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Dice Eugenia de la Torriente que la alfombra roja de los Oscars cada vez es más previsible y menos arriesgada… Tiene parte de razón: cierto es que las actrices parecen cortarse un poco más a la hora de ponerse las cortinas de casa de su abuela nonagenaria adicta al croché y, ahora, no sólo se lo piensan dos veces antes de elegir sus trapos, sino que se hacen mucho más caso a sus estilistas para no aparecer al día siguiente entre las peores vestidas de la red carpet. Pero también es una crítica demasiado fácil, demasiado “todo nos parece una mierda” y demasiado circunscrita en el “melasudaelcoñismo” que suele empañar la opinión sobre estos eventos en lo que a moda se refiere. Al fin y al cabo, tampoco pidamos que las actrices vistan de Viktor & Rolf porque, después, resulta que igual nos hacen un Björk y acabamos riéndonos de ellas igual.

Disfrutemos entonces un poco más de propuestas realmente brillantes que, aunque no fueron capaces de competir contra la selección de algunos de los mejores diseños de moda de la historia del cine que decoraban el acceso al Royal Theatre, sí que deslumbraron por derecho propio. Por encima de todo y de todas, Jessica Chastain repitió el éxito de los Golden Globes luciendo un sobrio Armani Privé y dando continuidad a su rollito de actriz clásica del cine noir. Muy de cerca le seguía una estilizadísima Amanda Seyfried en un Alexander McQueen con corse que alargaba su busto de forma espigada y dejaba al descubierto unos brazos espectaculares. El top 3 lo completaba, sin lugar a duda, una Jennifer Lawrence en un Dior Haute Couture sobre unos taconazos que la convertían en una amazona en versión delicada. Más allá del podio, no hay que perder de vista a otras aspirantes como Anne Hathaway (en un Prada tremendo que se vio eclipsado por un extraño efecto que empieza a ser conocido como Les Nipplerables), Zoe Saldana (dando más importancia a su futuro encarnando a Nina Simone que su modelazo), Charlize Theron (de blanco nuclear en un palabra de honor también Dior Haute Couture que resaltaba especialmente su masculino corte de pelo) o Amy Adams (apostando por la pomposidad… y acertando).

Pero vamos a por lo que nos interesa: a por el “todo nos parece una mierda”. Y aquí hay que abrir una sección especial “Watch The Throne” en homenaje a la portada de Kanye y Jay-Z: ese barroquismo dorado epítome de la fiebre del oro rapera es el principal referente a la hora de valorar los trajes de Catherine Zeta-Jones y Nicole Kidman. En su variante brillibrilli destacaban -para mal- Sandra Bullock (ella dice que iba de Elie Saab, pero hay serios indicios de que más bien iba de Swarovski), Adele (que parecía una columna barroca con millones de acabados de mármol negro) y Halle Berry (si ella piensa que el hecho de que Donatella Versace diseñe su traje pensando en las chicas Bond es algo positivo, es que no tiene ni repajolera idea de moda). Cierra la lista de las peores vestidas un versus de frío contra calor protagonizado por la sosa de Reese Witherspoon en un Louis Vuitton que debe ser de su línea para damas de honor de bodorrio hortera yanki contra una Jennifer Garner pecando de exceso de ponerse un Gucci que le hacía parecer un papagayo ultravioleta. Mención final para Kristen Stewart, ante la que sólo se pueden emplear tres letras y un símbolo de interrogación: WTF?

Y aunque los hombres nunca son los protagonistas de este tipo de eventos, fue imposible no rendirse ante el rey de este particular “Juego de Tronos“: un Bradley Cooper que seguro que va a poner de moda el chaleco de cara a siguientes ediciones… y que tuvo la valentía de presentarse en la gala con su madre vestida con lo primero que pilló del armario y ¡en zapatillas deportivas! De cerca le seguían, eso sí, Joseph Gordon Levitt y George Clooney (el primero simplemente porque sí y el segundo porque seguramente obligará a la creación del grupo de FacebookQuiero ser la barba de George Clooney“). Por último, en el terreno de la duda queda Jamie Foxx: la pajarita con brillantes es un “bien” mayúsculo, pero la inevitable sombra del “look pimp” ensombrecía ligeramente el conjunto. ¿En algún momento nos pondremos las pilas los hombres a la hora de asistir a los Oscars?

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