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Alpha Decay publica la recopilación de cuentos cortos de Tao Lin bajo el (sugerente) título de “Sexo Tras Unos Días Sin Vernos”… Lectura primaveral obligada.

 

Cuando el nombre de Tao Lin emerge por ahí, suele acompañarse siempre del típico epíteto característico de muchos escritores con un estilo muy marcado (Alessandro Baricco así, como primer ejemplo a la cabeza), ese “o lo odias, o lo amas“, ese “el que tiene tantos detractores como fans y nadie se pone de acuerdo“. Con tal premisa, no es sorpendente que el joven escritor norteamericano despierte tanto tecleo e interés… y ventas, claro. Hordas de lectores se abalanzan sobre las estanterías de las librerías -ya sean virtuales o no- impulsados por esa extraña curiosidad de saber qué lector serán ellos, si lo amarán o lo odiarán. El caso es que se ame, se odie o se desconozca, no hay que pasar por alto la novedad que el autor publica ahora de la mano de Alpha Decay: “Sexo Tras Unos Días Sin Vernos“.

Pese a  haber dinamitado el mercado y el panorama literarios con sus ficciones largas, con “Robar en American Appareal” o la aclamada “Richard Yates” a la cabeza, y pese a acabar en boca de todos justamente por sus novelas, Tao Lin nunca ha abandonado su afición por cuento. Una faceta menos conocida pero igual de interesante -ya sea para el aprecio o el desprecio- que la editorial española ha decidido reunir por primera vez a nivel mundial bajo un único y mismo volumen: “Sexo Tras Unos Días Sin Vernos” es, en efecto, la reunión completa de la narrativa breve de Tao Lin comprendida entre 2006 y 2014, compuesta de dos volúmenes originales de relatos -“Bed” y “Hoy El Cielo Está Azul y Blanco Con Unos Puntos De Intenso Azul y En Él Hay Una Pálida Lunita y Voy a Destruir Nuestra Relación Hoy“, anteriormente publicados por separado en Estados Unidos- y completada con un tercer bloque de trece “Relatos Dispersos” publicados en revistas y webs a lo largo de ocho años.

En todos ellos, el autor pincela con pulso seco y conciso la apatía de una generación de jóvenes que llegaron a la adolescencia en las grandes ciudades del mundo rico con el cambio de siglo. Recorre el hastío, las drogas, el desinterés por la realidad, la búsqueda del hedonismo a través de la negación del placer de estas almas sin ningún tipo de sentimentalismo estilístico, pero con alguna que otra floritura a veces chirriante. Quizás sea justo esta última característica la que hace que dentro del espectro amor-odio hacia Lin pueda emerger una nueva variante: el posok, aquella sensación de que las líneas que acabas de leer te han tocado como una leve brisa que a duras penas ha conseguido ondear alguna punta de tu cabello, en vez de despertar en ti un ventanal de aprecio o desprecio -no importa, mientras sea realmente sentido-. Vendaval o brisa, “Sexo Tras Unos Días Sin Vernos” es, sin embargo, un libro sin duda fundamental para conocer mejor al que ha sido calificado como el nuevo Douglas Coupland o Bret Easton Ellis… o incluso como “un pariente lejano y hipster de Samuel Beckett“.

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