Si tuviésemos en nuestras manos la enciclopedia definitiva sobre la historia de la música popular desde mitad del siglo XX hasta nuestros días, en el apartado dedicado al pop debería aparecer una larga entrada (junto a las de Matthew Sweet y Cheap Trick, para que los puristas no se lleven las manos a la cabeza) protagonizada por uno de los baluartes que aplicaron a dicho estilo el término power: The Posies; o lo que es lo mismo, Jon Auer y Ken Stringfellow. Las múltiples razones para que eso llegue a ser realidad algún día se encontrarían en la dilatada trayectoria de los de Seattle que, tras ver cómo se iba de este mundo Alex Chilton, se quedaron como los encargados de seguir alimentando la mecha del género junto a los renacidos Teenage Fanclub, sus homólogos al otro lado del charco. No es casual que estos tres nombres salgan a colación y estén relacionados entre sí: Big Star fueron el origen de todo, The Posies prolongaron su legado en Estados Unidos en plena explosión del grunge y los escoceses extendieron la tradición en las Islas Británicas y más allá del Canal de la Mancha, sobreviviendo a la marea pre y post brit-pop de los 90. Pero la cosa no se quedó ahí, ya que el paso del tiempo y su admiración mutua propiciaron estampas que quedarán grabadas en los anales, como la entrada de Auer y Stringfellow en Big Star o las colaboraciones en directo de la pareja artística con Norman Blake y los suyos. Tirando de este último hilo, no resulta extraño comprobar los paralelismos entre una y otra formación: altibajos creativos, amagos de disolución y vuelta a la palestra con algo más que dignidad. En el caso que nos ocupa, los agoreros daban por perdidos a The Posies por la sensación de despedida que desprendía su disco “Success” (Pop Llama, 1998) y la decisión de sus dos cabezas pensantes de comenzar sus carreras en solitario y continuar por separado su trabajo en diferentes grupos. Pero resultó que no era un adiós definitivo, y en 2005 resucitarían con “Every Kind Of Light” (Rykodisc, 2005), muestra fehaciente de que no habían perdido la pericia a la hora de pulir diamantes pop de varios quilates y facturar melodías a las que el adjetivo brillante se les quedaba corto.

Cinco años después, The Posies vuelven a demostrar, gracias a “Blood / Candy” (Rykodisc, 2010), que su flema clásica no perdió vigencia, por mucho que las nuevas tendencias se estén cargando el verdadero significado del concepto y, a la vez, sus símbolos. Entre estos se sitúan merecidamente Auer y Stringfellow, de ahí que, si alguno de sus emblemáticos colegas de gremio recibe una llamada para colaborar con ellos, la contestación afirmativa sea inmediata. Si no que se lo pegunten a Hugh Cornwell (líder de The Stranglers), que aparece en “Plastic Paperbacks”, un caramelo pop breve e inmediato que endulza el arranque del álbum. Aunque las sorpresas llegan justo después. En toda su amplia discografía, The Posies nunca habían recurrido a voces femeninas, vacío que solucionaron gracias a la intervención de Kay Hanley (Letters To Cleo) en los coros en “The Glitter Prize” y de Lisa Lobsinger (Reverie Sound Revue y Broken Social Scene) en “Licenses To Hide”, composiciones a las que les sientan de maravilla las armonías vocales de ambas chicas.

Luego, los señores Jon y Ken aumentan el voltaje de sus guitarras y, sin querer, dejan en pañales a varios de sus discípulos-imitadores (por ejemplo, Nada Surf): “So Caroline” y “Take Care On Yourself” no cuentan nada nuevo sobre los enredos del corazón, pero su forma de hacerlo provoca que entren ganas de montar un pequeño karaoke mientras se toca la correspondiente air guitar. Pero no todo va a ser dar brincos y gritos: The Posies también saben ponerse melosos y melódicos. Aquellos que deseen una buena ración de piano, de teclados ochenteros (aquí también tienen cabida), de recuerdos a The Beatles o a David Bowie, que recurran por este orden a “For The Ashes”, “Accidental Architecture” y “She’s Coming Down Again!”. Esta última sirve para tender un puente al pulso acelerado y las palmas de “Notion 99”, que conecta con la energía de “Enewetak”, en la que se deja oír Paco Loco, auténtico culpable de que “Blood / Candy” se hiciese realidad, ya que en su estudio del Puerto de Santa María se gestó la idea y posteriormente se acabó de materializar, con él mismo en las tareas de producción.

De un tiempo a esta parte, dada la hiperactividad de Auer y Stringfellow, parece que su labor como The Posies no es más que un paréntesis entre sus proyectos personales, cuando debería ser al revés… Pero las próximas noticias que recibamos de la pareja (aparte de sus continuas giras por España, prácticamente su país de adopción) seguirán esa dirección: el primero publicará pronto su nueva referencia en solitario tras “Songs From The Year Of Our Demise” (Pattern 25 Records, 2006), y el segundo hará lo propio con sus The Disciplines. A este paso, más que hacerles hueco en una futura enciclopedia musical, habrá que escribir un libro entero sobre su herencia para la posteridad.

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