Ya lo habrás notado: absolutamente todo el mundo está enamorado del personaje de Deadpool… Por eso es necesario preguntar: ¿por qué?

 

La misma saga cinematográfica “X-Men” hace tiempo que dejó bien clarito que sufría serios riesgos de anquilosamiento y agotamiento… Cuando el tirón de las secuelas de los Hombres-X y de los spin-offs de Lobezno dejaron de funcionar en la taquilla, la 20th Century Fox decidió aplicarle un tratamiento de electroshock a la Escuela para Jóvenes Talentos de Charles Xavier por la vía del vintage de “X-Men: Primera Generación” primero y a través de la intrincada complicación de la línea temporal en la loable “X-Men: Días del Futuro Pasado“, que a la postre también supuso el regreso de Bryan Singer a la franquicia X (al fin y al cabo, él fue precisamente el padre de todo este tinglado, ¿no?).

Sea como sea, 20th Century Fox tiene los derechos de la saga “X-Men” y, quieran o no, eso supone una ventaja y una limitación con respecto al gigante Marvel: puede hacer con estos personajes y sus periferias lo que le dé la gana, pero no puede cruzarlos con otros personajes y sagas cuyos derechos siguen en manos de la Marvel. ¿Qué hacer entonces? Puede que el movimiento de la productora chirriara al principio para muchos: en vez de seguir exprimiendo la gallina de los huevos de oro de exhibir a Hugh Jackman con ajustadas camisetas de tirantes (y asegurara así que los gays van a perder el culo por pasar por taquilla) o de seguir rizando el rizo de la complejidad argumental de la saga central, se apostó por Deadpool, un personaje semi-desconocido para el gran público que ya había salido en una de las secuelas de Lobezno (por mucho que ahora quieran que te olvides un poco de todo aquello).

Tampoco es que fuera una gran apuesta: según el actor Ryan Reynolds, el presupuesto de “Deadpool” supone el diez por ciento del total de otras películas de super-héroes, así que se optó por la imaginación (y el recorte de efectos digitales) para suplir la falta de dinero. Pero, aunque no fuera una gran apuesta, sí que se puede intuir en las intenciones de la 20th Century Fox la voluntad de conseguir un movimiento similar al de la Marvel con “Guardianes de la Galaxia“: facturar un hit sin precedentes a partir de un semi-desconocido con un charm imparable. Ahora bien, el charm de Deadpool nada tiene que ver con el de Star-Lord y compañía.

Ni mucho menos: “Guardianes de la Galaxia” sería ese amigo que todos tenemos que es un poco moñas y que se ha quedado atrapado en la melancolía ochentera… Mientras que “Deadpool” vendría a ser ese tipo jodidamente punk y terrorista que nos gusta, nos encanta, nos flipa, pero con el que intentamos mantener cierta distancia para no vernos salpicado por su caos y por su tendencia a la entropía pura y dura. Lo importante aquí, sin embargo, es que todo el mundo está hablando de “Deadpool“, sus primeros días de taquilla han sido un verdadero éxito y, básicamente se acaba de posicionar como superhéroe favorito de todos aquellos que incluso nunca fueron demasiado adeptos a todo este rollo superheróico cinemático.

Así las cosas, toca preguntar: ¿por qué? ¿Qué carajo está pasando que de repente todo hijo de vecino se ha quedado medio loco con “Deadpool“? Resumámoslo en cinco puntos…

 

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1. PORQUE SUPONE UN SOPLO DE AIRE FRESCO EN LA ESCENA DE SUPERHÉROES CINEMATOGRÁFICOS. Ya no es sólo que la propia saga “X-Men” se estuviera quedando atrapada en sus propias limitaciones y en su tendencia hacia el aburrimiento, el déjà vu y el “esto ya lo he visto y necesito algo más excitante“. El problema aquí es que, gracias a la Marvel y su plan de dominación mundial con su Universo Cinemático (ahora también televisivo), el público en general está a un pelo púbico de la sobresaturación más absoluta.

Es ante este tipo de panoramas cuando hacen falta agentes libres que siembren el caos, ya que sólo a partir del caos se puede empezar a construir un nuevo orden libre de los vicios del anterior. “Deadpool” puede y debe insuflar nuevo aire a la saga “X-Men“, pero también a un cine de superhéroes demasiado tendente hacia el cliché de tipo bueno y torturado con superpoderes: Deadpool es un cabroncete que, sí, tiene un pasado trágico, pero eso no le impide ser un tipo divertido que se ríe continuamente de los clichés superheróicos y que incluso se atreve a derribar la cuarta pared para hablarle directamente al espectador usando la ironía como escalpelo para diseccionar todo aquello que creías saber de los mundos mutantes.

 

2. PORQUE ESTÁ PENSADA PARA CONTENTAR A LOS FANS DEL PERSONAJE, PERO TAMBIÉN FLIPARÁ AL PÚBLICO QUE DESCONOCE A DEADPOOL. Tanto el director debutante Tim Miller como el actor Ryan Reynolds han afirmado una y otra vez que la principal prerrogativa siempre fue que “Deadpool” debía respetar al personaje original y contentar a los fans primigenios: las cosas debían ser así… o no serían. Ello le ha valido una calificación “para mayores de 18 años”, lo que supone que el film debe convertirse en un éxito sin contar con las hordas de familias atrincheradas detrás de sus torres de palomitas de colores. ¿Cómo compensar esta presunta pérdida de público potencial? Tampoco es tan difícil: dale a los fans lo que quieren (es decir: barra libre de burraquismo en la línea del Deadpool de viñeta) y enamora a los espectadores vírgenes que, precisamente por ser mayores de 18 años, van a apreciar en mayor medida el rollo terrorista del personaje. Win win.

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