Las hermanas Kaplan, Piper (23) y Skylar (16 recién cumpliditos), antes se hacían llamar Pearl Harbor. Por ningún motivo en especial, sencillamente porque el nombre les gustaba. Lanzaron un EP en 2008 a través de Mexican Summer que se tituló “Something About the Chapparals” en homenaje a los calurosos días de su California natal. Allí se podía entrever lo que vendría a ser su “sonido” un par de años después… Con aquéllas canciones glo-fi, ensoñadoras y de enorme teen spirit (“Luv Goon“, “California Shakedown“…) llamaron la atención de Ariel Pink, pater familias del revival 80s por la vía de la narcolepsia cultureta, que no dudó en llevárselas de gira. Desde entonces, el runrún alrededor de estas dos rubiacas y jovencísimas aficionadas a los hot pants y la purpurina facial ha sido incesante. En Gorilla Versus Bear llevan babeando meses con la salida de “Headbangers in Ecstasy” (Mexican Summer, 2011), su primer larga duración ya bajo el nombre de Puro Instinct, y no dudaban en clamar que lo consideraban desde ya uno de los discos del año. Un ejemplo clarísimo de lo mucho que han gustado en la red.

El primer single que se pudo escuchar -editado en un precioso 7´´ dorado- fue “Stilyagi“, en el que contaban con la colaboración de Pink en algunos arreglos, voces y que no tenía problemas en salir de traje ochentero en su muy brumoso videoclip. “Stilyagi” reúne todo lo que Puro Instinct quieren ser, concentra todas sus referencias (que son muchas) y es lo mejor que han hecho hasta el momento. La canción condensa un refrito de referencias pop de las últimas dos décadas que van de Mazeratti a My Bloody Valentine pasando por China Crisis con la coartada friki de recibir su nombre de una subcultura soviética que se alimentaba de hipsters contrarios al régimen comunista y que mataban por una juke box y una buena canción de Elvis en los años 50. El look del videoclip es una fusilada de lo más interesante de la película de Valeri Todorosky (“Stilyagi“, 2008) sobre este mismo movimiento, que a su vez, es una constante en la vida de estas dos muchachas. En una entrevista a Pitchfork -cuando aún eran Pearl Harbor- reconocían que les flipaba la new wave rusa (ni me pregunten, porque ni idea; sólo se me ocurre tirar de videoteca del Festival de Eurovisión para encontrar alguna referencia)- y, tanto en su blog como en el arte de sus vinilos, el cirílico tiene una presencia muy desconcertante. Incluso en la portada del disco (lo mejor, sin duda), ellas se presentan tumbadas en una cama llena de terciopelos, satenes y oropeles encorsetadas, emperladas y lánguidas como dos Anastasias a puntito de salir por patas del Palacio de San Petersburgo para perderse en el tiempo.

Esta obsesión por algo tan friki como la nueva música rusa (siendo ellas de California) y esas ganas de marcar alguna diferencia original con el resto de los mortales son el motor de esta banda que comparten con Dodi Porter, Jessie Clavi, Mike Baum y Crazy Murray. “Headbangers in Ecstasy” tiene esa pretenciosidad y esas irrefrenables ganas de hacer algo auténtico que sólo se tienen antes de los 25. Luego, se desarrollan el sentido del ridículo y de la realidad y, en muchos casos, la genialidad se diluye con la edad y se pierde. Por eso este disco es tan llamativo… Por eso y por nada más. Pudiendo ser la típica música de dormitorio que dos niñatas grabaran con sus colegas en las tardes de domingo en su casa -mejor eso que estar persiguiendo bolos de Camela y discutir cuántos eran al principio, todo sea dicho- la cosa queda en un curioso experimento, una dulce metáfora de la adolescencia y sus estertores finales, y se materializa en unas canciones cuyos grandes defectos son algunas virtudes que las hacen simplemente entrañables.

Las diez canciones de este disco (sin contar los interludios radiofónicos) tienen muchas ganas de brillar. Pero querer no siempre es poder, y lo que queda al final de algunas escuchas es una preocupante sensación de indiferencia. Ni la ayuda de Ariel Pink en un par de temas levanta un minutaje que oscila entre lo anodino y lo aburrido y que peca de lánguido y de poser. De tener mucho envoltorio pero ningún contenido. “Headbangers in Ecstasy” es molestamente vacuo y pretenciosamente ensimismado. En él, no hay ni rastro de headbanging y, lo que es peor, ni pizca de ecstasy. Sus arreglos están tan medidos, tan calculados y tan rebuscados que lo alejan del dream pop que pretende ser para dejarlo en un batiburrillo lo-fi sin pies ni cabeza; el esfuerzo de Piper y Skylar por sonar desganadamente shoegazing puede provocar sopor en el oyente, y su falta de entonación marca una línea que se diluye a las cuatro canciones para fundirse en la neblina de los arreglos musicales. Sólo algún que otro momento de lucidez y originalidad (la hypeada “Stilyagi“, la excesiva “Escape Forever” con su momento de saxo -instrumento que parece imprescindible este año- y la tierna “Lost at Sea“) lo salvan de una zozobra de sopor y desinterés total.

La producción dista muchísimo de merecer que se compare a otros estrenos de jovenzanas con intenciones que sí consiguieron emocionarnos (Best Coast, con la que comparten sello), y el paisaje sonoro que quieren representar les queda grande y en el disco se antoja inabarcable: dream pop, white noise, sintes lo-fi, chill wave desinflado, shoegaze superficial, canción de autor americano, bandas sonoras… El entramado final acaba siendo una cafetera a la que, inexplicablemente, le sobran piezas después de volver a montarla. Si bien es cierto que las hermanas tienen cierta habilidad para escribir canciones y confeccionar melodías, les pueden las ganas de ser cool. Consideraremos el pretexto de la edad, pero no puedo evitar pensar en otras bandas de niños prodigio (Kitty, Daisy & Lewis, por ejemplo) que también se aferraban a una estética y ritmos musicales muy concretos para divertirse y a los que la jugada les quedó deliciosamente redonda.

Pero Piper y Skylar todavía son jóvenes, y contar con el revuelo que han formado en blogs y prensa internetil no es poca cosa. Su futuro puede ser prometedor, brillante como un costurero lleno de lentejuelas pero aún difuso y vago como ése blur que tanto les gusta meter en sus vídeos y decoraciones. Con los años, “Headbangers in Ecstasy” será el disco que miren con nostalgia o que, definitivamente, odien. De momento, se queda en un interesante pasatiempo del que, seguramente, los que no estamos implicados directamente en él ni recordaremos dentro de unos meses.

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