¿Es “Morrowind” (y, por extensión, “The Elder Scrolls Online”) el juego que arruinará tu vida social este verano?

Da igual que hayas jugado o no a “The Elder Scrolls Online”… En el momento en el que empieces con “Morrowind”, ya te puedes despedir de tu vida social.

 

Otro posible título para este artículo sería “¿Cómo carajo me he enganchado directamente a “Morrowind” sin pasar antes por la casilla de salida de “The Elder Scrolls Online“?“. Al fin y al cabo, estamos hablando de la expansión de uno de los mundos online más queridos por los jugadores. Un mundo que, de hecho, tiene habitantes fieles desde el lejano año 2014, que es precisamente cuando se lanzó este título para PC (las versiones de Xbox One y PS4 se publicarían un poquito más tarde)… ¿No debería ser esto algo negativo para los jugadores recién llegados?

Porque no se puede eludir el hecho de que una expansión como “Morrowind” sirve a muy diferentes propósitos: por un lado, ofrecer novedades a los jugadores que siguen dándolo todo en el universo de “The Elder Scrolls Online“; por otro, atraer de vuelta a aquellos que abandonaron el juego en algún momento (por razones que solo a ellos les atañe); y, por último y no menos importante, atraer a nuevos jugadores que, a través de la expansión, se enganchen e incorporen a la aventura principal. En este último grupo me encuentro yo.

The Elder Scrolls: Morrowind

Pero vayamos por partes, que me doy cuenta de que he entrado a matar y aquí a lo mejor hay gente que ni siquiera sabe qué es esto de “The Elder Scrolls Online“. Realizando una simplificación extrema, podríamos decir que nos encontramos ante lo que los fans de “The Elder Scrolls” (ya sabes, la saga que últimamente nos ha entregado títulos tan icónicos como “Oblivion” o “Skyrim“) hacía siglos que pedían: un mundo online y abierto en el que poder jugar durante años junto a otros jugadores y no de forma solitaria. A ver, entendedme: aventuras como la mencionada “Skyrim” son archiconocidas precisamente porque, como diríamos de forma coloquial, “no te las acabas”. Sus mundos son extensos y están repletos de recovecos, sus historias son largas y con múltiples meandros y, sobre todo, sus misiones secundarias pueden conseguir que olvides muy fácilmente que estabas ahí para salvar al mundo, no para ayudar a personajes secundarios no, lo siguiente.

Así las cosas, es comprensible que los fans de “The Elder Scrolls” siempre hubieran soñado con un mundo online abierto en el que la línea argumental principal fuera un simple gancho para introducirte en un universo en el que sigas jugando junto a otros locos del tema por los siglos de los siglos… y amén. Eso fue “The Elder Scrolls Online” (a partir de ahora, permitidme reducirlo a “TESO“)… Y eso es también “Morrowind” a una escala mucho más pequeña que, por cierto, convierte a la expansión en la puerta de entrada pluscuamperfecta para aquellos que, a estas alturas, pensaban que meterse en “TESO” cuando ya hacía tanto tiempo que los fans estaban dándole caña.

Hablo de mi propia experiencia, que así lo entenderéis mejor. “Morrowind” empieza como cualquier otra entrega de “The Elder Scrolls“: vas en un barco, el barco es atacado, te hacen prisionero, te quieren vender como esclavo, ayudas a otros esclavos en una misión para liarla parda y escapar vuestro aciago destino, la rebelión triunfa, llegas a la isla de Vvardenfell, echas un vistazo… Y, ¡zas!, en toda la boca. De repente, ya eres el salvador del mundo y el único que puede ayudar a Lord Vivec (el monarca de estas tierras -o algo parecido-) a recuperar el poder que le están usurpando.

The Elder Scrolls: Morrowind

Hasta aquí, bien. Hasta aquí, todo muy “The Elder Scrolls“. Pero ocurre que esto no es un “The Elder Scrolls“: esto es “TESO“, amigos, y evidentemente pronto empiezas a notarlo. Puede que la dinámica sea similar a la de “Oblivion” y “Skyrim“: te vas cruzando con gente en el camino de tu aventura principal, esa gente te lía la cabeza para que les ayudes en sus movidas y, al final, acabas con chorrocientasmil misiones secundarias repartidas por toda la isla de Vvanderfell (que, por cierto, y según dicen -porque yo no me acuerdo- es clavadita a la que se pudo jugar en la tercera entrega de “The Elder Scrolls“). Esas misiones te llevarán por catacumbas, templos abandonados, mazmorras, minas y todo tipo de escenarios ante los que, a veces, se te quitarán las ganas de matar enemigos y simplemente querrás detenerte y disfrutar de lo que tienes alrededor. Al fin y al cabo, “Morrowind” es precioso a la vez que extraño, con esas setas inmensas perlando el paisaje de forma muy diferente (pero a la vez tan similar) a lo que nos tiene acostumbrados la saga.

¿Dónde está la diferencia entonces? También voy a recurrir a mi experiencia propia para hacer esta explicación lo más gráfica posible… Mirad, dicho así a las bravas, resulta que yo soy un mierdas. Un pelele. Soy malísimo en este tipo de juegos porque, básicamente, necesitas una cantidad ingente de tiempo para conseguir un personaje que chane y que parta la pana. Yo no tengo ese tiempo. Lo siento. Y, por lo tanto, mis personajes suelen ser unos tirillas a los que un esqueleto con un cuchillo de untar pan se los folla en tres, dos, uno. Lo guay de “Morrowind” (y de “TESO” por extensión) es que, en cuanto entras en una mazmorra, seguro que te encuentras con un grupo de jugadores que están ahí por lo mismo que tú. Aquí es cuando ocurre la magia: esos jugadores seguro que son más poderosos que tú, así que puedes pegarte a ellos como una puta sanguijuela, repartir yoyas por doquier y completar la misión sin despeinarte.

Es probable que, con el nivel que tengo tras unas escasas diez horas de juego (la aventura principal de “Morrowind” implica 25 horas de juego, y eso sin contar las misiones secundarias interminables), me mataran inmediatamente en todas las mazmorras en cuanto diera dos pasos. Pero, mira, esto de tener coleguis todopoderosos en “TESO” hace que yo también me sienta un poco todopoderoso… Aunque, lo voy a reconocer, la mayor parte de veces esos coleguis ni saben que existo porque me he unido a su grupo como una rémora, siguiéndoles desesperado para ver si se me pega algo de su éxito. Puedes charlar con ellos, pero yo es que soy súper tímido y hasta que no me entre alguien no voy a hacer amigos en “Morrowind“. #ForeverAlone.

The Elder Scrolls: Morrowind

¿Qué moraleja se extrae de todo lo que he dicho? Pues, mirad, es bien sencillo: estoy diciendo, básicamente, que juguéis a “Morrowind“… aunque eso implique que vayáis a acabar enganchadísimos a “TESO“. Al principio puede que no. Miradme a mi: la primera vez que me fui a un barquero y le dije “hazme tuya y llévame a tierras lejanas“, apareciendo en nosédonde fuera de Vvanderfell, casi me da un síncope y me pongo a llorar de puro cague y miedo. Era como sacar a un pez de una pecera y meterle en el mar. Todo a su ritmo, chiquis. Todo a su ritmo. Ya llegaré al mundo de “TESO“, porque por ahora estoy en “Morrowind“. Cada uno con su rollo.

Lo que sí que puedo aseguraros es que, por culpa de toda esta mandanga, a mi se me ha acabado ya la vida social para este verano. Me conozco, y si “Skyrim” era capaz de conseguir que las horas se convirtieran en días y los días en meses y los meses en años, va a ser mucho peor con “Morrowind” (y, sobre todo, con esa ilusión de que soy intocable y puedo completar las mazmorras más jodidas gracias a mis amigos que son unos campeones). Tened en cuenta que solo en crear a mi personaje (es decir: elegir cuánta barba le pongo, cómo de gordo lo quiero, si la nariz tiene que ser regordeta y aguileña… y todas esas posibilidades que ofrece el editor de personajes de la saga) ya tardé más de media hora.

Imaginad entonces el nivel de enganche que llevo… Sé que tendría que ir al gran volcán del centro de la isla de Vvanderfell para ayudar a Lord Vivec a recuperar su poder y tal, pero es que paso por al lado de un campesino que me dice que un matón del pueblo quiere meterle mano a su mujer, y ahí que voy yo como una fiera a ajustar las cuentas de mi amigo de toda la vida el campesino.. En eso consiste “Morrowind“. En eso consiste “TESO“. Y en eso consiste, al fin y al cabo, engancharte a un juego como este y darte cuenta de que los habitantes de esta isla repleta de setas gigantes te interesan más que los planes de tus amigos de toda la vida. [Más información en la web de “The Elder Scrolls Online: Morrowind”]

 

 

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