Asistir al Primavera Sound ya empieza a ser como una boda. Pasa en un plis, mientras dura te parece que estás sobre una nube y cuando termina te queda un vacío grandísimo que no sabes con qué ocupar. Por suerte tenemos el Sónar, si no, la vida hasta el próximo sería durísima. Este ha sido el año en el que el festival ha tocado techo, hemos sido más de cien mil almas en el Fòrum y, por tercera edición consecutiva, las gafas oficiale y las más llevadas han sido las Ray-Ban. Por goleada. Primero porque “en el Ray-Ban” disfrutamos de conciertos míticos: “vamos al Ray-Ban a ver a The xx (y jodernos el hairdo con la lluvia), vamos al Ray-Ban a petarlo con The Bloody Beetroots Death Crew 77, vamos al Ray-Ban a ver cómo la lían Fuck Buttons…”. Y luego porque cuando nos queríamos poner en plan íntimo podíamos ir a la carpa Ray-Ban Unplugged (cuyo exterior se conviertió en el checkpoint Charlie de las quedadas). Y segundo porque los cristales polarizados de la marca cubrieron miles de pares de ojos resacosos y con fotofobia. Las más vistas: las Wayfarer (classic!) Las más atrevidas: las Aviator. Mis preferidas: las Clubmaster. Cada vez hay más donde elegir… y así lo atestiguan las mil fotos de los artistazos que pasaron por el festival con alguno de estos modelos tapando sus ojos.

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