¿Qué pasaría si mezclásemos “Dragon Ball“, Johnny Ryan, toneladas de sangre y penes? Pues que tendríamos un pedazo de cómic como “Pudridero” (nefasta traducción del título original: “Prison Pit“), que nos llega gracias a la colaboración de Entrecomics Comics y Fulgencio Pimentel. Esta obra tiene el sello inconfundible de su autor: humor corrosivo, escatología, violencia y mucha, mucha mala hostia. La historia arranca in media res: el protagonista de la historia, un guerrero llamado Cannibal Fuckface que es aprisionado por una raza alienígena, es desterrado hacia un lugar inhóspito con tintes post-apocalípticos, la prisión Prision Pit. A partir de este momento, nuestro anti-héroe se verá inmerso en peleas a vida o muerte con seres asquerosos y grotescos que sólo intentarán comérselo y violarle o viceversa. La ley del más fuerte. Joderse o joder.

Nos encontramos con un tomo repleto de excesos y de actos aberrantes. Una historia que perfectamente podría haber sido pensada y dibujada por un niño perturbado en sus ratos libre, entre clase y clase. Tal vez lo único que nos dé indicios de que esta maravilla ha sido ideada por una mente adulta son todas las referencias sexuales que se hacen a lo largo de la historia: caer por un agujero a través de un tobogán, bichos con cara en forma de vagina, cactus con agujeros que rezuman semen -fluido viscoso de gran importancia porque, tratado debidamente, puede convertirse en una súper droga-, etc… Vamos, poesía.

Pudridero” está tan concentrado en una única idea -la violencia- que lo convierte en una obra pura. A diferencia de toda la industria mainstream del cómic, la serie de Johnny Ryan no demanda al lector unos conocimientos de base para poder disfrutar de ella: es una historia que te engancha desde la primera viñeta. El dibujo de Ryan no podría casar de mejor manera con el tono de la historia, configurando una composición de viñetas férrea en un potente blanco y negro. No hace falta ni una gota de color para transmitir al lector esa sensación de suciedad y asco que supuran todas las ilustraciones.

La edición castellana recopila en un volumen en tapa dura los dos primeros tomos de la edición original. En Estados Unidos, por ahora han sido publicados tres tomos -el cuarto está al caer- de seis. Por lo tanto, se espera que aquí se recopile en tres volúmenes en tapa dura. Sin embargo, recomiendo encarecidamente la edición original por dos razones de peso: la primera, obviamente, es la traducción del título (que repetimos: es de vergüenza ajena). La segunda es el propio lenguaje del cómic: tanto mal hablar en español acaba perdiendo contundencia porque, para que engañarnos, los americanos saben insultar muchísimo mejor.

Splatter, gore, autofelaciones, entes monstruosos, humor retorcido, violencia verbal, física y de todo tipo. Si eres de esas personas que saben apreciar todas estas bonitas palabras, este es tu cómic. Por mi parte, puedo afirmar que actualmente la obra de Johnny Ryan está entre mis preferidas y me pongo más histérico que una fan de Take That cuando tiene que salir un nuevo tomo. En resumen, sólo se me ocurre una manera de definir en toda su grandeza esta obra, y es usando un concepto/expresión concebido por un buen amigo mío: “Prison Pit” es la pollaca.

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