Veintitrés años, seis discos, números uno a chorrazos, mil cambios de imagen, una polémica de las gordas y Rihanna todavía busca su sitio: sigue dando vueltas sobre sí misma sin tener muy claro todavía si es santa o puta. Y de ahí le salen los discos que le salen: desquiciados y aquejados de personalidad múltiple. “Talk That Talk” (Def Jam, 2011) no es una excepción como no lo fueron “Loud” (Def Jam, 2010) ni anteriormente “Rated R” (Def Jam, 2009). Y como todas las enfermedades mentales si no se tratan van a más, en su sexto disco a RiRi se le enreda el chocho de mala manera y entrega su álbum más disperso hasta el momento: deja que sus productores piquen de aquí y de allá, que exploten lo que hasta el momento le había ido bien y le añadan nuevos ingredientes. Así, al rollo de mega diva pistera y mainstream que ya conocíamos se le añade un poquito de esencia ravera british de la mano de Calvin Harris y otro pelín de rollete dancehallero que en “Man Down” le fue muy bien. Y el resultado es… esto.

Vayamos por partes. Rihanna nunca ha sido artista de disco. Lo suyo ha sido petarlo a base de singles trallazo que han dejado en permanente jaque mate a sus competidoras, directas (Britney, Beyon…) e indirectas (Ke$ha y otras mamarrachas). Pero todavía no cuenta con un disco del que alguien pueda afirmar: “está bien de principio a fin”. Así que lo de “Talk That Talk” no debería sorprender. Y, de hecho, no lo hace. A estas alturas ya no se espera que la diva entregue un disco cien por cien bueno (de hecho, en los tiempos que corren, ¿quién puede?). El problema no está aquí, no. El problema es que, aunque sabíamos que después de la tralla ravera de “We Found Love” vendría algo gordo a la vez que raro, lo que nos ha traído la de Barbados en su ya típica entrega anual nos ha dejado del todo ojipláticos: una locura desfasada, inconexa e incomprensible en la que RiRi se empeña más que nunca en enrocarse como reinona sado, princesa guarrona y soltera salida. Todo en “Talk That Talk” gira en torno al sexo y al uso o abuso de él y todo va de RiRi siendo más marranota y más mala que nunca -y ya es decir- y de chupar, lamer, comer, morder, pegar, etc (para más información, cogerse la letra de “Cockiness (I Love It!)“: “Suck my cockiness / Lick my persuassion“)… Para luego dar algún que otro volantazo como el de “Roc Me Out” donde dice que tiene un “dirty secret” y que solo es “I just wanna be loved… Lo dicho: ¿santa o puta?

De todas maneras, Rihanna sigue siendo una máquina de ejectuar hits. Ahí están la ya consabida “We Found Love” -megatrallazo clubero del año- y “Where Have You Been“, ambas facturadas por el Rey Midas del dance europeo, Su Alteza Real Don Calvin Harris De Todos Los Santos y Fines de Semana. El de “Ready For The Weekend” (Ultra, 2009) parece haber sido consciente de la pedazo de oportunidad que se le plantaba delante del jeto -a saber: poder petarlo a lo bestia overseas a lomos de ese caballo ganador en lo que a ventas se refiere que es Rihanna– y ha metido toda su carne en el asador para parir dos bombazos cargados de nitroglicerina bass y regusto trancero. Un tándem que se convierte en un auténtico desquite hormonal y trallero hecho única y exclusivamente para provocar roales en las axilas y favorecer la llegada de más hijos al mundo concebidos de madrugada en el párking de alguna macrodisco del extraradio. Pero no contenta con hacer realidad el sueño húmedo de Calvin de convertirse en aclamado productor allende los mares, RiRi hecha mano de viejos (Jay-Z en “Talk That Talk“) y nuevos amigos (sampleando la “Intro” de The xx en “Drunken Love“) en las dos mejores entregas del álbum -trallazos drogaínicos aparte-. Faltaría quizá incluir una nueva colaboración con Drake (para darle continuidad a la muy pegadiza “What´s My Name“), pero esa se la ha quedado el rapero para su propio disco. Lástima.

Llegados a este punto, los chorizos y las morcillas ya están listos. Lo único que queda de “Talk That Talk” es un poco de tripa que se desangra en la palangana y poca cosa más. En “You Da One” y “Suck My Cockiness” explota esa venilla dancehall que tan bien le fue en “Man Down” -¿su mejor canción hasta el momento?-, se arranca con algún momento R&B (“Birthday Cake” y “We All Want Love“) y cierra con Farewell, tan obvia como anodina. Al final, después de los casi cuarenta minutos que dura el disco, una no sabe qué pensar. Quizá es que el mundo no ha tenido tiempo de echar de menos una canción de Rihanna y, aunque con “We Found Love” consiguió despertarnos de la siesta, “Talk That Talk” es tan desquiciante como repetitivo e innecesario. Brilla en alguna ocasión pero por lo general aburre a las piedras. Mi consejo, RiRi, es que te permitas vivir un añito de las rentas, decidas qué chaqueta te queda mejor -dale un toque a Britney, que también tuvo sus dudas y volvió triunfal y choni como nunca con “Femme Fatale” (Sony BMG, 2011)- y nos dejes echarte un poco menos. El público y tus caderas te lo agradeceremos.

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