Querida Sofia (a partir de ahora, Misofi): mis amigos saben que, por lo general, me caes gorda; que tu discursito de vacuidad pija bien entendida y tus rollos de existencialismo posh con filtros sepia y canciones de los Strokes me deja el clítoris bien flojo. Que no me gusta tu rollo, que de siempre he dicho que a ti lo que te ha hecho falta ha sido limpiar una cuantas habitaciones de algún hotel como ese en el que Stephen Dorff y Elle Fanning tienen su ataque trascendentalista y así se te quitaban las tonterías de encima. Así que no puedo ser objetiva cuando me enfrento a tu pequeña pieza audiovisual para la colección de Marni de H&M, lo hago con reticencia y desgana. Y el corto es más de lo mismo: gente joven y guapa con cierta cara de asco vital dejándose arrollar por una bonita canción -resucitando esa “Avalon” de Bryan Ferry, próximo hypsterhit en sus iTunes– y mejor vestidos de lo normal (y ya es decir); todos alrededor de una piscina, que es a los nuevos pijos lo que las fogatas a las pelis tradicionales americanas. Y, sin embargo, lo vuelvo a ver y me doy cuenta de cómo lucen esos vestidos en pantalla, de lo bien que quedan los topos y el corte de Marni con tus flitros sepia, de ese aire de melancolía de primavera tardía que destila el vídeo, de lo dulces que quedan las y los modelos en pantalla, que no se mueven, se deslizan como gotitas de agua sobre la superficie del mármol, que todo tiene un rollo setentero pelín decadente y caigo en el hecho de que nadie podía hacerle tanta justicia a la nueva colección high-end a pie de calle que H&M nos prepara para marzo.

La ropa es preciosa, la estética es perfecta, la ambientación en esa villa de Marrakech es ideal (y ya se sabe que Marrakech es la nueva Polinesia francesa) y el vídeo consigue lo que quiere: que deseemos que llegue marzo para arrasar otra vez (y ya van…) en las tiendas escogidas y recemos para que el frío siberiano se vaya a su siberiana casa y vuelva el calor, que es lo que nos gusta en estas latitudes. Entonces caigo en la cuenta de que para todo hay que valer. Hasta para ser pija y retratar lo que hacen los pijos y hacer que los que no somos pijos envidiemos un poquito (pero sólo un poquito) esa vida pija, y nos conformemos con poder comprar ropa pija para pijas a precio de no-pijos.

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