¿Cuál debería ser el siguiente paso a tomar cuando has llegado a unos niveles que ni remotamente sospechabas en tus inicios en el mundillo diez años atrás? Esta misma pregunta o similar es la que podrían hacerse los dos componentes de este dúo americano cuando se encierran en el estudio para parir un nuevo disco. O no, porque no hay más que escucharles hablar en las entrevistas, o simplemente conocer ligeramente su discografía para darse cuenta que lo de Auerbach y Carney trasciende los tópicos a los que solemos hacer referencia cuando se trata de exponer las bondades de un trabajo. Personalidad, originalidad, talento… Llámenlo como quieran, pero es justo reconocerles que sea lo cual sea ese componente X que te hace triunfar, ellos tienen para regalar. Provenientes de Akron, pequeña ciudad típicamente americana situada en el medio oeste americano, la historia de este dúo podría representar perfectamente el vivo sueño de muchos músicos amateurs que aspiran a convertirse algún día en verdaderas estrellas del rock sin renunciar a sus principios; y es que pocos ejemplos pueden ocurrírsele a uno cuando trata de buscar una banda tan original como amada y respetada.

Definitivamente, The Black Keys son uno de ellos. Apuesto a que ni ellos mismos podrían haber predecido en 2002 hasta dónde llegarían en diez años, pues iniciaron su carrera de forma bastante discreta recibiendo más bien poca atención por parte de los medios, lo que les restringía al circuito underground americano. Dieron, sin embargo, un salto al presentar su tercer largo, el genial “Rubber Factory” (Fat Possum, 2004) (en honor a su ciudad, también llamada ciudad del caucho), un trabajo en el que el dúo mostraba sus mejores cartas: crudeza en las guitarras y en las partes vocales, contundencia a las baquetas y ‘flow’ en cantidades industriales. Vinieron después “Magic Potion” (Nonesuch, 2006) y el magnífico “Attack and Release” (Nonesuch, 2008) que fue el que los puso, mayoritariamente, en el radar de los medios europeos, dejándonos sobreaviso de cara a su próximo movimiento. Un movimiento que se hizo esperar dos años pero que, a la postre y con la perspectiva que nos da el tiempo, se reveló como maestro: “Brothers” (Nonesuch, 2010), además de seleccionarse recurrentemente en las listas de lo mejor del pasado año, consiguió caminar sobre esa finísima cuerda que une el éxito reconocido con el ser fiel a ti mismo, dejándonos a todos con ganas de más.

Y estamos de enhorabuena, porque año y poco después tenemos de vuelta a los de Ohio con “El Camino” (Nonesuch, 2011), un disco en el que vuelven a aúnar todas sus virtudes postulándose definitivamente como una de las bandas de rock más en forma del momento. Los había con dudas, fans temerosos de que, tras esa apertura de sonido en “Brothers“, el dúo diera aquí ese paso de más que puede hacerte caer en el precipicio por el que han ido cayendo multitud de agrupaciones… Pero nada más lejos de la realidad, pues todas esas dudas quedaron disipadas hace unas semanas con “Lonely Boy” y su genial vídeo. Un par de escuchas bastaron para reconocer que, una vez más, nos encontramos ante un trabajo de dimensiones mastodónticas en el que todo, absolutamente todo, encaja, y es que hace falta esforzarse a fondo para encontrar algo de paja en las doce canciones aquí incluidas (quizás una de las pocas pegas que se le pusieron a “Brothers“), pues la verdad tienen todas madera de single. “Gold on the Ceiling“, “Money Maker“, “Sister“, “Stop Stop“… Podríamos ir desgranando las virtudes de todas las canciones aquí contenidas una a una, pero no creemos que merezca la pena pararse a justificarlas, pues no es novedad el encontrarnos con Auerbach desgañitándose con su sensual voz y Carney aporreando rítmicamente la batería para dar vida a una nueva serie de temas altamente recomendados.

Estaremos de acuerdo en que siempre se agradece una vuelta a las raíces, y en esto The Black Keys son unos verdaderos maestros: hacía tiempo que habíamos dejado de dudar de la capacidad de esta gente para crear canciones enormes con tan sólo dos instrumentos, pero es que para más inri ahora son capaces de sacarse de la manga un trabajo que parece compuesto prácticamente de singles. Vaya, que nos encontramos ante uno de los trabajos del año dentro del género, y si encima nos lo vende Saul Goodman, ¡que más se puede pedir!

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