, aunque para ella no es algo premeditado: “Nunca pienso que mi música sea de los 80, aunque los teclados son de esa época y tienen ese sonido. Me gusta mucho la música de esa época, el arte, las películas, la literatura… Pero, además, lo que me gusta es que fue una época en la historia de la humanidad en la que  había una gran creencia en el progreso y las expectativas eran de que todo iría a mejor. Luego llegaron los 90s y la crisis, y fue imposible que las cosas fueran a mejor, pero me gusta la inocencia de aquel tiempo. Creo que todavía es posible tener esperanza, pero mucha gente se rinde al cinismo. El cinismo es como una enfermedad y es muy contagioso. Me gustaría ver lo contrario a eso, pero es lo que hay. Aun así, creo que soy una persona muy positiva y tengo fe en las cosas buenas que tengan que venir, y eso es algo que me gusta compartir con mi música y creo que la gente también percibe. Creo en la magia, en los sueños…“.

Eso también lo transmite con sus composiciones. Si te paras a analizar la mayoría de canciones que existen en el mundo, casi todas hablan de amor y desamor, pero siempre hay alguien como Molly que se sale de la norma. Ella habla de lo personal y de lo universal, de la libertad o de la sensación de querer escapar de lo socialmente establecido: “Disfruto mucho convirtiéndome en una persona adulta, pero no en el sentido convencional de tener un trabajo estable, un coche y una casa. Me gusta en el sentido de convertirme en una persona más libre y poder hacer lo que quiero, además de que nadie me tiene que decir cuándo me tengo que ir a la cama. Es también la libertad de ti mismo, te conviertes en una persona más relajada… Cosas que te molestaban cuando eras más joven, como las sociales, lo que otra gente piense de ti o como te perciben, paras de preocuparte por todo eso y es un sentimiento genial. Creo que, cuanto mayor me hago, más joven me siento. Cuando era veinteañera me sentía muy mayor, y ahora me siento súper joven: es algo genial.”

Puedes encontrar su último álbum, “Zenith” (Dark Skies Association, 2015) a través de la tienda online de su discográfica Dark Skies Association. Actualmente, Molly Nilsson se encuentra trabajando en un próximo disco que espera presentar próximamente en España. [FOTOS: AnTruan]

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