Planilandia” (publicada en nuestro país por El Barquero en 1999) es algo más que una novela: es un ensayo matemático cifrado en una ficción juguetona y amena. Es una llave. Una llave que tiene la capacidad de abrir la mente del lector. Porque si este decide ir más allá del aspecto matemático del relato y de su condición de sátira social, puede llegar a un territorio mucho más desafiante: una invitación a poner en duda la percepción cotidiana que tenemos de todo, un tratado sobre las distintas dimensiones que no defiende respuestas absolutas, sino que plantea las preguntas adecuadas y propone teorías posibles en forma de meras conjeturas que el lector puede abrazar o no.

El libro está dividido en dos partes: la primera nos presenta una sociedad geométrica en un mundo en dos dimensiones. Nuestro narrador, una de las figuras de “Planilandia“, nos guiará a través de distintos aspectos de su tierra, explicándonos el funcionamiento de esta y de su sociedad. Así, algunos de los capítulos de esta primera parte son sobre el clima y las casas de Planilandia o sobre los sacerdotes del lugar. Se trata de una divertida propuesta llena de ciencia ficción y sátira social que nos servirá, además, para sumergirnos en la realidad de esta figura que comparte el funcionamiento de su bidimensional patria con nosotros.

Pero, aunque esta primera parte sea buena, la verdadera gracia de la obra reside en el segundo tramo, donde nuestro narrador nos relata un episodio de su vida que ha cambiado su percepción de todo: el encuentro con una figura proveniente de un mundo de tres dimensiones, una esfera. La esfera lo educará sobre la existencia de otras dimensiones (espacios unidimensionales, espacios tridimensionales, etcétera), lo que llevará indefectiblemente tanto al narrador como, seguramente, al lector a plantearse muchísimas preguntas sobre todo este asunto dimensional.

Se trata de una estrategia magistral: el autor propone la conjetura sobre ulteriores dimensiones creando esta parábola donde es un ser de dos dimensiones el que descubre un universo con una dimensión más, retándonos a imaginar, a su vez, otro universo con una dimensión espacial adicional. Estamos ante un libro precursor que innovó como pocos en el terreno de la literatura científica fantástica cuando se publicó por vez primera, hace ya más de un siglo (1884). Removió los cimientos de las cabezas de mucha gente por aquel entonces y quizá lo más maravilloso de todo sea que, pasados más de cien años, aún tiene la capacidad de seguir haciéndolo.

[J. Quijano]

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