The xx acaban de lanzar su tercer disco “I See You”… Y lo único que puede decirse al respecto es que los señala como la única banda relevante de los 2010.

 

El 2010 fue el último gran año para la música tal y como la conocíamos, tal y como la entendimos y asimilamos en el siglo XX. Fue aquel un año en el que nos llovieron maravillas del calibre de “The Suburbs” (Merge, 2010) de Arcade Fire, “Swim” (Merge, 2010) de Caribou, “This is Happening” (DFA, 2010) de LCD Soundsystem o “Teen Dream” (Sub Pop, 2010) de Beach House, todos ellos susceptibles de pasar a la historia por algún motivo u otro. En 2011 ya vimos cómo la cosa se desinflaba, y aunque hubo grandes discos, vistos desde el aquí y el ahora resulta que ninguno de ellos supo generar un fenómeno capaz de arrasar por completo en la década de los 2010: tanto Bon Iver como James Blake o Metronomy lanzaron trabajos aquel año, pero su carrera ha tenido ciertos altibajos que te desinflan a la hora de hablar de algo como lo dicho un poco más arriba, eso de que pasarán a la historia de la música.

Así las cosas, The xx lanzaron su debut homónimo en el año 2009. A finales del año 2009, para ser más concretos. Casi podríamos considerar aquel emocionante “The xx” (Young Turks, 2009) como el preludio magnánimo de lo que ocurriría en el año 2010 y, sobre todo, de lo que ocurriría en la década de los 2010. Y es que sólo hace falta escuchar el nuevo disco del trío británico, titulado “I See You” (Young Turks, 2017), para afirmar que The xx han sido la única banda capaz de mantener el ritmo en esta década y, sobre todo, capaz de generar una discografía con suficiente carácter icónico como para pasar a la historia de la música.

Volvamos al primer parágrafo: Arcade Fire fue el grupo que definió la década pasada, así que no cuenta; Caribou va demasiado a su rollo como para endilgarle sanbenitos generacionales; LCD Soundsystem también se identifican demasiado con la década pasada (y, de hecho, lo que están haciendo en esta década puede llevarse por delante la maravillosa leyenda que iban a dejar si hubieran mantenido la promesa de su cese de actividades); Beach House han visto cómo se apagaba su estrella sin saber demasiado qué hacer ante semejante pinchazo… Pero The xx están ahí, alimentando un mito que no hace más que crecer y crecer gracias a las buenas decisiones de sus miembros tanto juntos como por separado. Al fin y al cabo, la evolución de la carrera en solitario de Jamie xx retroalimenta la discografía de la banda, convirtiéndose en un campo de pruebas pluscuamperfecto de experimentos que luego acabarán filtrándose en el agua de la que beben las canciones del trío.

Tengamos en cuenta un dato bastante chungo: The xx tuvieron que trascender el hecho de que, en sus inicios, la industria musical británica les intentara vender como punta de lanza de aquel género que no existía y que nos intentaron forzar garganta abajo con el nombre de Nu-Grave. Como lo del Nu-Rave había funcionado bastante bien pese a ser igual de absurdo (bueno, al menos había una coartada estética y un mood erotico-festivo y hedonista vivido en colectividad), se intentó lo mismo pero en versión downer, con todos esos jovenzuelos vestidos de negro, con cara de palo y eternas expresiones de desconexión con el mundo a su alrededor.

 

 

No hay duda de que toda la mamarrachez del Nu-Grave se montó en torno a The xx, su estética, su imaginario de partida, el abanico de emociones de las canciones de su debut. Pero, de hecho, la música contenida en “The xx” resulta que no sólo conectó con eso que más tarde llamaríamos millenials… Sino que conectó con todo el mundo. Con todo el puto mundo. Fue un fenómeno como los que vivimos en la década pasada junto a bandas del calibre de Arcade Fire o LCD Soundsystem: capturaban un momento, un sentir general en un punto concreto de la historia humana, lo que viene siendo el Zeitgeist de toda la vida, y por lo tanto te podía gustar o no, pero no podías decir de ellos que no fueran relevantes. Porque lo eran. Y mucho.

Lo mismo ha ido sucediendo con The xx a lo largo de la década de los 2010. La introspección de aquel disco se reveló como un espejo poderosamente elocuente en el que se reflejó nuestra actual actitud de cerrarnos dentro de nuestra propia concha, de comunicarnos con el exterior sólo a través de señales de humo digitales, de alimentar el ego individual y permitir la indolencia auto-conmiserativa, de encontrar en Internet justificaciones para nuestras taras (sean esta cuales sean), de ensimismarnos con nuestras propias emociones mientras nos dejamos envolver por el manto cálido de la soledad nocturna e insomne. Este es el imaginario base de The xx, y es el que han mantenido tanto en “Coexist” (Young Turks), segundo álbum que ampliaba el campo de batalla del debut introduciendo pocas novedades pero ampliando sus aciertos, como en “In Colour” (XL, 2015) de Jamie xx, cuya vocación de baile no extirpaba para nada el rango de emociones que todos identificamos bajo las dos letras mágicas xx.

Ahora, sin embargo, The xx lanzan “I See You” y rompen la baraja. De hecho, resulta muy curioso contemplar cómo ciertas personas que se declaran para nada fans de esta formación están dejando caer en redes sociales comentarios al respecto de cómo les gusta este álbum gracias al cambio de sonido que en él se percibe… A lo que yo sólo puedo replicar: qué buena jugada, chiquis. Qué listos habéis sido aquí, Jamie, Romy y Oliver.

Recuerdo perfectamente mi argumento a la hora de ponderar “Coexist” en el momento que se lanzó: dije y mantengo que aquel fue el disco de transición perfecto. Arrancaba como “The xx“, pero poco a poco las canciones se iban abriendo hacia la electrónica de baile que ya por aquel entonces era la seña de identidad de Jamie xx. Los primeros cortes de aquel álbum eran puro The xx, pero de repente te dabas cuenta de que, sin saber bien cómo lo habían hecho, las canciones acababan explotando en un jolgorio (bueno, todo lo jolgorio que se le puede pedir a una banda como esta) puramente bailable. Siguiendo ese orden de acontecimientos, la línea de pensamiento era: mantienen su identidad, pero la abren hacia nuevas sonoridades.

The xx

I See You“, sin embargo, se abre con la deslumbrante “Dangerous” (¿Mejor canción del 2017? Va a ser que sí), un tema en el que directamente no se puede rastrear nada del sonido de los primeros The xx. Y luego está el single ideal, “On Hold“, en el que Jamie xx introduce por fin su marca de la casa, una marca de la casa que todavía no se había atrevido a importar hacia su banda madre: los samplers (de Hall & Oats, en esta ocasión), que son una de la gran constante de este trabajo. De hecho, los dos temas mencionados se sustentan en el sampler, el primero en el sampler instrumental (¡esas trompetas! ¡pura maravilla!) y el segundo en el sampler vocal.

Pero, más allá de estas dos canciones, “I See You” es puramente The xx. De hecho, resulta curioso que, tras la apertura con “Dangerous“, el siguiente tema sea “Say Something Loving“, que viene a ser algo así como un “te ha molado el cambio en la primera canción, ¿eh? Pues ya verás como ese reajuste te hace pensar que todo lo que viene después es “diferente” cuando en verdad no lo es“. Lo dicho: el orden de los factores sí que afecta al producto final. ¿Se puede ser más The xx que estas guitarras espaciosas y este bajo como latido de un corazón herido que no quiere curarse? ¿Vamos a vivir en este año 2017 algún momento tan emocionante como ese en el que la canción parece detenerse y un zumbido mesmerizante se apodera de la escena mientras Romy Madley Corft y Oliver Sim cantan a coro lo de “Did you hear me say it?“?

Y lo mejor de todo es que, a partir de ahí, el disco no baja el nivel: “Lips” tiene alma de himno para jugueteos pre-sexuales, la soberbia “A Violent Noise” retrata -no sólo con las palabras, sino sobre todo con el sonido- algo que nos ha pasado a todos (estar de fiesta y tener un momento en el que nos desconectamos del mundo y “cada beat es un ruido violento“), la guitarra en cascada de “Brave For You” parece pasarle la mano por la cara a Beach House justo en el peor momento del dúo… E imprescindible resulta rendir pleitesía a “Performance”, donde The xx vuelven a la desnudez absoluta para demostrar que la esencia sigue estando ahí.

De hecho, la esencia es lo que sigue enamorando y haciendo posible la ilusión de que todo ha cambiado sin que se haya cambiado nada importante. Es este uno de esos casos difíciles de describir con palabras en los que una banda consigue lo impensable: contentar a los fans ofreciéndoles continuidad y enganchar a los desprendidos gracias a nuevos anzuelos. The xx han demostrado una capacidad innata para ampliar su público sin traicionar su alma que ningún otro grupo ha sabido conseguir en los 2010. “I See You” confirma una curva ascendente que ningún otro grupo inherente a estos años (es decir, que no sea una banda cuya dinámica viene propulsada por la fuerza centrífuga de décadas anteriores) ha sabido mantener en los 2010. Sus discos cada vez convencen a más público sin recurrir a las típicas concesiones de cara a la galería. Sus actuaciones cada vez abarrotan recintos más grandes sin que nadie pueda decir que son unos vendidos… ¿Es necesario dejar caer aquí y ahora más motivos por los que The xx son la única banda realmente relevante de esta década? No. Va a ser que no hace falta. [Más información en la web de The xx. Escucha “I See You” en Apple Music y en Spotify]

 

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