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Nueva escena del folk femenino español… Vaya, ya ha tenido que aparecer la dichosa etiqueta. Pero hay que ir desterrándola definitivamente, sobre todo ante la evolución musical y artística de las que (se suponía que) eran sus protagonistas. Un buen ejemplo de ello es el de Alondra Bentley: desde que publicó su álbum de debut (“Ashfield Avenue” -Absolute Beginners, 2009-) hasta que apareció su última referencia en largo (“The Garden Room“ -Gran Derby, 2012-), se ha ido apreciando cómo se abría su campo estilístico, siempre dentro de un sonido acústico transparente y perfectamente pulido, hacia espacios teñidos de pop e incluso de soul. En ese proceso de cambio hay que incluir también su incursión en un género aparentemente sencillo pero en realidad complejo, no apto para todos los músicos: el infantil, en el que Alondra entregó el delicioso “Alondra Bentley Sings for Children, It’s Holidays!” (Gran Derby, 2012), con sus correspondientes conciertos de presentación pensados para niños… y no tan niños.

Es decir, que la cantautora británica criada en Murcia rompió sus propios moldes poco a poco para ir explorando nuevos terrenos, lo que obligó a pensar que se había desprendido del rígido corsé folkie contemporáneo patrio. “The Garden Room“ ha sido la señal concluyente: con la ayuda en la producción de Josh Rouse, ha enriquecido su cancionero sin abandonar el carácter personal y dulce de sus textos, hecho que se traduce en cada uno de los directos de una extensa gira por toda la geografía española que se ha trasladado estos días a Galicia: ayer, jueves 7 de marzo, inició su periplo galaico en Santiago de Compostela (Casa das Crechas); hoy, viernes 8, continuará en Pontevedra (Sala Karma); y mañana, sábado 9, finalizará en Vigo (La Casa de Arriba).

Por lo tanto, tras haber conocido hace unos meses algunos aspectos íntimos de Alondra en una elegante Fast Date, esta vez toca hablar con más calma de “The Garden Room”, de su generoso tour de conciertos y de aquellos detalles de su trabajo que confirman que, a estas alturas de su trayectoria, no necesita ser comparada con otras artistas afines para destacar su valía y sus virtudes.

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Lo primero de todo: ¿cómo ha sido la experiencia ‘Alondra Bentley & Friends’ en el Teatro Lara el pasado 20 de febrero? Creo que nunca me lo había pasado tan bien tocando. Fue un lujo gigantesco tener a tantos amigos talentosos colaborando conmigo en un entorno tan maravilloso como es el Teatro Lara. Además, fue un día lleno de casualidades extrañas. Desde hacía semanas teníamos preparadas dos versiones de Kevin Ayers para la ocasión: una de ellas sería “May I” adaptada al castellano, canción que canté a dúo junto a Nacho Vegas acompañados también por Abraham Boba y Luis Rodríguez; la otra, “Religious Experience”, con todos los invitados sobre el escenario para terminar el concierto. Fue durante la prueba de sonido, horas antes de salir a tocar, que se conoció la noticia de la muerte de Kevin Ayers, así que la noche no sólo fue un homenaje para él sino también una emocionante despedida.

Ese concierto tan especial se incluyó en la gira a propósito de tu nuevo disco, “The Garden Room”, extensa y repleta de fechas por toda España. ¿Es una señal de que prefieres el trabajo sobre el escenario que el estudio? ¿O es posible que refleje las exigencias que todo músico debe afrontar para salir adelante tal como se encuentra la situación actualmente? No creo que sea cierta esa idea que se ha extendido de que los grupos nos hemos tenido que echar a la carretera para ganar algo de dinero; diría que este es el momento más difícil para ganar dinero tocando que ha habido en mucho tiempo. Viajar por todo el país requiere una inversión grande que sólo es rentable para unos pocos privilegiados. La verdad es que la gira de “The Garden Room” está yendo sorprendentemente bien, y me siento muy afortunada de tener tantísimas actuaciones. Tocar en directo es lo que más me gusta… Si por mí fuera, lo haría a diario.

Recientemente, dentro de tu plan de directos también preparaste funciones pensadas para niños, algo que algunos artistas realizan cada vez con más frecuencia. ¿Con qué te quedas de esa clase de shows? Lo que más me gusta es lo honestos que son los niños, de ahí que se diga que es el público más exigente: si se lo están pasando bien, te lo hacen saber; y si están aburridos, también. Por eso es super-fácil detectar qué cosas funcionan bien en las actuaciones para niños, enseguida sabes si están disfrutando o no. Las actuaciones que hago con ellos son una mezcla de canciones, juegos y cuentos en los que se puede interaccionar, divertirse y, ya de paso, hasta aprender algo de inglés. Al final siempre enloquecen e invaden el escenario, es su parte preferida.

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