Cuando Victoria Bergsman decidió bajarse del barco de The Concretes después de que estos publicaran su segundo disco, In Colour(Astralwerks, 2006), tenía claro cuáles serían sus futuros objetivos artísticos: alcanzar nuevos espacios sonoros y explorar terrenos creativos inhóspitos para ella. Tan convencida estaba de su aventura en solitario (aunque con la inestimable y permanente compañía del guitarrista Andreas Söderström), que bautizó su ópera prima bajo el nombre de Taken By Trees con el elocuente título Open Field(Rough Trade, 2007). Campo abierto: perfecta metáfora que describía el proceso de expansión musical que perseguía la vocalista, que le llevó a asentarse en las brumas del dream-folk-pop auto-gestionado desde su renovada perspectiva de cantautora. Ese sólo era el punto de partida de un completo viaje físico y mental que la llevaría posteriormente a visitar las áridas tierras de Pakistán para absorber los sonidos tradicionales (ayudada por músicos autóctonos) que estimulaban sus oídos y dar forma a su segundo trabajo, East Of Eden(Rough Trade, 2009). El encabezamiento del álbum sugería, otra vez, las impresiones y sentimientos que transmitía: acústica sensible, tacto sutil y aroma oriental a la par que universal, sensaciones que construían un verdadero oasis situado a medio camino entre la calidez de los lugares donde había sido concebido y la ingravidez de las dimensiones paralelas a las que trasladaba al oyente.

Daba la sensación de que, en dicho disco, Bergsman dejaba a sabiendas una puerta abierta hacia la dirección que seguiría en adelante. Sin embargo, aunque el rastro sugestivo era el correcto, la sueca prefería mantener un pie en tierra firme: en este caso, en Hawaii, paraíso al que acudió y en el que se inspiró para moldear Other Worlds(Secretly Canadian, 2012), planteado, al igual que su anterior referencia, una especie de cuadro en el que las resonancias del ambiente en que se empezó a gestar confluyen con su aspiración a trascender las fronteras materiales y terrestres. Qué mejor expresión (“otros mundos”) para resumir ese espíritu que la que adorna la portada del disco, en la que la misma Bergsman aparece escuchando el oleaje marítimo a través de una caracola. Una combinación de símbolos que ejemplifica el desenlace poético del plan maestro que había trazado para parir el tercer disco de Taken By Trees.

Durante esa travesía la acompañaron, además del fiel Andreas Söderström, Farmer Dave Scher (miembro de los californianos Beachwood Sparks y experto conocedor del significado y las connotaciones del pop soleado y caleidoscópico) y Hennign Fürst (componente de The Tough Alliance y orfebre del elegante pop sintético nórdico, que se encargó igualmente de la producción), dúo de lujo que puso su grano de arena para que “Other Worlds” se convirtiera en el LP más redondo de Taken By Trees, algo que semejaba complicado visto el gran rendimiento de sus dos antecesores. En este salto de calidad, se aprecia, sobre todo, la mano de su compatriota Fürst: no en vano, su banda marcó el camino de la nueva ola del electro-pop sueco de principios del siglo XXI, huella que se aprecia desde el primer al último segundo de este largo. Así, con los propios The Tough Alliance teóricamente disueltos (el proyecto ceo continúa en activo), jj agazapados (como casi siempre) editando de cuando en cuando algún tema, single o mixtape on-line y Club 8 en silencio, el reinado del pop electrónico con tintes orgánicos venido del frío septentrional europeo del que emana un reconfortante y emotivo calor puede caer en manos de El Perro del Mar (que editará próximamente “Pale Fire” -The Control Group, 2012-) y, justamente, Taken By Trees.

En “Other Worlds” hay motivos suficientes para creerlo. Eso sí, en esta ocasión Bergsman se aleja de los elementos relacionados con el viento tropical que invadió el Mar Báltico hace unas temporadas para centrarse en los sonidos aprehendidos en su estancia en Hawaii. Un ejercicio lógico a la par que arriesgado, ya que, de no haber tejido con la habilidad necesaria las notas hawaianas que se plantaban en su cabeza, su experimento se hubiera quedado en un burdo sucedáneo (como el “Hawaii-Bombay” de Mecano, por poner un caso cercano). Pero su pirueta transoceánica superó con creces la prueba, lo que se intuye desde el corte introductorio, ese mullido y comatoso “Horizon” (con el que resulta muy sencillo imaginar que se está observando el rojizo horizonte pacífico desde alguna playa de Honolulu) que actúa como antesala de las siguientes “Highest High” (acariciada por unos amables coros) e “In Other Words” (a la que se añade la obligatoria steel-guitar cortesía del señor Scher), ambas de factura similar.

Colocado el adecuado colchón para tumbarse sobre él con tranquilidad, “Other Worlds” comienza a flotar entre las atmósferas oníricas propiciadas por “Dreams” y “Not Like Any Other” (que encajarían limpiamente en el LP “nº3” -Secretly Canadian / Houston Party, 2010- de jj), aunque la semi-instrumental “Pacific Blue” avisa de que el repertorio va a cambiar de tercio hacia dos estilos diferenciados pero aquí fuertemente conectados: el dub jamaicano (como si Bergsman hubiese hallado el hilo invisible que une Jamaica y Hawaii) y el típico electro-pop sueco. Así, en el primer saco habría que introducir las dulces y humeantes “Only You”, “Indigo Dub” y “I Want You” (de suave desarrollo y sorprendente final); y, en el segundo, “Large” (cuya percusión y sintetizador lo muestran como el pasaje más bailable del lote) y la evocadora y apegada a la naturaleza “Your Place Of Mine”.

Cuando este cómodo y relajado paseo por Hawaii (y otros mundos) se culmina con “Dreams (Coconut Cut)”, uno desearía coger de la mano a Victoria Bergsman, llevársela a una isla desierta y pedirle que le cantase al oído, con su fina y delicada voz, todos y cada uno de los temas de “Other Worlds” y luego le susurrase las pequeñas historias a partir de las cuales se originaron. Habría que pellizcarse para comprobar si la escena es real o si sólo pertenece a un sueño: un precioso sueño hawaiano.

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