the-haxan-cloak-excavationLa primera vez que escuché “Excavation” (Tri Angle, 2013) fue mientras trabajaba, a través de los altavoces de mi oficina (que no son precisamente unos speakers chuscos, sino más bien un soundsystem mucho más que decente). Teniendo en cuenta lo que vendría después, bien podría marcarme la fardada típica de decir que el de The Haxan Cloak no es un disco para escuchar en esas circunstancias… Pero mentiría: ya en aquella primera escucha, “Excavation” se revelaba como un disco no sólo capaz de captar la atención (por encima de cadenas de mails, llamadas y otras cuitas laborales), sino incluso lo suficientemente habilidoso como para transmitir todo un cúmulo de sensaciones que van desde el misterio inicial hasta un espíritu tétrico imposible de pasar por alto. La segunda vez que escuché “Excavation” fue en mi casa, a través de unos altavoces de puta madre pero sumido en un déficit de atención tan paupérrimo como la primera vez. Esta vez, sin embargo, me llevé un par de sustos inesperados: ya en las primeras canciones, tuve que poner mi atención al cine por cien debido a algunas subidas y bajadas de volumen, acompañada de voces espectrales que aparecían sin previo aviso como psicofonías del más allá. Para la tercera vez que escuché “Excavation“, ya me había rendido a la evidencia: visto lo visto (la exuberancia de las dos primeras escuchas), no podía decirse que este fuera uno de los discos que “sólo” pueden escucharse con unos buenos auriculares. Pero, señores y señoras, ¡vaya desparrame escucharlo de esa forma!

De hecho, de la misma forma en la que “Excavation” revela diferentes estados dependiendo del paisaje exterior en el que lo sitúes, también es sorprendente cómo el propio álbum va mutando sobre sus propias atmósferas para mostrar diferentes paisajes interiores. Está claro que el arranque del álbum, con la intro hectoplasmática “Consumed” (referencia magistral al trabajo más opaco de Plastikman) o la fantasmagoría evolutiva de “Excavation (Part 1)” y “Excavation (Part 2)” se enmarca por pleno derecho en la oscuridad electrónica practicada por compañeros de fatiga en el averno digital como Raime. Pero quedarse en este cliché es ser injusto con el británico Bobby Krlic, ya que unos temás más allá consigue fabular una hechicería lo suficientemente compleja como para obligarte a imaginar los vuelos luminosos de Fuck Buttons llevados hasta los abismos acuáticos de Balam Acab (tal y como ocurre en el otro díptico que conforma la espina dorsal del álbum: “The Mirror Reflecting (Part 1)” y “The Mirror Reflecting (Part 2)“). No es gratuita la mención de Balam Acab, una de las puntas de lanzas del sello Tri Angle, que es precisamente la casa que habita The Haxan Cloak desde que su primera maqueta homónima llamara la atención de los padres putativos del which house que, desde hace ya bastantes meses, se alejan de su criatura por la vía de la apertura de miras.

Excavation” es, sin duda, un nuevo capítulo en este alejamiento de los presupuestos del which house precisamente por dos vías antitéticas: por un lado, está claro que algunas de las constantes del género son llevadas a su extremo por un Krlic aficionado a las atmósferas de akelarre y por la descomposición orgánica aplicada a las estructuras musicales; pero es que la propuesta de The Haxan Cloak, más que optar por el desguace de este estilo, acaba jugando a la difuminación, la disgragación, la desaparición paulatina de una neblina de humo blanco en forma de drones livianos y anclajes sacados de la era industrial. De esta forma, “Excavation” acaba revelándose como una versión siglo XXI del fantasma amigo Casper: un shape shifter que, si no le prestas la atención que él quiere, empleará sus armas sutiles para doblegar tu voluntad; si no lo paseas por un paisaje de su gusto, cambiará la piel para acabar cambiando el paisaje… Un súcubo que, aunque se muestre amigable contigo cuando tus ojos se encuentran con él, puedes estar seguro de que a en cuanto desconectes y pase a habitar tu subconsciente, urdirá múltiples conspiraciones brujeriles.

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