La completa y desbordante agenda del Heineken Music Selector hizo su primera parada en Santiago de Compostela en medio de las inclemencias meteorológicas propias de la época y el lugar: lluvia y viento. Un clima que no invitaba precisamente a salir de casa y dirigirse a la sala Capitol para ver a uno de los grupos clásicos del pop (adulto) gallego (Eladio y Los Seres Queridos) y a la última perla del indie-rock norteamericano (Surfer Blood).

Los vigueses se vieron obligados a lidiar con el siempre difícil papel del telonero, tarea que se les complicó dado el panorama frío y desangelado que tenían ante sí. Con la sensación de que las pocas almas que habían decidido llegar puntuales a la cita todavía estaban secando sus humedecidos huesos y con la ventaja de que el silencio reinante ayudaba a interpretar (y escuchar) sus fases más acústicas con nitidez, Eladio Santos y los suyos repasaron un repertorio que, sin perder un ápice de calidad, sonó a constante déjà vu: quien asistiese, sin ir más lejos, a su intervención en el pasado festival Vigo Transforma se sabría su cancionero al dedillo (“Espanha A Las 8”, “Medidas Desesperadas” o “ No Quiero Perderte”). Con todo, también ofrecieron algunas novedades (aparte de presentar nuevo batería), como “Están Ustedes Unidos” o “Con El Corazón”, que formarán parte de su inminente próximo disco (se publicará en febrero). Tampoco faltaron los habituales gestos de complicidad y buen humor de Eladio con el público, muy agradecidos en un ambiente tan íntimo, aunque quedó claro que a su banda se le nota más metida en el partido cuando juega en campo local (en Vigo, cerca de sus fieles seguidores).

Cuando Surfer Blood se subieron al escenario, la atmósfera había ganado en calidez y la afluencia de espectadores había aumentado. Sin embargo, era evidente la falta de tirón de un quinteto y un álbum (“Astro Coast”; Kanine Records, 2010) que vivieron su mayor tiempo de gloria a principios de año y que sufrieron una paulatina pérdida de presencia mediática a medida que avanzó 2010: si esta actuación se hubiese celebrado hace unos meses, la imagen hubiese sido distinta. Aun así, existía expectación por ver a un grupo insultantemente joven que, de entrada, llamó la atención por su apariencia, pequeña muestra de los personajes que pueblan algunas series y películas norteamericanas: el nerd (John Paul Pitts, cantante y guitarrista); el tímido (Thomas Fekete, segunda guitarra); el hippy-alternativo (Marcos Marchesani, teclado y percusión); el deportista (Tyler Schwarz, batería); y… ¿el más corriente de la clase? (Brian Back, bajista). De ahí que sorprendiera relativamente la energía con la que habían arrancado y que mantuvieron en toda la hora de concierto, aumentando el volumen y la potencia de sus grabaciones de estudio, sin olvidarse, eso sí, de los trazos (afro)tropicalistas (en la esperada “Swim” y “Take It Easy”) que tantas veces los relacionó con Vampire Weekend y similares. Pero ya va siendo hora de dejar de emparentar a Surfer Blood con esas referencias, algo que ellos mismos lograron gracias a la rotundidad con la que escupieron “Harmonix” y “Twin Peaks” (ambas cercanas a Weezer) y las melodías vibrantes de “Floating Vibes” y “Catholic Pagans”, que rememoraron los mejores momentos de Grandaddy. De ese modo quedó patente que lo que sienten verdaderamente es admiración por las leyendas del indie norteamericano de los 90: el propio Pitts abrió el bis en solitario dando las gracias a Guided By Voices versionando su “Game Of Pricks”, que sirvió de enlace a la relectura abigarrada y noise de “Neighbour Riffs”, reconvertida en todo un homenaje a Sonic Youth; y lo cerró balanceándose sobre esa ola eléctrica, lo que provocó que abandonase su guitarra y bajase de las tablas para cantar justo delante de la audiencia y mostrar toda su gama de movimientos estilo… Morrissey. En “Astro Coast” no se intuye (ni siquiera se imagina) su rastro, pero la silueta del divo de Manchester afloró en varios momentos del show, tanto en la figura de Pitts como en el sonido de la única pieza inédita (sin título) que interpretó la banda, cuyo estribillo recordaba más de la cuenta a The Smiths. ¿Puede ser esa la senda que sigan Surfer Blood en el futuro? Definitivamente, no: en este directo certificaron su apasionado amor por Robert Pollard y coetáneos. Y, de paso, se quitaron de encima algunas comparaciones tópicas y odiosas.

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