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“Humdrum Town”, single primerizo que Theophilus London entregó al sello Green Label Sound en 2010, colocó al rapero y productor de Trinidad y Tobago afincado en Brooklyn a medio camino entre el hipster house que empezaba a pulir con distinción Totally Enormous Extinct Dinosaurs (que también en aquel año publicaría una de sus gemas más apreciadas, “Garden”) y el electro-hip hop con coartada popera y masiva de Kid Cudi (que por entonces había alcanzado la cumbre gracias a “Day ‘n’ Nite”). Dos puntos cardinales que servían para hacerse una idea del radio de acción de London, pero que se quedaban cortos a la hora de ofrecer una descripción completa de sus maneras estilísticas: tras editar un puñado de mixtapes y el EP “Lovers Holiday” (Warner, 2011), su largo de debut, Timez Are Weird These Times (Reprise, 2011), reflejaba un eclecticismo sonoro que incluía devaneos con el electropop modernizado, el pop (a secas) à la Gnarls Barkley y el hip hop comercialoide.

Pero tal mezcolanza se deshinchaba por sus fugas musicales –London no había conseguido facturar una composición a la altura de “Humdrum Town”– y, sobre todo, extramusicales: chirriaban más de la cuenta sus colaboraciones con Holly Miranda y Sara Quin de Tegan & Sara, que parecían sugerir que el rapero deseaba acercarse por la vía rápida al universo del pop-rock alternativo; y descolocaba su adoración por el mito soul Leon Ware, al que imitaba sin tapujos en la portada del LP aunque no tanto en su interior, donde no cuajaba su aparente influencia. En “Timez Are Weird These Times” el aspecto del continente se imponía a la valía del contenido. Mal asunto.

Como si quisiera demostrar que, pese a las tibias críticas recibidas, la apuesta presentada en su ópera prima era la ganadora, Theophilus London la ha redoblado en su sophomore, Vibes! (Warner, 2014), ampliando su nómina de invitados, contando con un aliado de relumbrón y, esta vez sí, homenajeando a su ídolo musical directamente: Leon Ware interviene en dos cortes del álbum, “Water Me” -más tradicional- y “Need Somebody” -más (electro)pop-, en los que aporta su cálida voz para, al mismo tiempo, embadurnar el repertorio con pinceladas de su soul de pátina añeja que facilitan la sofisticación del conjunto y la depuración de su estilo. A partir de esta base, London elabora un cuadro en el que destaca su afán por resaltar las raíces de su personalidad artística, aunque también persevera en su conocida fórmula electrónica para todos los públicos (“Neu Law”, “Heartbreaker”).

Eso sí, hay que tener en cuenta que detrás de “Vibes!” se encuentra el mismísimo Kanye West como productor ejecutivo. Un hecho que, inevitablemente, influye en parte del desarrollo del disco, que realiza paradas en el hip hop de la escuela ‘West’ era The College Dropout (Roc-A-Fella, 2004) / Late Registration (Roc-A-Fella, 2005) a través de “Can’t Stop” (con ‘Ye’ como maestro de ceremonias), “Do Girls” o la bailable “Tribe”, en la que deja su huella Jesse Boykins III -mago de la nueva black music-. Junto a este, la lista de colaboradores reclutados por London la completan Soko, cuyas delicadas cuerdas vocales se escuchan en “Smoke (Interlude)” para incidir en el cariz sensible del álbum; y, como no podía ser de otra forma, el ubicuo Dev Hynes (con The Force MD’s), casi obligado últimamente a aportar su grano de arena en cada trabajo que se adentra -aunque sea con calzador- en el neo-R&B y que aquí pasa el cerrojo con la emotiva “Figure It Out”.

Que aparezca en “Vibes!” la figura del alma mater de Blood Orange remarca la intención de Theophilus London de acceder a ese elegante territorio donde conviven sonidos que beben de fuentes del pasado pero que se muestran contemporáneos al tiempo que conservan intacta su alma negra y su estructura aterciopelada, al igual que sucedía en el reciente Otherness (Mom & Pop / Female Energy, 2014) de Kindness… ¿Casualidad? Quizá no, ya que el actual London podría tomarse como la versión norteamericana de Adam Bainbridge, epítome de lo molón. Es más, según la revista Paper, el propio Kanye West le dijo al trinitense que parase de ser cool todo el tiempo. Si a esto le sumamos que Karl Lagerfeld se ocupó de la carátula de “Vibes!” y que nuestro protagonista compite con Pharrel Williams en la liga de los sombreros de moda, se acentúa la tendencia a centrarse en estos detalles superficiales en detrimento de sus -por momentos, blandos- argumentos musicales, que superan por poco la condición de meros ejercicios de género. Mal asunto, por segunda vez, para el amigo Theo.

 

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